Cómo Carlos Moyá logró que Nadal volviese a ganar otra vez

Rafael Nadal (izquierda) habla con su entrenador Carlos Moyá durante un entrenamiento antes del Open de Australia el pasado enero. Foto: Asanka Brendon Ratnakaye/AFP via Getty Images.

En el palmarés estratosférico de Rafael Nadal puede observarse un agujero. El mejor tenista español de la historia, y uno de los mejores de todos los tiempos, sufrió un bajón de 2014 a 2017. Como recordarán sus seguidores, entre el Roland Garros de uno y otro año no logró conquistar ni un solo Grand Slam; en ese tiempo en su palmarés solo aparecen algunos torneos menores (y, justo es reconocerlo, el oro olímpico en dobles de Río 2016).

Es difícil determinar qué resulta más sorprendente: que un deportista de su categoría se hundiera de manera tan repentina, o que fuera capaz de recuperarse y volver a la senda de la gloria. Porque en ese 2017 no solo se impuso de nuevo en la tierra batida en París, sino que también ganó su tercer Open de Estados Unidos, recuperó el primer puesto del ranking mundial (había llegado a caer al décimo lugar), y desde entonces ha ganado otros tres títulos grandes y no ha bajado del segundo escalón de la clasificación de la ATP.

Si llegar a ser el mejor supone una tarea titánica, aún lo es más perder el trono y recobrarlo. Porque no solo hay que luchar contra los rivales habituales, sino enfrentarse a la propia mente que sabe que ha estado ahí, que es capaz de lograrlo, pero no entiende por qué ha caído ni qué tiene que cambiar si lo que venía haciendo funcionaba. Por suerte, en el caso de Nadal no estaba solo: contaba con la ayuda de su entrenador Carlos Moyá.

Los lectores de cierta edad se acordarán bien de él. También mallorquín (pero no de Manacor sino de Palma), se dedicó profesionalmente al tenis a finales de los ‘90 y durante la década de 2000. Su mayor éxito es la victoria en Roland Garros en 1998 y el primer puesto en el ranking que llegó a ocupar durante dos semanas, además de ser el líder del equipo español que ganó la copa Davis en 2004 (en el que también estaba un jovencísimo Nadal, entonces un jovenzuelo de 18 años que había debutado como profesional hacía poco). Tras su retirada, en 2016 se convirtió en entrenador de Rafa, siendo una pieza fundamental en su proceso de recuperación.

Nadal (centro) y Moyá, en 2004, con la copa Davis. Foto: Christophe Simon/AFP via Getty Images.

Moyá ha contado en el diario Marca algunas de las claves que trabajó para conseguirlo. “La idea era convencer a Rafa para que fuera más agresivo y eso pasaba por mejorar el servicio. La gran mejoría creo que fue con el segundo saque. Normalmente, siempre intentaba meter muchos primeros dentro a nivel de porcentaje por la debilidad del segundo servicio. Empezaba el punto defendiendo. He intentado que fuera a por el punto, cambiar el ritmo de las jugadas, que los puntos fueran más cortos”.

Una dificultad con la que tuvo que lidiar Carlos era, precisamente, psicológica, agravada por los daños físicos que Rafa sufrió en aquellos tiempos. “Había tenido problemas de lesiones desde 2015 y también problemas de confianza, en general no estaba trabajando bien y a nivel de cabeza tampoco. Entonces, en 2016 volvió a jugar bien y tuvo el problema en la muñeca. Cuando alguien llega nuevo al equipo es una voz nueva y lo sueles escuchar aunque te diga lo mismo que los anteriores entrenadores”.

En rigor, Moyá no le decía lo mismo. El antiguo campeón incorporó novedades radicales en los métodos de entrenamiento de Nadal, con prácticas específicas orientadas a mejorar en aspectos concretos del juego en los que había lagunas. El analista Rafael Plaza ya se dio cuenta en enero de 2017, apenas un mes después de la llegada de Carlos al equipo de trabajo: tal como contó en El Español, se incluyeron “otros ejercicios distintos con un propósito determinado, cuando de toda la vida [Rafa] había basado sus entrenamientos en el ritmo con largos peloteos desde el fondo la pista”.

Así, por ejemplo, le forzó a ser más directo haciéndole resolver puntos en un máximo de dos golpes, evitando intercambios interminables. También aplicó series muy repetitivas de ejercicios de precisión; con prácticas como disparar 40 veces seguidas contra un cono a una cierta distancia, hasta conseguir no fallar. De esta manera, Moyá consiguió no ya que Nadal fuera capaz de dirigir la pelota al lugar de la pista que quisiera (algo que un jugador de su nivel tiene más que dominado), sino minimizar el riesgo de fallo y, por tanto, mejorar su confianza, una faceta en la que venía flojeando en los años anteriores.

El propio Moyá explicaba entonces que su metodología se basaba en el entrenamiento específico. “Al final, es trabajar en lo que creemos que debe ser su base y en las cosas a mejorar, que podemos ver en los partidos para entrenarlas al día siguiente. Queremos incidir mucho en la repetición de lo que tiene que aplicar en los partidos. (...)  Sinceramente creo que es el modo de lograr lo que buscamos: cuando quieres conseguir algo es muy complicado hacerlo directamente en un partido si antes no lo has entrenado mucho de forma específica”. 

