Por qué la inteligencia no es requisito imprescindible para hacerse millonario

Jaime Quirós- A menudo, se asocia la imagen del millonario con una persona con estudios, formada en universidades prestigiosas y con un alto cociente intelectual. Sin embargo, el concepto tradicional que tenemos de ‘inteligencia’ no es el único factor en juego a la hora de amasar grandes fortunas.

 Según el estudio Billionaires Report de UBS y PwC, publicado este año 2019, lo que marca la diferencia entre un millonario exitoso y uno que no, es “el hambre por el riesgo bien tomado, su concentración en el negocio y su determinación”. De hecho, las compañías han constatado que las empresas cuyo director posee dichos rasgos de personalidad funcionan dos veces mejor que las del resto del mercado, el conocido como ‘efecto millonario’. Los millonarios piensan y actúan con patrones diferentes al resto de la población, según el informe de UBS y PwC, reafirmando hechos ya anticipados por multitud de estudios y libros. De hecho, también se dice que son más individualistas, más independientes, a la par que extrovertidos: a pesar de que tienden a no dejarse influir por los demás, lo cierto es que suelen contar con una gran capacidad para relacionarse y hacer contactos, además de tener en alta estima el trabajo en equipo, como motor de sus compañías.

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El estudio también menciona que son ‘menos neuróticos y más inconformistas’, puesto que andan constantemente en busca de la evolución, para no quedarse atrás en la cambiante sociedad internacional. Podemos deducir, entonces, que los millonarios poseen una enorme capacidad de comprender el mundo que los rodea, lo que está estrechamente vinculado a la inteligencia emocional. Definida por la Real Academia Española como ‘capacidad de percibir y controlar los propios sentimientos y saber interpretar los de los demás’, la inteligencia emocional, en este caso, se puede traducir en una elevada facilidad para escoger las mejores opciones a la hora de solucionar un problema.

¿Un multimillonario nace o se hace?

Saber actuar estratégicamente, la capacidad de reacción ante imprevistos, o de innovación, son algunas de las virtudes que causan el ya mencionado ‘efecto millonario’. Mientras algunas personas poseen un nivel alto de inteligencia emocional de forma innata, otras que no tienen estos rasgos de personalidad, o no tan evolucionados. Sin embargo, eso no quiere decir que no se puedan ir desarrollando con el tiempo, sino todo lo contrario: es la práctica lo que realmente ayuda a adquirir nuevas habilidades.

No obstante, en la mayoría de las ocasiones, el ser solvente y contar con gran capacidad de innovación se tiene que complementar con una base teórica. Además de dichos rasgos diferenciadores, a la hora de emprender resulta igual de importante poseer ciertos conocimientos, tanto económicos y financieros, como políticos o legales.

Por otra parte, también hay que tener en cuenta de que el azar es un elemento esencial, y es que no todos los millonarios ‘se hacen a sí mismos’. Un tercio de los nombres que figuraban en la lista de Forbes de 2018 no eran ‘self-made’- término empleado por la revista para calificar a todos aquellos que han conseguido su fortuna por méritos propios- sino que habían heredado su fortuna de sus padres o abuelos. Por tanto, la suerte de haber nacido en un hogar con alto nivel adquisitivo es igual de determinante que los aspectos anteriores. No sólo por la posibilidad de heredar el negocio familiar, sino también por la mayor facilidad de acceder a una educación de alto nivel.

Por tanto, podemos decir que la ‘fórmula del millonario’, normalmente, cuenta con tres componentes esenciales: estudios y trabajo duro, inteligencia emocional, y suerte. No obstante, estos elementos pueden variar, y darse en mayor o menor medida, dependiendo del caso. Hay que tener en cuenta también que éxito y patrimonio no van siempre de la mano, y es que, aunque a algunos les cueste creerlo, se puede ser exitoso en la vida sin tener una fortuna.

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