Elecciones 10N | Grecia, el ejemplo de qué hacer con el auge de la ultraderecha

En una época en la que la extrema derecha arrasa en el continente europeo y tiene presencia en la mayoría de países, España ha dejado de ser una excepción y un dique ante su auge. Ya en las elecciones del 28 de abril Vox fue capaz de entrar en el Parlamento y en este 10 de noviembre ha logrado una representación potente, similar a la que tienen otras naciones del entorno como Austria, Países Bajos o Alemania.

En Francia, Italia, Polonia o Hungría o ya gobierna o se encuentra en posición de al menos ser la principal alternativa en cada elección. Un resurgir de la extrema derecha que ha encontrado resistencia en Grecia, que puede presumir de haber combatido las ideas ultras de Amanecer Dorado y haberlas derrotado.

Vox celebra sus resultados (EFE/Javier Lizón).

Las consecuencias de la dura crisis económica y el empobrecimiento de las clases populares fueron algunas de las causas que hicieron que entre 2012 y 2014 esta formación, más una organización paramilitar nazi que un partido, obtuviera presencia en el Parlamento heleno.

Llegó a convertirse en tercera fuerza política, obteniendo sus mejores resultados en las Elecciones Europeas de 2014, con cerca del 10% de los votos.

Solo cinco años después es un partido prácticamente desaparecido. Obligado a cerrar sus principales sedes por no poder pagar el alquiler. Reducido a la indiferencia política y social y ausente de las instituciones.

El camino no ha sido sencillo, pero sí muy eficaz y constituye un ejemplo perfecto de qué hacer para evitar que todas estas ideas extremistas proliferen y triunfen. Algo que en Europa se podría imitar. El secreto griego es un movimiento antifascista perfectamente organizado que no ha dado tregua y ha combatido las ideas fascistas.

En ciudades como Atenas o Salónica, las autoridades han negado el permiso a la formación para celebrar sus eventos electorales en espacios públicos. Un altavoz desaparecido que ha tenido también reflejo en los medios de comunicación. Si antes cada acción de Amanecer Dorado aparecía en radios, televisiones y periódicos, ahora la formación sufre un silencio que le ha quitado visibilidad.

El líder del partido neonazi griego Amanecer Dorado, Nikos Michaloliakos, en un mitin electoral en Atenas el 16 de septiembre de 2015 (AFP).

El factor de la violencia

También han sufrido la persecución policial. Y es que si en algo se han diferenciado los ultras griegos de los del resto de Europa es que han llevado su discurso extremo hasta el siguiente nivel: la violencia. En 2013 se produjo el asesinato de un rapero antifascista Pavlos Fissas, un apuñalamiento cuya orden vino de las altas esferas del partido y que ha hecho que miembros destacados de Amanecer Dorado hayan terminado entre rejas.

El acoso judicial, con multitud de personas dedicando mucho tiempo y esfuerzo para llevar a los miembros del partido ante los jueces por este y otros casos, también ha ejercido una importante labor de desgaste. Unas acciones que han ido acompañadas de la presencia siempre de grupos antifascistas que han plantado cara a sus ideas y que no han dudado en estar presentes en cada concentración, cada mitin y cada reunión.

La unión de todas estas variables ha hecho que el partido fuera desapareciendo paulatinamente de las instituciones, reduciéndose así la financiación y ahogándole económicamente. Además, la aparición de una alternativa llamada Solución Griega le ha relegado completamente.

Pese a que esta nueva formación también es de ultraderecha, lo cierto es que ya no hace referencia a la nostalgia del nazismo, por lo que supone un gran avance frente a un Amanecer Dorado que siempre puede volver a resurgir, pero al que de momento los griegos le han dicho que no.

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