‘Revancha ya’ de Netflix esconde una pifia imperdonable en su derroche feminista

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ATENCIÓN: este artículo contiene spoilers de Revancha ya.

Netflix tiene un nuevo éxito fugaz. Esos títulos que cada semana se apoderan del ranking de lo más popular de la plataforma para (más pronto que tarde) pasar al olvido en unos días. Se trata de Revancha ya, una comedia adolescente que evoca el espíritu de Crueles intenciones, Gossip Girl y Chicas malas para crear un escenario colorido y feminista donde la venganza se sirve en un plato más caliente que frío.

Sin embargo, entre el estilismo ideal y la crítica al patriarcado tóxico que pretende lanzar, la película la pifia con un agujero profundo que destroza su corazón feminista.

Maya Hawke como Eleanor y Camila Mendes como Drea en 'Revancha ya'. Cr. Kim Simms/Netflix © 2022.
Maya Hawke como Eleanor y Camila Mendes como Drea en 'Revancha ya'. Cr. Kim Simms/Netflix © 2022.

Para empezar, comprendo el éxito repentino de Revancha ya. La película -que a la hora de escribir este artículo es la cinta más popular en España, Inglaterra y otros países- ofrece el entretenimiento ligero habitual del género adolescente, con personajes caricaturizados y una trama adulta disfrazada de inmadurez juvenil. A primera vista es el ejemplo de teen movie apetecible para pasar el rato. Incluso diría que acierta en la crítica social que lanza sobre la presión que viven los adolescentes bajo el paraguas de las redes sociales, la sexualización de la imagen, la popularidad, el bullying y las etiquetas. Porque en medio de una trama sobre dos jóvenes vengándose de aquellos que les hicieron daño, encontramos un mensaje edulcorado pero directo sobre los efectos del patriarcado en la adolescencia y el bullying. Pero una pifia dentro de la propia historia lo termina arruinando.

Camila Mendes (más conocida por interpretar a Verónica en Riverdale) da vida a Drea, una chica de bajos recursos económicos que ha pasado toda su vida aparentando para alcanzar la cima del estatus social como la más popular de su instituto privado. Pero todo se desmorona cuando se filtra un vídeo de índole sexual que había enviado a su novio Max (Austin Abrams) a todos sus compañeros. En ese momento Eleanor (Maya Hawke, Robin en Stranger Things) aparece en su vida. Una chica lesbiana que convive con el trauma provocado por la exposición de su condición sexual de manera vil y malvada cuando era una niña por otra compañera. Y juntas ponen en marcha un plan de venganza doble que utiliza el movimiento woke como tronco para todas sus ramas narrativas.

De esta manera, su directora y coguionista, Jennifer Kaytin Robinson, juega con una crítica contra la supervivencia del patriarcado disfrazado de modernidad, contra la presión de las redes sociales y las consecuencias del bullying pero con arcos dramáticos inusuales. Porque en esta historia ni Drea ni Eleanor son las víctimas perfectas. Ellas también han infligido dolor y trauma, exponiendo un proceso de autorreflexión que debería elevar la película como una de las mejores teen movies de los últimos meses. Pero termina quedándose corta.

Paris Berelc como Meghan, Jonathan Daviss como Elliot, Austin Abrams es Max, Alisha Boe es Tara, y Maia Reficco es Montana en 'Revancha ya'. Cr. Courtesy of Netflix © 2022.
Paris Berelc como Meghan, Jonathan Daviss como Elliot, Austin Abrams es Max, Alisha Boe es Tara, y Maia Reficco es Montana en 'Revancha ya'. Cr. Courtesy of Netflix © 2022.

En esta historia, Drea quiere destruir a su exnovio, convencida de que fue él quien filtró el vídeo. Eleanor, por su parte, quiere hacer lo suyo contra la chica que traumatizó su vida. En el caso de la primera, uno de los primeros intentos vengativos resulta en filtrar a todo el colegio los mensajes privados (donde hay fotos también) de todas las infidelidades de Max. Porque resulta que el chico tiene novia pero se la pasa flirteando y manteniendo relaciones secundarias con decenas de chicas más cuando su popularidad se basa, justamente, en ser un abanderado feminista. La película utiliza esta venganza para lanzar una crítica contra la sobreexplotación del movimiento woke, al mostrar cómo Max termina usando la filtración para cambiar el mensaje a su favor, transformando su perfil infiel en la de un joven en una relación abierta, moderna y sin etiquetas.

A partir de ese momento la historia continúa con más venganza, revelaciones y el desarrollo de la amistad entre las dos protagonistas. Y si bien llega el momento de la redención, el reconocimiento de la culpa y el perdón entre ellas dos, en ningún momento estas protagonistas representantes de la venganza feminista se plantean, reconocen o enfrentan las consecuencias de la filtración que hicieron. Porque sí, intentan arruinar a Max con la filtración de su privacidad pero ¿qué pasa con todas las chicas que resultan en daño colateral? ¿Y el trauma que pueden vivir ellas en consecuencia por ver cómo sus mensajes privados y fotos quedan expuestas?

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En una sola ocasión un personaje pone esta reflexión en bandeja a Drea quien, en ningún momento, analiza abiertamente o reconoce su culpa. Al contrario, la película termina con el típico ‘comieron perdices’: el patriarcado escolar queda hundido gracias a Drea y Eleanor, la protagonista se sale con la suya y aprende que es mejor vivir alejada de las apariencias para ser más libre en el presente y futuro. Pero sin reflexionar sobre las consecuencias que esa exposición personal sobre decenas de chicas es justamente lo mismo por lo que ellas buscaban venganza. Que ellas, al final, fueron igual de dañinas con otras mujeres que sus propios verdugos.

Y esto es algo que la narración nunca reflexiona, lo pasa por encima y de refilón como si no quisiera arruinar el pedestal en donde está ubicando a sus estrellas. Y para tratarse de una película que alza la bandera del feminismo y vende una critica social punzante, esta pifia no cuela.

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