El rey Carlos III y sus manías

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Photo credit: Gtres
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El rey Carlos III parece ser una persona algo especial y son muchos los titulares que recogen ciertas actitudes del nuevo monarca. Desde el fallecimiento de su madre, la reina de Isabel II, el heredero al trono ha recibido muchos comentarios por alguna situación incómoda que ha tenido que vivir como nuevo rey. En su viaje a Belfast, Carlos III manejó algo nervioso una situación que tenía por medio una firma y una pluma. La CBS recogía el momento en dónde el marido de Camila, reina consorte, se confundía con la fecha, pensaba que era 12 y no 13, y tenía que rectificar para continuar manchándose la mano con la tinta de la pluma: "¡No puedo soportar esta maldita cosa! Es un momento apestoso", decía bastante enfadado.

Tras ciertos momentos tensos en sus pocos días de reinado, sus manías más profundas salían a relucir. Muchos ciudadanos lo comparan con los gestos que hacía su madre, o mismamente cómo se comporta el príncipe Guillermo. Las comparaciones son odiosas y podríamos hablar de que el nuevo rey es un hombre de costumbres que posee una personalidad especial.

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Según voces de palacio se rumorea que el rey exigiría que el agua de la ducha esté a una temperatura determinada, el tapón de la bañera dispuesto de un modo concreto y la toalla colocada del mismo modo para que él pueda secarse de manera cómoda. El baño debería estar lleno a 18 centímetros y a 20 grados, y de este trabajo se encargaría a la perfección una doncella cada mañana. Siguiendo con la higiene, el monarca podría exigir a su mayordomo que la pasta de dientes en su cepillo este ya colocada a 2,5 cm.

A la hora de dormir, el monarca también tendría su rutina y es que no podría meterse en la cama sin que su pijama esté planchado y necesitaría dormir con las ventanas completamente abiertas incluso en invierno.

Photo credit: Yui Mok
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El rey Carlos III también tendría ciertas costumbres a la hora de almorzar. Siempre en su desayuno, en el menú tiene que haber huevos cocidos que previamente han necesitado una cocción de 7 minutos más dos ciruelas, aunque solo se comería una. "La instrucción era colocar dos ciruelas y un poco de jugo en el tazón y enviárselo para el desayuno. Le mandaba dos ciruelas y él dejaba una para que volviera a mis manos y yo la regresara al frasco. Una mañana pensé en ponerle solo una. La envié al comedor, me mandó a llamar y me preguntó: '¿Tienes dos, por favor?'. Así que tuve que seguir enviándole dos cada mañana y me devolvía una", explicaría el chef de la Casa Real Británica.