¿Es realmente posible hacer moda de una manera diferente?

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Photo credit: Claudio Lavenia
Photo credit: Claudio Lavenia

El 11 de septiembre de 2012, un incendio en una fábrica textil en Karachi, Pakistán, acabó con la vida de 260 trabajadores. Después supimos que no había extintores ni salidas de emergencia, las puertas estaban cerradas, las ventanas tenían barrotes y la mayoría de obreros fallecieron por inhalación de humo. Saeeda perdió a su hijo en esta terrible tragedia (o crimen humanitario, como prefieren llamarlo los familiares de las víctimas), y decidió cambiar el rumbo de una industria manchada de sangre desde sus cimientos. El abogado y realizador Christopher Patz y el documentalista y poeta pakistaní Ammar Aziz siguen y plasman sus pasos en el documental 'Discount Workers' para lograr, como hizo, marcar un antes y después en la industria del fast fashion y las leyes de Pakistán.

Este documental fue emitido en la sexta edición de Mortiz Feed Dog, que reunió tras la emisión a Paola Cirelli, especialista en branding, creación de marcas sostenibles y creadora del estudio Fashion Design Thinking, Leonor García, responsable del área de impacto de comercio Justo de Oxfam Intermon y Kavita Parmar, diseñadora y activista creadora de IOU Project y Xtant, enfocados en creatividad, sostenibilidad y artesanía en la moda en el SXXI. Ellas participaron en la charla “Otra manera de hacer moda es posible”, una conversación y reflexión en la que reclamar la reconciliación entre ética y estética y analizar cómo podemos cambiar las cosas… Si es que es posible, claro.

El Prof. Olivier De Schutter, ex Relator Especial sobre el derecho a la alimentación de las Naciones Unidas, Miembro del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, explica en el informe de Comercio Justo "Modelos empresariales que ponen a las personas y al planeta en primer lugar" que las Empresas de Comercio Justo no son sólo un nicho. “Son un ejemplo de lo que todas las empresas deberían llegar a ser. En un mundo de escasos recursos y crecientes desigualdades, el mundo empresarial debe reinventarse a sí mismo". El 85 % de las empresas de comercio justo declaran haber sacrificado voluntariamente sus objetivos financieros para perseguir objetivos sociales o medioambientales. Liberarse de la necesidad de entregar mayores utilidades a los accionistas es un factor facilitador importante, y estas empresas están demostrando que un modelo alternativo empresarial es económicamente viable y ecológicamente sostenible.

Photo credit: Cortesía de Moritz Feed Dog
Photo credit: Cortesía de Moritz Feed Dog

Tras ver el documental, lo que resulta realmente doloroso es que semejante tragedia/crimen humanitario, no fue el primero, ni el último, de esta índole. “Lo problemático es que pese a la existencia de documentales y a la repercusión de catástrofes como la de Plaza Rana en Bangladesh, la gente sigue desesperada por comprar en rebajas o vestir con prendas, ignorando la trastienda tan cruel de la moda. Hemos de conocer la problemática desde niños para conocer estos crímenes de humanidad. La sociedad ha de tomar conciencia de que vestir prendas baratas tiene consecuencias para otras personas”, dice Paola Cirelli en la charla.

Kavita Parmar, que asegura que ya no le interesan ni la moda ni el sistema actual, insiste en que estamos intentando arreglar algo que está totalmente roto. “Hemos de tener la honestidad y la valentía de crear otra opción. Seguimos hablando de cómo arreglar el mundo de la moda y cómo crear nuevas reglas del juego para las antiguas industrias, pero hay que levantar las manos y andar en otra dirección. No tiene sentido ni ir a Naciones Unidas ni reclamar a las empresas que hagan nuevas leyes, porque están construidas siguiendo un sistema en el que nos da igual la calidad de las prendas y la calidad de la vida de quienes trabajan en ellas. Este sistema es tan perverso que quienes malviven son los que compran estas prendas. ¡Construyamos otra alternativa!”, dice Kavita, que tras fundar en 2001 la marca Raasta, gestó IOU, la primera firma que puso en marcha un sistema de trazabilidad a partir de códigos QR en las etiquetas.

“La idea era usar la tecnología para dar viabilidad, y se la ofrecí a muchas marcas, especialmente a las de lujo. Lo que no sabía es que vivimos en un mundo feudal en el que nadie quería decir quiénes son sus fábricas o fabricantes”. Ahora está montando Xtant Mallorca, un festival de gente que quiere construir un futuro diferente. “Vamos a hacer un mercado a lo antiguo al que vamos a llevar a los mejores maestros tinteros y artesanos de todo el mundo mundo. Espero que entre nosotros podamos buscar soluciones. El futuro va con consumir menos y local. Es absurdo insistir en esta globalización kafkiana. No hay tiempo: hay que ser honestos. ¿De verdad queremos que nos den una etiqueta para entender la ética? La revolución empieza aquí”, dice.

Los instrumentos del cambio

Hemos de preguntarnos de qué herramientas disponemos para saber que nuestra ropa no está manchada de sangre en una industria eminentemente opaca. “Nuestra herramienta es la educación. Informarse a veces es difícil, porque medios de comunicación y política están asegurando que eso no suceda y que la opacidad prime. Hay que saber qué estamos consumiendo, del mismo modo que al comprar comida, ahora leemos las etiquetas. Es vital comprender la necesidad de saber qué hay detrás y exigir a las marcas que la cadena sea transparente. No es solo quien la confecciona, sino qué sucede después con esa basura que se genera”, dice Paola Cirelli. Leonor García señala que las decisiones individuales son las que van cambiando la sociedad. “En nuestra marca de ropa ética podemos decir de proviene el algodón y con qué corporativa y con qué personas tratamos. La confección se hace aquí y sabemos completamente la forma en la que se trabaja y cómo se aplican las normas. No hay una red de proveedores oscuros, sino que es una cadena corta y transparente.

Para finalizar, Kavita Parmar asegura que tenemos que exigirnos a nosotros mismos el cambio y dejar de esperar a que venga alguien para solucionar el problema. “El tema es simple: lo que hay que hacer es no participar en el sistema de esclavitud, y el sistema de moda actual lo es. Tenemos que dejar de comprar, aprender a coser o buscar a quien lo haga por nosotros. No podemos seguir yendo a una tienda a comprar un producto que no sabemos de dónde viene. El problema es el sistema: no podemos consumir de esta forma. Es nuestra responsabilidad, de nadie más. La compañía somos nosotros”.

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