Radicales Libres por Marta D. Riezu

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Photo credit: Bob Peterson - Getty Images
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  • Llevo todo el verano leyendo sobre Susan Sontag, que en esta imagen parece una protagonista neorrealista de un film de Rossellini, una Magnani del Valle de San Fernando. Fue tan brillante como desdichada, culta y lúcida, torpe en el amor, incapacitada para la logística del día a día. Buena para los libros, mala para la vida. Para ella, el arte era un modo de intensificar las sensaciones: ver más, oír más, sentir más. El cáncer le alcanzó con cuarenta años (se salvó), y cambió su mirada. «Cada uno de nosotros es el habitante de dos reinos diferenciados: el reino de la salud y el reino de la enfermedad. Estamos destinados a pasar una parte de nuestra vida en ambos.»

  • Cada vez más hombres con falda. Ha costado, pero en una década nos parecerá normalísimo.

  • Aún recuerdo cuando surgió la posibilidad de comprar online. Qué miedo. ¡Escribir los números de tu tarjeta! ¡Tu dinero! ¡Ladrones siempre al acecho! Lo ritualizamos en apenas unos años. Los hábitos relacionados con al consumo evolucionan y prosperan de un modo rapidísimo. Son las ideas —especialmente las bondadosas, las educativas, las comunitarias— las que encuentran todas las piedras en el camino.

  • Ahorrar durante un año el presupuesto de manicuras, peluquería, laminados de cejas, tintes de pestañas y demás zarandajas, e invertirlo en un colchón magnífico.

  • Los suelos de barro.

  • No hay nada sagrado para Hollywood. Ya están preparando el remake de “Working girl”, con su título traducido aquí de un modo tan camp, tan Terenci Moix: “Armas de mujer”. La protagonista: Selena Gómez. Aparte de que es imposible superar el film original —con sus permanentes, sus mullets, sus Reebok Exofit y sus Sonia Rykiel— yo hubiera elegido de protagonista a Emma Corrin.

  • Podcasts, canales de Youtube o Twitch, libros, newsletters, redes sociales chillonas… hoy, estar expuesto es tan común como respirar. Pero las ventajas del perfil bajo son infinitas: tranquilidad, ausencia de discusiones vacías, más tiempo para uno mismo, menos riesgo de hacer el ridículo… El problema viene cuando supeditamos nuestro oficio o nuestra marca a la exhibición pública, y cada gesto se convierte en táctica. ¿Es un proceso reversible?

  • Aquel consejo de Diana Vreeland: cuando demos con el vestido perfecto, ese vestido que nos cae increíblemente bien, llevarlo al modista para que nos lo duplique en dos colores más.

  • Esta hamaca de ratán de The Straw Studio.

  • El mito de la mujer que vive en la cama: la Kundry de Wagner, Emily Dickinson, Alice James (la hermana de Henry James, escritora como él), Margaret Fuller, Gertrude Stein… Mujeres que se enfrentan al problema de la acción, de cómo reaccionar. El lujo burgués del desvalido psicológico. Me cuentan mis tías que hubo una Riezu antepasada, circa 1890, que con treinta años se metió en la cama —perfectamente sana— y dijo que de ahí no iba a salir más, que no le daba la gana. Mis siestas de tres horas llevan sus genes.

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