Los resultados no se hicieron esperar. Desde la incorporación de Moyá a su equipo de trabajo, la mejoría fue rapidísima: en el Open de Australia de 2017, apenas un mes después, Nadal consiguió llegar a la final de un Grand Slam por primera vez en casi tres años, aunque no pudo ganarla: Roger Federer fue un rival demasiado duro. Sus buenas actuaciones en varios Masters 1000 le permitieron escalar puestos en la clasificación de la ATP, y pudo plantarse en mayo en un estado de forma inmejorable para proclamarse campeón, por décima vez en su carrera, de Roland Garros.

No fue este el único cambio que introdujo Moyá en el juego de Nadal. El entrenador, antes de hacerse cargo de su compatriota, había trabajado para el canadiense de origen montenegrino Milos Raonic, a quien llevó a la primera final de Grand Slam de su carrera (Wimbledon 2016, perdida contra Andy Murray). Con él ya trabajó estos entrenamientos específicos, pero una de las principales novedades que incluyó en su juego fue el saque al cuerpo.

Anteriormente, el estilo de saque de Raonic buscaba conseguir aces pillando descolocado al rival con un raquetazo potente o bien por el centro de la pista o bien buscando el extremo. Le funcionaba a menudo, y por eso, como él mismo decía, era un tanto reacio a cambiar su manera. Sin embargo, fue perdiendo eficacia a medida que sus oponentes se acostumbraban y se preparaban para defenderlo.

Moyá le hizo ver que sacando hacia el cuerpo del restador podía tener una tercera opción que le hacía más imprevisible, y por tanto más difícil de combatir. Y como con Raonic funcionó, introdujo el sistema también con Nadal. Le ha sido especialmente útil al jugar contra Djokovic, a quien muchos consideran el mejor restador del circuito. En este sentido, el saque al cuerpo se puede usar como arma estratégica, ya que obliga al oponente a moverse para poder devolver la pelota, dejándole descolocado y dificultándole devolver pelotas profundas, como hace habitualmente el serbio.

En 2019, además, Carlos ayudó a Rafa a desarrollar un nuevo tipo de saque, aunque en este caso la iniciativa la tuvo el propio jugador. "Lo que buscamos es que haga más daño y que la bola le vaya un poco más rápida. Teníamos la sensación de que la bola iba rápida al servicio pero que al botar, se frenaba un poco. Ahora, con este movimiento más fluido queremos que la bola bote y no pierda toda esa velocidad", explicó Moyá en Puntodebreak.

Para conseguirlo han tenido que cambiar la mecánica del gesto a la hora de poner la pelota en juego, corrigiendo detalles tanto en la trayectoria del brazo como en el lanzamiento de la bola hacia arriba o incluso en la posición de los pies en el aterrizaje tras saltar para golpear. En el segundo servicio, además, ahora la pelota no coge tanto efecto como antes, sino que va más directa, con lo que aumenta su posibilidad de sorprender al oponente.

"Era algo que veíamos desde hace tiempo pero que por la rodilla no habíamos podido hacer. En invierno lo ha intentado y encontró continuidad y se ha sentido cómodo. Obvio que al principio le ha costado cambiar el chip mental y es que a estos cambios hay que darles tiempo pero lo ha aplicado en los partidos de entrenamiento y se siente como si hubiera sacado así durante toda su vida", contaba Moyá en enero de 2019.

En última instancia, Carlos también ha hecho de Rafa un jugador más agresivo, que no es simplemente una cuestión de actitud sino algo que se entrena y se va puliendo. “Busco que acorte los puntos, que corra y se desgaste menos. No es sólo buscar winners y pegar más fuerte a la bola, es mejor que eso. Rafa debe estar mejor posicionado en el momento del golpeo, más cerca de la línea de fondo”, explica Moyá.

Este cambio no solo se explica desde un punto de vista táctico, sino que es prácticamente obligado, toda vez que Nadal ya tiene casi 34 años y, aunque mantiene su poderío físico, los jugadores más jóvenes pueden ponerle en dificultades. Además, cuenta con un historial bastante largo de lesiones que no aconseja forzar su cuerpo más de la cuenta.

Moyá, no obstante, está pudiendo aplicar esta transformación en el juego de Nadal gracias a algo que no se ha movido ni un milímetro desde que debutó: su espíritu competitivo y su capacidad de esfuerzo. “He sido testigo directo de su motivación por mejorar cada día y de esa intensidad a la que lleva cada entrenamiento. Su espíritu de sacrificio es increíble y la forma en que se sobrepone a los malos momentos es algo que jamás vi antes en ningún deportista. Nadie le iguala en eso".

Haciendo balance global, puede apreciarse una contribución clara de la labor del entrenador. En 2017, su primer año completo con el nuevo entrenador, Nadal acabó como número 1, siendo el primer tenista de su edad (31 años entonces) capaz de terminar la temporada en la primera posición. Desde entonces, otros dos Roland Garros y un nuevo Open de Estados Unidos han agigantado aún más su leyenda. Probablemente su sala de trofeos sería un poco menos abultada si Carlos Moyá no le hubiera asesorado en el momento más delicado.

Más historias que te pueden interesar: