El Real Madrid quería rescatar el fútbol femenino y en su lugar puede acabar con él

Jugadoras del Tacón (derecha) y el Barcelona durante un partido de la liga femenina. Foto: Quality Sport Images/Getty Images.

Fue una gran noticia, por llamativa y sobre todo por sorprendente, la irrupción del Real Madrid en el fútbol femenino español el pasado verano mediante la compra de la licencia del Club Deportivo Tacón, recién ascendido en ese momento a la máxima categoría. Muchos nos creímos que, pese a todas las reticencias, podía ser positivo para impulsar el balompié de mujeres; quizás no tanto como para llevarlo a la “otra dimensión” que decía el Marca, pero sí para ayudarle a crecer. La cosa no empezó bien, y no solo porque el rendimiento deportivo de las blancas era más discreto de lo esperable, sino por algún que otro lío extradeportivo un tanto turbio.

Quizás esos indicios nos tenían que haber hecho sospechar de la que se avecinaba. Cada vez más voces desde dentro sostienen que la presencia de la entidad de Chamartín va a traer más problemas que soluciones para el porvenir del fútbol femenino como conjunto. Y la situación no surge, ni mucho menos, del césped, donde las jugadoras del Tacón van décimas de dieciséis equipos, una posición dignísima para unas recién ascendidas a la Liga Iberdrola (nombre comercial que recibe la Primera División nacional).

Como casi siempre, el conflicto está en los despachos. Y, a modo de herencia envenenada de sus compañeros hombres, deriva de la negociación de los contratos de televisión, una operación muy importante que podría no solo dar al fútbol femenino una exposición mediática imprescindible para su viabilidad, sino además inyectar una cantidad económica significativa. A grandes rasgos, el Real Madrid, apoyado por la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), tiene intención de reventar el acuerdo en su propio beneficio usando su canal de televisión particular, lo que significaría que el Barça haría lo mismo y que se generarían pérdidas notables para todos los demás.

El asunto es bastante confuso y hay muchos actores implicados; intentaremos poner un poco de orden para poder, si no comprenderlo completamente, al menos organizarnos lo máximo posible las ideas. Por un lado está la Asociación de Clubes de Fútbol Femenino (ACFF), cuyo nombre no da lugar a muchas dudas sobre su actividad: viene siendo la patronal del sector y a ella pertenecen la mayoría de equipos importantes españoles... con excepciones como, precisamente, el Real Madrid y el Barcelona.

La ACFF es la entidad que está negociando con los sindicatos el primer convenio colectivo de la historia del fútbol femenino español. El mismo por cuya ausencia las jugadoras fueron a la huelga a finales del año pasado y que lleva tiempo negociándose, hay un preacuerdo... pero no se ha firmado aún. Este documento incluye prestaciones para las futbolistas como aumento del salario mínimo o prestaciones por lesiones, pero el gran escollo es obtener el dinero necesario para financiar todo esto.

La intención era, y es, aprovechar la fuente de ingresos más poderosa: la venta de los derechos de televisión. No en vano, gracias en parte a los éxitos recientes de la selección nacional y de los clubes españoles en las competiciones continentales, el fútbol femenino está ganando en interés del público. De ahí que la ACFF firmara un acuerdo con Mediapro, operadora del canal Gol, por valor de tres millones de euros por temporada que se repartirían entre los distintos equipos.

Aquí empiezan los problemas: el Tacón-Real Madrid y el Barcelona (y el Athletic de Bilbao) se salieron de esas negociaciones con intención de vender sus propios derechos por su cuenta. Para ello se acogieron a un invento de la RFEF llamado Programa Élite, que les aseguraba de forma individual 500.000 euros anuales por sus correspondientes derechos. En vista de que no iba a poder emitir todos los partidos que quisiera, Mediapro redujo su oferta a la mitad a cambio de elegir dos encuentros en exclusiva y dejar el resto en manos de la RFEF para venderlos como considerara oportuno.

