El ‘sí, quiero’ de la diseñadora Carlota Muñoz-Vargas en la Granja de San Ildefonso

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El pasado mes de octubre, la diseñadora Carlota Muñoz-Vargas se daba el ‘sí, quiero’ con Jérôme Zenteno. Carlota y Jérôme se conocieron hace más de tres años en Nueva York, ciudad en la que ella trabajó durante algún tiempo. Por motivos laborales, Jérôme también llegó a la ciudad de los rascacielos, y allí, unos amigos en común les presentaron.

La primavera pasada, la creadora de la firma ‘Charlotte Blaz’ y su pareja se comprometían en los espectaculares jardines de la Granja de San Ildefonso, en Segovia. Un sitio muy especial para ella, ya que, según explica, solía visitarlo junto a su familia.

Carlota confió el diseño de su vestido a un diseñador, que “siempre ha admirado y querido mucho”, Juan Duyos. “Enseguida entendió la idea que yo tenía de mi vestido, y ha sido una experiencia divertidísima y única”, confiesa.

Sus pendientes los creó junto a Javier Gómez-Zuluaga, mientras que su ramo lo dejó en manos de ‘Floreales’. Los zapatos de ‘Aquazzura’ completaron el elegante look nupcial que lució en su gran día.

La ceremonia religiosa tomó por escenario otro lugar histórico y con gran significado para la Corona Española, la Real Colegiata, construida en la primera mitad del siglo XVI en la Granja de San Ildefonso. Aunque en un principio se erigió con el propósito de que se convirtiera en Capilla Real, pronto se concibió como Real Colegiata, y en su Capilla de las Reliquias descansan los restos del rey Felipe V e Isabel de Farnesio.

Carlota entró al templo del brazo de su padre, José Muñoz-Vargas, y al ritmo de la canción ‘She’ de Elvis Costello.

Después de la boda, el Palacio de Carlos III, situado en el Real Sitio de San Ildefonso, y a escasos kilómetros de Segovia, sería el sitio escogido para acoger el banquete.  

Entre sus numerosos invitados, se encontraban algunas caras conocidas de la sociedad en nuestro país, como la aristócrata Inés Domecq o la actriz Isabelle Junot.

La novia señala el discurso de su ya marido, Jérôme, como el momento más inesperado de esta señalada ocasión, y la fiesta como el más divertido. El cantante Charlie Armstrong se encargó de amenizar la velada con canciones de los años 80.