El remake de Blancanieves pone a Disney en una encrucijada

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Disney vuelve a recurrir a su baúl de los recuerdos para seguir exprimiendo sus clásicos en forma de remakes en acción real. Y tras los éxitos multimillonarios de El libro de la selva, El rey león, Cenicienta, Maléfica, Aladdín y La Bella y la Bestia ­-y mientras preparan La Sirenita- ahora recurren al más longevo de todos pero el que peor ha envejecido: Blancanieves.

La casa del ratón Mickey acaba de anunciar el fichaje de Rachel Zegler como la princesa que muerde la manzana, una actriz en alza en estos momentos al ser la protagonista del remake de West Side Story que Steven Spielberg estrenará el 10 de diciembre. Sin embargo, de todos los remakes en acción real de Disney, éste es probablemente el más complicado de todos. Y no solo por su historia vaga y de poca profundidad, sino porque la base principal de la trama parte de un role model machista y anticuada con un beso no consensuado.

Es decir, para hacer un reboot que convenza al público 84 años después, tienen que cambiarla por completo.

Cartel de 'Blancanieves y los 7 enanitos' (Disney)
Cartel de 'Blancanieves y los 7 enanitos' (Disney)

Que Disney siga explotando sus clásicos animados no sorprende a nadie. Los remakes en acción real estrenados en los últimos años han reportado ganancias descomunales al estudio, que en la mayoría de los casos han superado los mil millones de dólares en taquilla más todo el merchandising relacionado. Son su verdadera gallina de los huevos de oro, sin necesidad de repartir con otros, como le pasa con Pixar, Marvel o Lucasfilm.

Pero no sé hasta qué punto optar por un relanzamiento de Blancanieves sea una buena idea. A priori, no me lo parece tanto. Para empezar porque estamos ante un clásico que ha desarrollado una legión de detractores, sobre todo desde el nacimiento del movimiento #MeToo, ante la idea heroica de que el Príncipe Encantador salva del sueño eterno a una princesa con un beso no consensuado. Un beso que no hubiera hecho falta si la princesita no hubiera sido tan ingenua.

Si bien soy consciente del avance tecnológico que supuso la película a finales de los años 30 y el peso que alberga como leyenda dentro de la industria animada, reconozco que nunca fui fan de Blancanieves. Ni siquiera de pequeña. Tampoco conozco a nadie que alguna vez me haya dicho que fuera su princesa Disney favorita. La verdad es que desde niña me costaba conectar con ella, por entonces no sabía por qué (a mí me iban más las aventuras intrépidas), pero con el tiempo me fui dando cuenta: siempre me pareció muy boba.

Y es que Blancanieves es una mujer extremadamente amable, siendo el único mensaje positivo de la historia, pero que limpia con una sonrisa constante para siete hombres con dos manos cada uno para limpiar y cocinarse solitos; que ni se inmuta ante la realidad de haber huido de su hogar porque la reina pretende asesinarla arrancándole el corazón; y que para colmo de males se come la manzana de una vieja extraña sin sospechar un ápice. Y qué decir de la reina bruja… convertida en asesina solo porque no es la más bella de todas las mujeres del reino. Qué estupidez más grande.

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Al darse a conocer el fichaje de Rachel Zegler y con la intención de escribir este artículo con la mente fresca de información, intenté ver Blancanieves de nuevo en Disney+. Hacía décadas que no la veía y me pareció tan vacía, con una protagonista capaz de ponerme de los nervios, que tuve que saltar escenas de puro aburrimiento, recortando su visionado a menos de media hora. Esta experiencia me hizo expandir aun más mi sorpresa ante la noticia. ¿Cómo hará Disney un remake de acción real cuando es tan anticuada y su role model está lejos de serlo?

Y es que esta princesa de amabilidad extrema, que camina con las manos siempre en alto como si estuviera hecha de porcelana y a punto de romperse, se ha quedado en el tiempo. Para llegar al público necesitaría de un cambio radical y completo, así como la película en toda su totalidad, con diálogos interesantes, un desarrollo del personaje más moderno y un retoque rotundo de su desenlace.

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Aquel beso final ha sido tan criticado en los últimos años que me sorprende muchísimo que Disney haya optado por darle luz verde a este reboot. Para empezar, Kristen Bell (que presta su voz a la princesa Anna de Frozen) provocó una ola de opiniones en 2018 cuando dijo a la revista Parents que cada vez que lee el cuento de Blancanieves a sus dos hijas, les hace cuestionarse lo “raro” que es que un príncipe bese a una mujer sin su permiso, y en dejarles claro que la princesa se equivoca en aceptar una manzana de un extraño. Más tarde, el sociólogo Kazue Muta de la Universidad de Osaka en Japón fue noticia después de tuitear que la película, junto a La Bella Durmiente, promueven la violencia sexual a raíz de ese beso sobre una persona inconsciente. Y a principios de aquel año incluso Amnistía Internacional de Canadá hizo una campaña titulada “Sin consentimiento: no hay cuento de hadas” con la Ilustración del príncipe besando a la que parece ser la Bella Durmiente o una Blancanieves rubia dormida mientras le tocaba las piernas, incluyendo una conversación con una lechuza que le da una lección del asalto que está cometiendo. 

Blancanieves volvió a las pantallas en los últimos años de la mano de otros estudios, como fue el caso del intento de convertirla en guerrera con Kristen Stewart en Blancanieves y la leyenda del cazador (2012), la muy pasajera Blancanieves (Mirror, mirror) (2012) con Lily Collins y Julia Roberts, o su paso por la serie Érase una vez. Pero ninguna tuvo las miras puestas en su adaptación tanto como lo hará el hecho que Disney haga un reboot de su primer gran clásico.

Es decir, que Disney traiga a Blancanieves de nuevo a las pantallas supone la necesidad imperiosa de darle un giro completo. Tan completo que ya no será la misma película. Y si bien es cierto que aportarán dosis de diversidad dado que la actriz seleccionado tiene ascendencia colombiana, en esta producción para la década de 2020 el personaje ni puede ser tan ingenua, ni tan amable con los enanos vagos (que ni limpian ni se cocinan, dejando hasta zapatos y medias usadas en las ollas), ni la reina puede ser una asesina solo porque no es la más bella, y mucho menos puede terminar con un beso con ella inconsciente. Afortunadamente el público ha cambiado y para enviar el mensaje correcto a los niños de hoy en día, Disney tendrá que hacer su trabajo cambiando a Blancanieves en una role model de verdad.

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