Quiso abortar, pero no pudo. La durísima historia de la chica de 16 años cuyo bebé murió arrojado al rió Besós.

Una adolescente de 16 años no puede abortar en España sin el consentimiento de sus padres. Pero, ¿qué hacer si esa chica está aterrorizada por lo que suceda cuando sus padres se enteren del embarazo? ¿Qué hacer con su miedo visceral?

La madre del bebé arrojado al río Besós este pasado mes de septiembre quiso abortar. Consultó con un servicio de información para jóvenes del ayuntamiento de l’Hospitalet de Llobregat, según informa El Periódico de Cataluña. Pero no pudieron hacer nada por ella: necesitaba la autorización paterna.

Mariano Rajoy reformó la ley orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo para elevar la edad de poder abortar sin consentimiento paterno los 16 a los 18 años.

Besós River in San Adrián del Besós Barcelona

Sin posibilidad de abortar -por el terror de comunicarles el embarazo a sus padres- esa chica de 16 años siguió adelante con la gestación. Nadie se dio cuenta del embarazo.

El resto, ya lo conocemos. Dio a luz en una pensión, sin tratamiento anestésico ninguno, sin gritar -nadie oyó nada-, en medio de dolores tremendos, poniendo en peligro su vida y la del bebé, acompañada sólo por su novio. Recogieron todo, llevaron la ropa de cama a la lavandería -no quedó una sola mancha de sangre- y se marcharon con el bebé.

Horas después, el padre se fue con el recién nacido contándole a la madre que iba a darlo en adopción. No fue así. Lo arrojó al río Besós.

Esta historia tremenda ha tenido el peor de los finales -o no el peor, porque la madre podría haber muerto en el parto, y entonces tendríamos dos cadáveres- y nos obliga a replantearnos qué ayuda estamos ofreciendo a esas adolescentes que se quedan embarazadas sin quererlo y cuya relación familiar les impide -por miedo a represalias- comunicarles el embarazo a sus familias.

El centro donde atendieron a la joven respeta la confidencialidad, porque precisamente se trata de mantener la seguridad de los menores y de que puedan acudir a pedir ayuda libremente chicos y chicas que no pueden contar con su familia.

¿Cómo salimos de este callejón? ¿Qué hacer en casos como el de esa adolescente? Porque ella también es una víctima.