Quién es Fran Lebowitz, la 'cascarrabias' protagonista de una de las primeras joyas del 2021 en Netflix

Valeria Martínez
·7 min de lectura

“No tengo poder pero estoy llena de opiniones”, Fran Lebowitz.

Es la frase que me quedó grabada a fuego tras devorar los siete episodios que componen Supongamos que Nueva York es una ciudad, una de las apuestas más originales de Netflix que nos adentra en la mente cínica y sarcástica de una mujer extraordinaria llamada Fran Lebowitz. Una escritora y humorista que tiene mucho que decir, sin importarle un bledo lo que digan los demás. Efectivamente no tiene poder político o económico para cambiar el mundo, pero sus opiniones tajantes, propias y argumentadas, atraviesan la pantalla como prueba del poder que tienen las palabras.

A lo largo de las tres horas y media que dura la serie documental, Martin Scorsese agrupa diferentes charlas y encuentros con su querida amiga Fran Lebowitz haciéndonos partícipes de su mente rápida, su juego de palabras voraz y personalidad gruñona, con el telón de fondo que supone la relación de amor y odio que mantiene con la ciudad de Nueva York. Y el resultado es una serie exquisita, de esas que se disfrutan con los oídos atentos, un sentido del humor afilado y la mente muy abierta.

Pero muchos se preguntarán ¿quién es Fran Lebowitz?

Fran Lebowitz en Supongamos que Nueva York es una ciudad (imagen cortesía de Netflix ©2020)
Fran Lebowitz en Supongamos que Nueva York es una ciudad (imagen cortesía de Netflix ©2020)

Confieso que al ver el título junto al nombre de Martin Scorsese, también me pregunté quién era esta mujer si el mismísimo director de Taxi Driver le dedicaba una serie completa. Es decir, para que un cineasta tan ocupado como Marty hiciera hueco en su agenda para crear siete episodios centrados en ella, tenía que haber algo lo suficientemente interesante. Y fue ver unos minutos del primer episodio que enseguida comprendí por qué: Fran Lebowitz es un torbellino pensante, odiadora profesional de la raza humana, amante de los libros y las fiestas, una neoyorkina consumada con tantas opiniones que le resulta imposible contenerlas.

La serie nos hace viajar con imágenes a la ciudad de Nueva York, la de ahora, mientras Fran nos invita a poner a prueba nuestra imaginación transportándonos a la ciudad de sus recuerdos, esa de décadas pasadas que fue cuna de cultura, charlas y cambios acelerados. Vemos a Fran paseando por sus calles, odiando con la mirada la modernidad que le rodea y esos compañeros humanos que bloquean su paso y caminan mientras envían mensajes de texto o ejercitan en plena avenida. Ella es la representación del Nueva York de otra época y es un lujo escucharla, aunque la mayoría de sus frases sean quejas constantes. Y entre charlas, entrevistas y encuentros con el público filmadas a lo largo de los años, la serie nos revela las diferentes opiniones de Fran, desde los cambios millonarios e innecesarios hechos a su ciudad; al impacto de las redes sociales en la vida de los jóvenes; su rechazo a tener ordenador o teléfono móvil; el sexismo y el capitalismo; su arraigo a mantenerse anclada al pasado con sus libros y su adicción al cigarrillo así como su rechazo a la moda del mindfulness o el deporte. Entre muchos pensamientos más. Y en todos ellos argumenta su lógica, llevándonos a su terreno incluso cuando no estamos de acuerdo, contagiándonos su ironía y provocándonos risas en el proceso.

Pero más allá de sus opiniones, lo que resulta aun más apasionante es oírla hablar del pasado, escuchar sus anécdotas como escritora y sus experiencias alocadas viviendo en la ciudad que nunca duerme.

