Lo que revelan las palabras que usas a diario sobre ti

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Nuestras palabras no solo expresan lo que pensamos, también reflejan lo que callamos. [Foto: Getty Images]
Nuestras palabras no solo expresan lo que pensamos, también reflejan lo que callamos. [Foto: Getty Images]

La personalidad se refleja en todo lo que hacemos. Nuestras decisiones, actitudes y comportamientos revelan quiénes somos. Nuestras palabras también. Las palabras no solo sirven para expresar lo que sentimos o pensamos, también reflejan nuestra personalidad y a veces incluso los impulsos más recónditos.

De hecho, Sigmund Freud creía que el discurso cotidiano, especialmente los errores que ahora conocemos como “deslices freudianos”, podía revelar información importante del inconsciente, generalmente oculta para nosotros mismos pero decisiva para nuestro equilibrio emocional.

No andaba desacertado. Nuestra manera de expresamos, las palabras que elegimos y la frecuencia con que las usamos comunican muchos detalles sobre nuestro estado de ánimo, valores, deseos y personalidad.

¿Eres introvertido o extravertido? Tu discurso lo desvelará

Los extravertidos hablan más y más rápido. [Foto: Getty Images]
Los extravertidos hablan más y más rápido. [Foto: Getty Images]

Hace unos años, un grupo de investigadores de la Universidad Libre de Ámsterdam comprobó que las personas introvertidas y las extravertidas usan el lenguaje de manera muy diferente. Pidieron a 40 personas que miraran fotos de diferentes situaciones sociales y describieran en voz alta lo que estaba pasando.

Descubrieron que los extravertidos no solo hablan más y más rápido, sino que su lenguaje suele tener un carácter más general y espontáneo, mientras que los introvertidos hablan en términos más concretos y específicos. Una persona extrovertida diría: “el informe es excelente” o “vamos a comer algo” mientras que un introvertido diría: “el informe es muy detallado” o “vamos a comer una hamburguesa”.

Otro estudio realizado en el Instituto Tecnológico de Illinois comprobó que los extravertidos también suelen usar más términos relacionados con las normas, la seguridad y las certezas, como “inmediato”, “normalmente”, “suficiente”, “particular” o “seguramente”.

En cambio, los introvertidos prefieren usar palabras que sugieren eventos incompletos, inciertos o dudosos, como “quizás”, “nadie”, “intentar”, “excepto”, “algo”, “durante” o “apenas”. Las personas que utilizan estos términos con frecuencia también suelen ser más cautas e indecisas.

Obviamente, usar palabras como “siempre” o “nunca” transmite más seguridad a quien escucha, pero también puede ser un indicador de impulsividad, falta de reflexión o exceso de confianza ya que expresan una inmutabilidad ajena a los cambios constantes de la vida.

Las personas introvertidas también usan más artículos (él/la) porque en sus discursos suelen referirse más a objetos o eventos específicos, e incluyen más términos cuantificables y adverbios de cantidad. El uso de esas palabras también denota a personas más detallistas, conscientes o incluso con rasgos obsesivos.

Las palabras que indican flexibilidad mental o inestabilidad emocional

Las palabras son una “ventana al alma”. [Foto: Getty Images]
Las palabras son una “ventana al alma”. [Foto: Getty Images]

Las palabras que usamos también ponen al descubierto otros aspectos de nuestra identidad, como la apertura mental. Por ejemplo, las personas con una mentalidad más flexible suelen usar más términos relacionados con los sentidos, lo cual revela que se encuentran abiertas al mundo y atentas a las experiencias que viven, dejándose influenciar y cambiando a partir de estas.

El uso de palabras para expresar equilibrio o matices, como “excepto” o “pero”, suele revelar una mayor complejidad cognitiva, de manera que estas personas suelen desempeñarse mejor en tareas intelectuales. También suelen ser más fiables y minuciosas.

En cambio, las personas con tendencia al neuroticismo suelen usar palabras de connotación más negativa y enfocadas en la angustia emocional. Un estudio realizado en la Universidad de Colorado reveló que estas personas suelen usar muchos adjetivos negativos en su conversación, como “horrible”, “deprimente”, “terrible” y “estresante”, en vez de recurrir a sustantivos que se limitan a describir los eventos negativos.

Las personas estables emocionalmente suelen articular más su discurso alrededor de los hechos, usando palabras de valencia más neutra. Por ejemplo, una persona estable emocionalmente que ha tenido un pequeño accidente diría: “he tenido un accidente” y quizá añadiría: “he sentido miedo”. Una persona neurótica diría: “ha sido terrible, pensé que estaba a punto de morir”.

Los adjetivos negativos son un reflejo del caos emocional interior ya que estas personas suelen interpretar las situaciones neutras de la vida cotidiana como amenazantes y las pequeñas frustraciones se convierten en obstáculos desesperantes. Su discurso suele girar alrededor de esa angustia emocional.

Lo que cuentan las palabras que no podemos manipular

Los pronombres indican dónde centra su atención la persona. [Foto: Getty Images]
Los pronombres indican dónde centra su atención la persona. [Foto: Getty Images]

Cuando deseamos transmitir cierta imagen, somos más cuidadosos al hablar. Seleccionamos los sustantivos y verbos que consideramos más apropiados. Sin embargo, no solemos prestar tanta atención a los artículos y pronombres. Esos términos pueden determinar el estilo de un texto o un discurso, pero están menos sujetos a la manipulación consciente.

El psicólogo James Pennebaker se dio cuenta de ello. Tras analizar 400.000 textos, incluidos ensayos de estudiantes universitarios, mensajes de pareja, discusiones en chats y transcripciones de conferencias de prensa, concluyó que las palabras funcionales revelan mucho más que las palabras de contenido y son clave para comprender el estado emocional o captar determinados rasgos de personalidad.

Las palabras de contenido son los sustantivos, verbos, adjetivos y la mayoría de los adverbios, que transmiten la esencia de la comunicación. Las palabras funcionales y de relleno ayudan a articular y enmarcar el lenguaje. Los pronombres, artículos, preposiciones, conjunciones y verbos auxiliares son el tejido conectivo del lenguaje, de manera que pueden ser realmente una “ventana al alma”.

Los pronombres, por ejemplo, indican dónde centra su atención la persona. El uso del pronombre “yo” es un signo de autoenfoque. Si alguien nos pregunta por el tiempo, podríamos limitarnos a constatar que “hace frío” o decir “siento frío”. Ese “siento” indica que estamos centrados en nosotros y en nuestras sensaciones.

Curiosamente, las personas deprimidas usan la palabra “yo” con más frecuencia que las personas emocionalmente estables, lo cual indica un exceso de ensimismamiento y aislamiento social. Cuando Pennebaker analizó poemas de escritores que se suicidaron, no encontró palabras de contenido más “oscuro” y negativo, sino diferencias significativas en la frecuencia de uso de pronombres autorreferenciales. Muchas veces, usar demasiado el “yo” en una conversación es una señal de inseguridad, sensación de amenaza y actitud defensiva porque solemos replegamos en nosotros mismos cuando sentimos que estamos en peligro.

En resumen, “no hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras”, como escribiera el filósofo Juan Luis Vives. Nuestras palabras no solo expresan lo que pensamos, a menudo también reflejan lo que callamos. Aprender a escuchar su mensaje oculto nos permitirá comprender mejor a nuestro interlocutor, ser más empáticos y, por supuesto, dominar el arte de la palabra.

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