Diez años sin Raúl en el Real Madrid: Un genio incomprendido

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Se cumplen diez años del último día que Raúl González Blanco se vistió de corto con el uniforme del Real Madrid. Se despidió del club de su vida cómo sólo él sabía hacer, marcando un gol. Porque si algo definió la carrera del 7 madridista fue su facilidad para romper la meta contraria.

Debutó y se despidió del conjunto blanco en La Romareda, cerrando un círculo perfecto de 16 años portando orgulloso el escudo del Real Madrid en el pecho. En su debut, a los 17 años, no logró marcar —lo haría una semana después, titular en un Derbi ante el Atlético de Madrid—, pero en su última misión sí lo hizo. Cojo, habiendo pedido el cambio, casi de rebote, pero marcó. Así era Raúl.

Y viene bien recordar el tipo de jugador que fue gran 7 merengue porque tal vez a día de hoy en España no se le dé el peso que merece su carrera en el Real Madrid. Raúl fue el primer galáctico, el primer gran cañonero antes de que aparecieran Ronaldo y Messi, y la primera súper estrella de la Selección Española antes de que la generación de oro que ganó dos Euros y un Mundial arrasara con todo.

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Quizás por eso se tienda a meter a Raúl en un saco al que no pertenece. Al de la caspa, el pasado, la transición. La memoria en el fútbol es corta, pero parece que diez años después de salir del club, muchos olvidan que Raúl fue el máximo goleador de la Selección hasta que le devoró David Villa, o del Real Madrid y de la Champions League, hasta que le adelantó como un bólido Cristiano Ronaldo.

Pero no nos equivoquemos: Raúl no fue un talento de blanco y negro. No era Juanito, ni Butragueño. Raúl fue el primer competidor nato del fútbol español, el primero que pudo mirar cara a cara a las grandes estrellas del firmamento europeo y al que privaron de uno —sino dos— Balones de Oro quizás por esa falta de buena prensa que siempre le rondó.

Ganó tres Champions Leagues y dos Intercontinentales. Marcó en tres de esas cinco finales. Un jugador determinante.

A Raúl se le identificó con la España pre-Luis Aragonés, con su penalti fallado en la Euro 2000 contra Francia, y con el desastre ante Irlanda del Norte tras el Mundial 2006, que significó el cambió de guardia total hacia la España más esplendorosa de la historia. Y en el Real Madrid, tres cuartos de lo mismo. El de la Colonia de San Marcos siempre fue un referente para la afición, pero la directiva de Florentino Pérez no le trató con el cariño con el que sí se trató a las superestrellas a las que Raúl allanó el camino.

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Tan bueno era, que salió por la puerta de atrás del Real Madrid, desahuciado, apartado por las nuevas generaciones a las que José Mourinho quería dar la batuta, pero logró convertirse en leyenda también en el Schalke 04. En Alemania ganó dos títulos y clasificó al modesto club de la cuenca del Rin para unas semifinales de la Champions League por primera vez su historia. Tal fue su impacto en el club, que tras su marcha al Al Saad se retiró el dorsal número 7.

Por eso no hay mejor momento que ahora, 10 años después de dejar el club de su vida, para recordar que Raúl fue un genio, incomprendido en muchos momentos de su carrera, y alejado de la imagen que sí supieron cosechar otros grandes del balón, pero sin duda un genio.

La revista Four Four Two le ha incluido en el puesto número 21 de los mejores jugadores de los últimos 25 años. Por un lado, debe ser un halago verle en ese puesto, pues su figura queda reivindicada entre tanta mega estrella. Pero a la vez, sorprende que nombres como Batistuta, Rooney, Giggs, Figo o el mismo Roberto Baggio, que cierra el top 10 sin haber ganado ningún gran título con su selección (Mundial o Euro) ni Champions League alguna en su carrera, estén por delante de este pedazo de la historia madridista.

Así fue la carrera de Raúl, todo trabajo y constancia, pero casi nada del reconocimiento que en realidad mereció. Ahora, en su faceta de entrenador, aprende a marchas forzadas en el Castilla, esperando el momento adecuado para dar el salta al lugar que la historia le reserva: el del banquillo del Bernabéu. Quizás entonces aprendamos a darle la importancia y el respeto que su figura merece en el Real Madrid.

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