Radicales Libres XXX (29/07/2022) por Marta D. Riezu

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Photo credit: Nancy R. Schiff - Getty Images
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  • Yo de adolescente me creía cool y las usaba a discreción, pero lo cierto es que las palabrotas siempre suenan algo ridículas. Solo hay dos o tres con una relativa potencia expresiva. En el pueblo de mis tíos quedaba (¿queda?) una casa con un cartelito en la puerta: «Este hogar es cristiano. Prohibido blasfemar». Los dueños se llevaban mal y debían pasar apuros para cumplirlo.

  • Hablando de religión: adoro los dulces eclesiásticos. Las pastas de almendra de las clarisas de Alcalá de Guadaira, las magdalenas de Puerta del Ángel, los roscos de vino y pestiños de las monjas franciscanas, las yemas de San Leandro, los huesos de San Froilán… En Barcelona hay una pastelería especializada en ellos: Caelum (Palla, 8).

  • El malvado algoritmo de Instagram es un termómetro para distinguir al momento la tendencia que no procede. A más sofisticación provinciana, más naturalidad como contraataque. Los que no llevamos tatuajes ni intervenciones estéticas al final seremos bichos raros cotizados.

  • La nariz, siempre grande. Con la edad por fin se aprende a llevarla.

  • Susan Sontag: «El miedo a envejecer nace del reconocimiento de que uno no está viviendo la vida que desea. Es la sensación de estar usando mal el presente.»

  • El olor de las calles regadas a primera hora de la mañana. Para que eso ocurra, miles de profesionales llevan a cabo una de las tareas urbanas más duras. Lo que es peor: sin esperar ninguna gratitud por nuestra parte. Sin los equipos de limpieza una ciudad no es absolutamente nada.

  • Las ilusiones son el mejor modo de detectar físicamente que uno tiene alma.

  • Teresa Estapé incorpora un nuevo material a su catálogo: el coral. El oro, como siempre, es Fairmined (de extracción justa, en este caso de minerías artesanales de Colombia y Perú).

  • Oliver Bullough —al que un día partirán las piernas— organiza tours por Londres (Londongrad le llama él, por la oligarquía rusa que ha comprado los barrios más pijos) y va señalando, igual que se hace con las casas de los famosos en Hollywood, los edificios que la cleptocracia, los dictadores de países remotos y los evasores de impuestos han comprado, sin pasar en ellos más de cinco días al año. Calles vacías. Una prosperidad que no trae ningún beneficio cultural ni social a los vecinos.

  • Josep Pla, acerca de no tener ni un duro: «Cuanto menos dinero se tiene, más deseo suscita la vida. El apetito insatisfecho llega a hacer creer que existe algún tesoro oculto de una mágica fascinación hedonística. El dinero debería tenerse en la juventud, para comprender por saturación que la vida humana no tiene ningún misterio, que los deslumbramientos son falsos. Me gustaría tener dinero para poder pasar delante de un restaurante o un escaparate con una completa y profunda indiferencia.»

  • Italia enterita en esta foto de Giuliva:

  • El recuerdo de las conversaciones incómodas con mis padres (estudios, novios, asuntos de dinero). Casi no me atrevía a mirarles a la cara. No por temor —eran unos santos—, sino por pavor de leer en su rostro la decepción. Nos costaba horrores hablar claro, de hecho nunca lo hicimos, y siempre volvía a mi habitación con las palabras ensayadas y sin usar.

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