Todo el mundo estaba más o menos de acuerdo hasta que de repente la Casa Blanca se descolgó. Florentino Pérez pretende que el canal de televisión del club, Real Madrid TV (que se emite en abierto en TDT en toda España), transmita todos los partidos del Tacón. No solo los que juegue como local, sino también los que actúe como visitante. Algo con lo que, por supuesto, los demás agentes implicados no están de acuerdo y ha frenado radicalmente la negociación.

¿Qué dice la RFEF? Las fuentes consultadas por el portal especializado en economía deportiva Palco23 indican que Luis Rubiales, su presidente, está dispuesto a hacer esta concesión con las merengues y, si acaso, con el Barça, que también dispone de su propio canal (aunque solo se ve en abierto en Cataluña; en el resto de España está disponible para quienes estén suscritos a la plataforma Movistar+). En este sentido, el Programa Élite incluye una cláusula que establece que los clubes que emitan los partidos en sus propias plataformas cobrarán un 20% menos (es decir, 400.000 euros en vez del medio millón previsto). Esa pérdida para otros sería un mundo, pero para Florentino y compañía es un desembolso perfectamente asumible si le sirve para quedarse la exclusividad de las transmisiones.

Si hace esto el Real Madrid, no es de extrañar que también se sume a la idea el Barcelona, que es el único que podría hacerlo. Aunque, de momento, dice que se conforma con quedarse con los partidos que sus chicas jueguen como locales, amparándose en el “derecho de arena”, una especie de ley no escrita pero que ya se aplicó hace una década en la “guerra del fútbol” que sacudió a la Primera División masculina; implica que el titular de la instalación deportiva donde se celebra un acontecimiento es el que tiene derecho a su explotación comercial (lo que complica aún más las cosas para equipos que no son propietarios de sus estadios, sino que son, por ejemplo, recintos del Ayuntamiento correspondiente). Lo que sí está escrito, lo ha dicho la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia varias veces desde 2015, es que los equipos visitantes deben autorizar las retransmisiones. Lo que abre la puerta a que, si los clubes locales cuando el Tacón juegue de visitante no permiten la presencia de Real Madrid TV, estos se nieguen a que se les retransmita por otra parte y no haya televisión para nadie.

La consecuencias son varias. Los problemas de interpretación de las normas han hecho, por ejemplo, que el último enfrentamiento entre el Atlético de Madrid y el Barça (actualmente las dos más fuertes del campeonato) disputado en la capital de España no se pudiera ver en ningún sitio. Por otro lado, en vista de que hay fórmulas que permiten que los partidos se emitan en otros sitios además de en Gol, el producto por el que Mediapro está pagando un millón y medio (y por el que al principio ofrecía tres millones) queda muy devaluado. De cara a la promoción actual y a negociaciones futuras, no parece ni mucho menos la mejor opción.

No hay que olvidar, aunque se trate de asuntos distintos, que Mediapro es la compañía de Jaume Roures, firme aliado de Javier Tebas, el presidente de la Liga de Fútbol Profesional masculina. Y que Tebas y Rubiales mantienen una relación de manifiesta hostilidad que ninguno se esfuerza lo más mínimo en disimular. Cualquier frente es bueno para continuar sus disputas particulares, independientemente de quién caiga en medio del fuego cruzado.

Porque, dadas las circunstancias, el principal perjudicado por el atasco es el fútbol femenino en su conjunto. La postura del Real Madrid es legítima, no cabe duda de que defiende sus propios intereses económicos, pero a costa de perjudicar al resto y de arriesgarse a convertir a largo plazo a los demás equipos (salvo el Barça y, quizás, el Atlético) en meras comparsas, generando diferencias que lastrarían irremediablemente la competitividad del campeonato español. La actitud de la RFEF al respecto sí que es más difícil de entender. En cualquier caso, mientras se arreglan o se dejan de desarreglar estas nuevas desavenencias, el famoso convenio sigue sin firmarse y la amenaza de una nueva huelga resurge.

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