Radicales Libres por Marta D. Riezu

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Photo credit: Gijsbert Hanekroot - Getty Images
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  • Deadstock: una palabra injusta para algo que todavía tiene mucho que ofrecer. No hay nada muerto en los tejidos sobrantes de una colección y de ahí pueden salir maravillas, como demuestran las prendas de Becomely.

  • Jerry Hall: te equivocaste dejando a Bryan Ferry, el hombre más elegante del pop, por Mick Jagger. Ferry lanzó en 1994 el álbum “Mamouna” en recuerdos a sus días con ella en La Mamounia de Marrakech. Despechado y cabreado, no volvió más al hotel más bonito del mundo, y cuando le preguntaban por qué respondía: «Por la grosería de haber puesto televisión con satélite”.

  • Una amiga se queja de los pesados/as que insisten para que beba alcohol. «Es un bullying como otro cualquiera», dice. ¡Cómo la entiendo! Y eso que somos adultos hechos y derechos: ¿cómo será la presión entre los adolescentes? El alcohol me aburre soberanamente; como el fútbol, como tomar el sol, como el gimnasio. Dejemos vivir al otro, por favor.

  • Mille Collines es el sobrenombre por el que se conoce a Ruanda, el país de las mil montañas. Inés Cuatrecasas diseña, produce y distribuye ropa y accesorios fabricados a mano allí. La marca es una celebración del talento minucioso, exigente y finísimo de los artesanos locales.

  • La pandemia nos puso la excusa perfecta para llevar guantes. Son adorno, pero también gesto arty, guiño cinéfilo, inesperado objeto de deseo y herramienta útil. Resultan teatrales y sirven para marcar distancias cordiales. La historia les concede un lugar de honor. En el medievo, un caballero declaraba su amor entregando a la elegida guantes blancos perfumados. Blancos y de lino son los de los masones. Los reyes franceses recibían unos durante su coronación. Aparecen con frecuencia en las tramas de Shakespeare, que era hijo de un fabricante de guantes.

  • ‘Roasters of fine beans’: así se definen los LOT. Cuando leemos roasters todos podemos casi oler el café, pero no. Úrsula y Cristian tuestan cacao de Amazonas y los Andes.

  • Mientras la sastrería de hombre de Savile Row va de capa caída —Kilgour, Hardy Amies y Chester Barrie cerraron—, las sastres cada vez trabajan más para las ejecutivas de la City. Daisy Knatchbull, Phoebe Gormley, Kathryn Sargent o Magdalena Handwecker han sabido transmitir perfectamente la versatilidad, misterio y pulcritud de un traje bien cortado. Mientras que un dos piezas masculino en Gieves & Hawkes ronda los —cielos— cinco mil euros, las sastres han optado por tarifas más ‘realistas’ (dentro del realismo imposible de Londres): dos mil euros.

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