Los 3 rasgos de las personas psicológicamente estables

Jennifer Delgado
·5 min de lectura
No podemos esquivar los golpes de la vida, pero podemos prepararnos para que no nos hagan tanto daño. [Foto: Getty Images]
No podemos esquivar los golpes de la vida, pero podemos prepararnos para que no nos hagan tanto daño. [Foto: Getty Images]

No podemos esquivar los golpes de la vida. Antes o después, la adversidad llamará a nuestra puerta. Pero podemos preparar nuestra mochila de herramientas psicológicas para afrontar mejor cualquier problema, obstáculo o conflicto.

La estabilidad psicológica funge como una especie de escudo protector. Nos ancla en medio de una tormenta, pero también nos confiere la flexibilidad necesaria para no “rompernos” con los vientos huracanados. Las personas psicológicamente estables pueden navegar mejor por los periodos complicados de la vida y salir menos dañadas de las crisis.

Los pilares de la estabilidad psicológica

La persona estable psicológicamente afronta la vida con una dirección y sentido, desde una identidad unificada. [Foto: Getty Images]
La persona estable psicológicamente afronta la vida con una dirección y sentido, desde una identidad unificada. [Foto: Getty Images]

La persona psicológicamente estable es capaz de afrontar la vida con una dirección y sentido, desde una identidad unificada, manteniendo un equilibrio emocional incluso en las peores circunstancias.

Psicólogos de la Universidad de California, tras analizar 30 rasgos de personalidad en más de 3.000 personas, descubrieron qué tienen en común aquellas que pueden catalogarse como psicológicamente estables y sanas. Concluyeron que “los altos niveles de apertura a los sentimientos, las emociones positivas y la franqueza, junto a un bajo nivel de neuroticismo, fueron particularmente significativos para indicar un funcionamiento saludable de la personalidad”.

  1. Abrirse más a los sentimientos. Las personas estables psicológicamente no solo se muestran abiertas a las nuevas experiencias, sino que son capaces de abrazar los emociones. No intentan escapar de las emociones negativas a través de la evitación experiencial, sino que comprenden el poder transformador de los afectos negativos. Tienen una sensibilidad especial ante los sentimientos, pero no se dejan arrastrar por ellos, de manera que evitan sentirse desbordados emocionalmente, sobre todo en situaciones altamente demandante y complicadas. Esa capacidad les brinda una fuerza especial en medio de la adversidad.

  2. Buscar activamente las emociones positivas. Las personas estables psicológicamente son capaces de generar estados emocionales positivos que les ayudan a mantener la esperanza incluso en los momentos más difíciles. No son optimistas ingenuos, son perfectamente conscientes de los problemas y limitaciones, pero intentan poner buena cara al mal tiempo. De hecho, no es casual que las personas más conectadas con su esfera afectiva sean capaces de regular mejor sus emociones y puedan centrarse en los aspectos útiles de los problemas en lugar de considerarlos únicamente como una amenaza. Eso les permite ser más eficaces, adaptarse mejor a las circunstancias, obtener resultados más positivos y sentirse mejor con sus vidas, según revelaron psicólogos de la Universidad Estatal de Tomsk.

  3. Ser honestos, coherentes y auténticos. En las personas estables psicológicamente la brecha entre ser y hacer es minúscula. Se trata de personas coherentes que actúan siguiendo su escala de valores. También son sinceras en sus relaciones interpersonales. No suelen recurrir a la manipulación y el engaño. Eso les permite, por una parte, minimizar la disonancia cognitiva, que a menudo se convierte en una fuente de tensión psicológica interna. Y por otra parte, les ayuda a alcanzar sus metas y mantener relaciones más auténticas.

Las personas con estas características “estaban psicológicamente bien adaptadas, tenían una autoestima alta, clara y estable, buenas habilidades de autorregulación y una visión optimista del mundo”. Como resultado, eran “personas autosuficientes y relativamente inmunes al estrés, según los investigadores.

El neuroticismo, en cambio, es un estado marcado por emociones como la ira, la ansiedad, la irritabilidad y la depresión. Las personas con niveles elevados de neuroticismo responden mal al estrés, interpretan situaciones cotidianas como amenazantes, se preocupan excesivamente, suelen experimentar una gran frustración y a menudo se sienten abrumadas por las circunstancias.

De hecho, el neuroticismo se ha asociado con una disminución de la calidad de vida y un aumento de la vulnerabilidad a padecer tanto problemas psicológicos como una amplia gama de afecciones físicas, desde problemas cardíacos hasta alteraciones inmunológicas. Al contrario, un nivel bajo de neuroticismo favorece la estabilidad emocional.

Cambiar nuestro mapa mental

Un buen mapa mental nos guiará a través de la tormenta, protegiendo nuestro equilibrio emocional. [Foto: Getty Images]
Un buen mapa mental nos guiará a través de la tormenta, protegiendo nuestro equilibrio emocional. [Foto: Getty Images]

A lo largo de la vida vamos construyendo un patrón de respuesta emocional y cognitiva ante los problemas. En ocasiones, ese patrón se arraiga tanto que sentimos que estamos “condenados” a responder de cierta forma. Creemos que es imposible no preocuparnos, no enfadarnos, no deprimirnos o no agobiarnos ante la adversidad.

La persona estable psicológicamente se ha liberado de esas cadenas. Tiene un repertorio de respuestas ante el estrés mucho más amplio y asertivo sustentado en mapas mentales ricos y flexibles que le permiten adaptarse a los cambios sin que estos le afecten excesivamente.

Por eso, una de las claves para desarrollar la estabilidad psicológica consiste en darnos cuenta de que nuestros patrones de respuesta ante los problemas son tan solo un equipaje que hemos arrastrado durante mucho tiempo. Ese equipaje puede ser muy pesado, pero no es inmutable.

Es cierto que no podemos cambiar una infancia infeliz o un trauma vivido, pero podemos cambiar las creencias que sustentan el mapa mental que hemos formado de nosotros mismos y del mundo.

El primer paso consiste en comprender que el mapa que usamos para guiarnos en el mundo y responder ante la adversidad está formado por nuestras experiencias previas, pero también por la manera en que vemos las cosas y a nosotros mismos. Es solo una representación, no es la realidad en sí misma. Es una imagen que hemos formado de nosotros, pero no somos nosotros.

Obviamente, cuanto más limitado sea ese mapa, más restringido será nuestro repertorio de respuestas, más ansiedad experimentaremos y más nos desestabilizaremos emocionalmente. Por tanto, si el mapa que tenemos de nosotros mismos no puede guiarnos con éxito hasta donde queremos llegar, si ese mapa no puede conducirnos hacia la estabilidad y la paz mental que necesitamos, tendremos que ampliarlo.

El segundo paso consiste en detectar aquellas creencias que nos obstaculizan y mantienen ese desequilibrio, como “soy así, no puedo cambiar”, “no tengo la fuerza suficiente” o “soy demasiado sensible”. Debemos comprender que se trata simplemente de esquemas que no nos ayudan, por lo que es necesario colocar en su lugar creencias más positivas que nos permitan ganar confianza y estabilidad.

Todos tenemos la capacidad de elegir aquello en lo que queremos creer. Podemos cambiar y enriquecer nuestro mapa mental para que sea más completo y nos brinde más caminos alternativos ante la adversidad. Así, cuando llegue la tormenta, no estaremos perdidos y podremos proteger nuestro equilibrio psicológico.

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