Qué tiene Ayuso para ser tan querida en la derecha a pesar de sus fallos

Asier Martiarena
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La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante su reunión con Pedro Sánchez en la sede regional de la Puerta del Sol. (Photo by Europa Press/J.Hellín.Pool/Europa Press via Getty Images)
La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante su reunión con Pedro Sánchez en la sede regional de la Puerta del Sol. (Photo by Europa Press/J.Hellín.Pool/Europa Press via Getty Images)

Isabel Díaz Ayuso ha reconocido haber estado dos veces a punto de convocar elecciones ante el hartazgo de la amenaza e moción de censura del PSOE y de la falta de sintonía con Ciudadanos, su socio de gobierno en Madrid. Una después del primer confinamiento y otra a la vuelta de vacaciones de verano. De momento no lo ha hecho, porque lo que aspira con ellas es a no depender de nadie y los números aún no le dan. Pero cada vez parece estar más cerca. Al menos eso dicen las encuestas. Ayuso sigue teniendo el apoyo de los suyos aunque su gestión está bastante en entredicho. La última de ayer mismo de NC para La Razón y por la que el Partido Popular crecería del 22,2% al 33,1% del voto en la región, convirtiéndose en la fuerza más votada si hoy hubiera elecciones. Esto es Ayuso, pasaría de tener 30 escaños a 45.

¿Pero cómo puede ser que Ayuso cada vez tenga más apoyos si los traspiés en su gestión son recurrentes? Y no hablamos solo de las ocurrencias que tuvo en campaña en la que, entre otros, llegó a añorar "los atascos a las tres de la mañana un sábado" en la capital para combatir el Madrid Central de Manuela Carmena, defendió su programa económico señalando que "hablar de empleo basura es ofensivo para el que está deseando tener uno", o abogó por sacar el Orgullo Gay del centro de la ciudad pero no a la Casa de Campo porque allí “van muchas familias”

Sino de importantes traspiés desde su llegada al Gobierno de la Puerta del Sol entre los que destacan:

  • Se hospedó durante cerca de dos meses en un hotel de lujo de Madrid por el que pagó un precio que se correspondió casualmente, con el mismo de un contrato publicado adjudicado a dedo al empresario dueño de la cadena y que después fue modificado al "haberse tratado de un error".

  • Solicitó que Madrid avanzara en la desescalada de mayo en contra de los criterios técnicos de los médicos cuya responsable en Madrid, Yolanda Fuentes, llegó a dimitir.

  • Madrid fue la autonomía donde más ancianos murieron en las residencias: el 17% frente al 9% de la media nacional tras filtrarse documentación interna que rechazaba que los mayores fueran atendidos en hospitales en el pico más alto de la pandemia. De los casi 6.000 mayores fallecidos, la gran mayoría, 4.735, murieron sin que se les hiciera ninguna prueba pese a que tenían síntomas compatibles con el virus.

  • El 3 de septiembre se comprobó que la Comunidad de Madrid estaba falseando sus datos diarios de positivos retrasando su comunicación diaria para engordar las listas a toro pasado.

  • Madrid aún no cuenta con los 1.200 rastreadores que todas las organizaciones médicas nacionales e internacionales recomiendan para su tasa de casos a pesar de haberlo anunciado, y mentido, en al menos tres ocasiones.

  • Ha rechazado confinar Madrid bajo los mismos criterios que sí apoyó para cerrar a la movilidad a los barrios del sur, en donde, curiosamente, menos votos saca el PP y en donde menor es el poder adquisitivo de sus votantes.

Aunque estos puntos de aquí arriba parezcan un disparate, Ayuso sabe muy bien lo que hace. O mejor dicho, su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez. M.A.R, como se le conoce desde sus tiempos como secretario de estado de comunicación de José María Aznar, es un estratega especializado en embarrar el terreno de juego y lo va a hacer para replicar el último gran modelo de éxito del PP de Madrid: Esperanza Aguirre.

Rodríguez está esculpiendo a Ayuso a su imagen y semejanza para convertirla en la ‘Tatcher chulapa’ como muchos la han bautizado. La guardiana de las esencias del liberalismo. ¿Recuerdan que Aguirre también era una habitual de las meteduras de pata? No es casual. El libro de estilo de M.A.R dice que copando todas las portadas se forma una sensación de acoso -recuerden las fotos de Ayuso como una mártir o una musa doliente- que permite disimular los temas más espinosos como el asunto de los geriátricos o la también comentada dimisión de su directora general de Salud Pública.

Lo mismo ha ocurrido con la aceptación inicial, para rechazarlo 24 horas después, de un confinamiento de Madrid que finalmente ha derivado en estado de alarma y que los populares han llevado a los tribunales aunque el PP sí lo apoya en otras regiones.

Todo es ruido mientras la gestión diaria indica que el sistema sanitario madrileño está colapsado y los casos no paran de crecer mientras ella lo fía todo a un hospital de pandemias que nadie, aparte de las constructoras que se lucraron con la trama Gürtel, había demandado.

Es el trumpismo español. Y coge fuerza porque al votante no le importa. Es decir, la sociedad ya está tan polarizada la sociedad que esto se ha convertido en defender a los tuyos capa y espada y criticar a los otros digan lo que digan, aunque en el fondo apruebes parte de su mensaje. Y esto vale tanto para la izquierda como para la derecha. Pero en el caso que tratamos, la última argucia de M.A.R, además, es la de presentar a Ayuso como la víctima de los ataques del Gobierno central, la convierte en una heroína de la derecha. Una audacia que está dándole aún más réditos al jefe de gabinete que está aupando a Ayuso a los altares de la derecha.

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