Cuando la religión y la política crean un thriller infalible en Netflix

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Dicen que en la mesa nunca debería hablarse de política y religión (para evitar debates en plena digestión), pero tras ver el último thriller de Netflix deberíamos añadir que tampoco deberían mezclarse en una carrera presidencial. La plataforma streaming estrenó hace unos días El Reino Vacío, una serie argentina de lo más adictiva que salta entre géneros con una maestría impecable, pasando la pelota entre personajes mientras un misterio sobrevuela la historia constantemente. 

A lo largo de ocho episodios, la serie juega entre la investigación de un asesinato, el fanatismo religioso, el poder de mover a las masas recurriendo a la fe y la corrupción que mueve los hilos en las esferas más altas de la política, recurriendo a un hilo conductor principal: un candidato presidencial líder de una iglesia evangelista.

El Reino (Cr. NETFLIX © 2021)
El Reino (Cr. NETFLIX © 2021)

El Reino Vacío es una serie con tantos personajes con peso protagonista que puede resultar fácil perderse entre la marea de ideas que circulan por su trama argumental, sin embargo, una vez que nos dejamos llevar podemos encontrar una de las series más recomendables del momento.

La idea de mezclar política y religión como origen de un thriller me resulta fascinante. Y es esta ocasión, porque absorbe el fanatismo religioso y exagera la parafernalia evangelista para crear un líder político cuestionable, que ensalza su propia figura como elegido por Jesucristo para apoyar su candidatura presidencial.

El Reino Vacío cuenta con Diego Peretti entregado por completo al papel de Emilio Vázquez Pena, un pastor que acepta ser el candidato a vicepresidente en la campaña política de un partido argentino. La serie arranca con el fin de la campaña electoral en un evento de parafernalia política transformado en espectáculo para las masas, y enseguida percibimos las diferencias entre ambos candidatos, la falta de sincronía y la presencia obligada del tándem como parte de la campaña pero sin compartir ninguna ideología. Para el candidato a presidente, contar con este compañero de campaña le supone votos de la comunidad evangelista; para el pastor es un camino para llevar su religión a las altas esferas sin tener que cargar con la labor y presión política de un presidente. Pero cuando suben al escenario, en medio del jolgorio del momento al son de una canción popular argentina del fallecido Sergio Denis (Te quiero tanto), el pastor coloca su bandera religiosa encima de los hombros de su compañero y un asesino que acecha entre la multitud confunde candidato y asesina a la víctima equivocada.

Chino Darín como Julio en El Reino (Cr. Marcos Ludevid/NETFLIX © 2021)
Chino Darín como Julio en El Reino (Cr. Marcos Ludevid/NETFLIX © 2021)

Así las cosas, con el candidato presidencial muerto, Emilio tiene por delante la opción de postularse a presidente, llevando la religión evangelista a lo más alto pero poniendo en riesgo la corrupción y trapos sucios que esconde su poder y entorno. La llegada de una fiscal con la conciencia tranquila, dispuesta a hacer bien su trabajo a pesar de las presiones políticas que la rodean (Nancy Dupláa); la presencia de una pastora (esposa de Emilio con una maravillosa Mercedes Morán) recelosa de su templo; una familia con aires de corrupción y personajes turbios que rodean la trama (como una mano derecha con un pasado oscuro interpretada por Chino Darín), componen un puzle difícil de descifrar hasta que nos acercamos a su final. Y porque la historia va revelando más corrupción, manipulación y añade una subtrama inesperada de tinte religioso milagroso, es que estamos ante una serie que engancha, que enreda y nos deja con ganas de más tras cada episodio. Porque las preguntas sobrevuelan constantemente: ¿qué esconde Emilio como para que alguien quiera asesinarlo? ¿Quién miente? ¿Quién cubre a quién?

El Reino (NETFLIX © 2021)
El Reino (NETFLIX © 2021)

Ver cómo se recurre a la oratoria evangelista, la fe de una comunidad y el discurso salvador para ensalzar una figura política me resulta fascinante. Así como Steve Martin creó el show evangelista más cinematográfico en El Charlatán (1992), aquí la serie de Netflix aprovecha la fe como herramienta para crear un monstruo mediático convencido de su propia llamada de Dios para ensalzar sus propósitos. Y es que tras el asesinato de su compañero, Emilio comienza a ver cómo todo lo ocurrido es un mensaje de Jesucristo, abriéndole el camino para llegar al poder como mensajero de Dios inmortal que esquiva la muerte para cumplir una misión. Pero en lugar de encaminar su trayectoria desde la fe más limpia, comenzamos a ver piedras corruptas y manipulaciones desde todos los ángulos para llegar a algo que promueve guerras y mueve montañas: poder

Merece la pena destacar que la serie argentina se estrena justo cuando el país se encuentra en año electoral, sirviendo de espejo para el público internacional del show político que se suele vivir allí en época de campaña. Habiendo nacido en Argentina, aunque resido en Europa desde la mayoría de edad, puedo reconocer estos elementos que sirven de análisis pero que probablemente el resto del mundo no digiera de la misma manera. Lo he notado en críticas y comentarios de público de habla inglesa, con artículos que tachan la serie de “no tener sentido de lo que se juega haciendo difícil conectar con los personajes” (Decider) o comentarios en webs como iMDB donde se la llega a señalar de “patética”, tachándola de propaganda o de una “pérdida de tiempo”. Sin embargo, es cuando se tiene en cuenta el método de show popular que pervive en las campañas de partidos socialistas en Latinoamérica, que esta serie se puede absorber como el thriller que es, sin tomarse estos ingredientes demasiado en serio. Como una secuencia cuando el pastor realiza un supuesto exorcismo amañado para apoyar un cambio de retórica en su entorno para la campaña. Es una escena que resulta ridícula cuando la trasladamos al plano real pero que coloca una lupa ficticia sobre la maquinaria política y sus límites a la hora de propaganda electoral.

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El Reino Vacío es una serie adictiva, con suficientes ramas como para caerse por alguna tangente pero que logra mantener su ritmo con una trama que crece y se enreda para mantenernos atentos hasta el final. Creada por el director de éxitos como El método o Caballos Salvajes, Marcelo Piñeyro, junto a la novelista Claudia Piñeiro, estamos ante una serie que usa la ficción para hacer una parodia de la exageración que a veces reside en el espectáculo político, retratando las intenciones turbias que acechan al poder, pero aprovechando la habilidad de mover a las masas de los templos evangelistas como vehículo para crear un thriller diferente y adictivo.

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