Radicales Libres XXVIII , por Marta D. Riezu

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Photo credit: Rose Hartman
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  • En los años más salvajes de la moda —de los sesenta a mediados de los noventa, pongamos—, cuando había más presupuesto, ego y poder, menos corrección política y podía hacer uno lo que le diera la gana, hubo un batallón de mujeres cultas e irremplazables que velaron por un mensaje refinado, informado e imaginativo: Fleur Cowles, Carmel Snow, Diana Vreeland, Grace Mirabella, Ingrid Sischy, Robin Givhan, Grace Coddington, Franca Sozzani, Cathy Horyn, Suzy Menkes, Miuccia Prada, Jil Sander…

  • Savile Row va cambiando de estilo. Desaparecen algunas sastrerías centenarias, aparecen sastres mujeres que cosen trajes a medida para las ejecutivas de la City. Y llegan marcas con gracia como Drake’s o Yuri & Yuri.

  • ¿Es la antipatía tan observadora como el amor? ¿Por qué queremos saber cuantos más detalles mejor de las personas a las que tenemos un poco de manía?

  • Las cuatro mujeres más cool de los ochenta: Paloma Picasso, Tina Chow, Anjelica Huston, Anh Duong.

  • Ese sentimiento de alegría, calma y placer al llegar a casa. Ese afecto es el que deberíamos sentir por nuestro propio cuerpo, el primer hogar.

  • Psicodelia + David Hockney + mercería setentera + regaliz + playa con toldos a rayas + Venecia + Niki de Saint Phalle + las “Margaritas” de Věra Chytilova = Delarge

  • ¿Funcionaría hoy —en la era de las redes y la imagen— aquel defenestrado Fashion Café que abrieron Naomi Campbell, Elle Macpherson, Claudia Schiffer y Christy Turlington? Falló por una gestión pésima de los hermanos Butti, que eran básicamente unos estafadores, pero la idea sigue siendo divertida y kitsch.

  • La casa más bonita de Europa, con permiso de la de Curzio Malaparte: Villa Médici. La luz de François Halard también ayuda.

  • Helados de banoffe, arroz con leche, cacahuete, dátil, crema de yuzu, avellana piamontesa, panettone, kiwi y hierbaluisa, Ras el Hanout. Sí. Póngamelos todos para llevar, cóbreme la bolsa, tome mi tarjeta de crédito, le dejo a mi hijo de rehén si es necesario.

  • Con los años, nuestras madres se redimensionan y se nos vuelven más sagradas, más humanas, más falibles, más maravillosas. Ojalá lo supiéramos entender ya desde la adolescencia.

  • Este fragmento del poema que le dedica Kirmen Uribe a la suya (extraído del poemario “17 segundos”, editado por Visor):

Mi madre suele estar oculta siempre que voy a visitarla.

Suele estar en el garaje, o en el desván,

o dando un paseo por el monte con los perros.

Yo la llamo en voz alta

y, por un momento, me estremezco

esperando a oír su voz.

Mi madre no me deja entrar en casa de inmediato.

Me agarra del brazo y me lleva hacia el huerto.

Como siempre, me pregunta: «¿Qué ha cambiado?».

Qué sé yo, le contesto para ganar tiempo,

mientras al mismo tiempo miro y remiro,

por todas partes, qué será lo que está distinto.

Suele ser que ha podado las rosas,

o que ha pintado de blanco la caseta del perro.

Para ella, el trabajo de una semana;

para mí, un momento de atención.

(...)

Al despedirnos me dice que la próxima vez

no me olvide de llevarle un libro, que no hay libros nuevos

en la estantería, y está cansada de releer los que hay.

Subo al coche y considero la pregunta de mi madre:

«¿Qué ha cambiado?», esos crueles cambios que,

como las arrugas, aparecen sin que nos demos cuenta.

Será que últimamente la veo más cansada,

será que también yo estoy cada vez más solo.

Yo no quiero que nada cambie.

Querría seguir siempre visitando a mi madre,

e intentar acertar su adivinanza,

tomados del brazo y caminando por la huerta.

Photo credit: Marta Riezu
Photo credit: Marta Riezu

Marta D. Riezu es periodista especializada en comunicación de moda. Ha publicado dos libros: Agua y jabón (Terranova, 2021) y La moda justa (Anagrama, 2021).

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