Martin Scorsese y Fran Lebowitz en Supongamos que Nueva York es una ciudad (imagen cortesía de Netflix ©2020)
Martin Scorsese y Fran Lebowitz en Supongamos que Nueva York es una ciudad (imagen cortesía de Netflix ©2020)

Entonces, veamos, ¿quién es Fran Lebowitz? Si bien su pasión por el viejo Nueva York es evidente, Fran no nació allí sino en el estado vecino de Nueva Jersey hace 70 años y en el seno de una familia judía (aunque ella se define como atea desde los 7 años). Llegó a la Gran Manzana en 1969 en busca de un refugio donde dedicarse a la poesía y vivir libremente como mujer homosexual. Durante un tiempo trabajó como taxista y limpiadora de casas dado que se negaba a buscar empleo como camarera como le recomendaban sus amigas porque no quería experimentar el sexismo y abusos que rodeaba aquel negocio.

A los 21 años ya escribía para diferentes revistas y publicaciones pero su vida cambió cuando el mismísimo Andy Warhol la contrató para que escribiera una columna en la prestigiosa revista Interview (aunque se llevaban fatal). Esta labor le abrió las puertas del círculo social y cultural de la ciudad. Y fue a raíz de la publicación de su primer libro en 1978, una colección de ensayos cómicos y columnas de revistas titulado Metropolitan Life, que Fran se convirtió en celebridad de la burbuja neoyorkina y cliente asidua del legendario Studio 54. En aquel libro, la escritora recurría a su humor sarcástico para criticar con irritación todas las características que suponía vivir en la ciudad de Nueva York. Y todavía, más de cuarenta años después, todavía se sigue quejando.

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En 1981 escribió otra antología humorística, Social Studies, labrándose una carrera inusual como mujer articulada, de opiniones negativas y antipática con la tecnología, que nada tienen que ver con la faceta gruñona que (nos) llega con el paso de los años. Ella es así. Su mente es así. Desde entonces, Fran es uno de los rostros más habituales en eventos y fiestas del círculo más selecto de la cultura neoyorkina. Amiga de famosos, escritores, artistas y directores, dedicó su vida a sembrar su mente convirtiéndose en oradora pública siendo capaz de llenar salas de gente que asiste solo a escucharla. Su popularidad incluso está relacionada con su famoso “bloqueo como escritora” dado que no escribe un libro desde la publicación de una pieza infantil sobre pandas en Nueva York en 1994, y desde entonces se gana la vida con sus charlas y apariciones televisivas, incluso hay quien puede reconocerla como la juez Janice Goldberg en varios episodios de Ley y Orden, entre 2001 y 2007. De todos modos sigue escribiendo como columnista ocasional en revistas como Vanity Fair.

Pero su poder de palabra la mantiene en el candelero, tanto que Martin Scorsese ya hizo un documental sobre ella en 2010 titulado Public Speaking. Su amistad es tal que contó con ella como actriz ocasional en El lobo de Wall Street. En Nueva York es toda una celebridad cultural por sus opiniones y ahora, gracias al director y Netflix, el resto del mundo puede conocerla.

Si bien Fran y Scorsese centran el escenario en la ciudad de Nueva York, no hace falta haber viajado hasta la Gran Manzana para apreciar sus palabras. Es cierto que ayuda -al menos yo me sentí más involucrada en los relatos tras haber vivido por aquellos lados hace unos años- pero la verborrea astuta de Fran y sus diferentes opiniones se perciben con total naturalidad a nivel internacional.

Fran Lebowitz en Supongamos que Nueva York es una ciudad (imagen cortesía de Netflix ©2020)
Fran Lebowitz en Supongamos que Nueva York es una ciudad (imagen cortesía de Netflix ©2020)

Que Scorsese y Fran son amigos desde hace muchos años se percibe enseguida. La risa contagiosa y natural del director ante cada broma cínica de la escritora los delata constantemente. Marty no desvela si coincide con ella, simplemente la deja explayarse ante las cámaras presentando al mundo este personaje de opiniones tajantes y argumentadas. Podemos estar de acuerdo o no con sus ideas, pero sin dudas consigue que la escuchemos y, lo que es aun mas interesante, que nos plantemos su lógica.

Lo que hace Scorsese con Supongamos que Nueva York es una ciudad es compartirnos el placer de su compañía. Y con total naturalidad. Si bien podemos estar de acuerdo que no hay nada peor que escuchar a gente quejarse constantemente, todo cambia cuando se trata de Fran. Ella es un anzuelo ideal para el formato documental, al que yo misma no tardé en picar y no pude soltar durante tres horas y media.

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