¡No te lo creas! Los abstemios (voluntarios) del gluten no se cuidan más

Las deficiencias nutricionales de la ‘Clean Diet’

Si no eres celiaco no deberías comer sin gluten. (Foto: Getty)

La fiebre del “sin” nos invade, para estar sano y ser fit (lo que se lleva ahora) en la cesta de la compra todo tiene que ser sin azúcar, sin grasa, sin lactosa, sin gluten…. ¡Vale ya! El cuerpo necesita de todos los grupos de alimentos para estar bien nutrido y si no le aportamos ciertas sustancias aparecerán afecciones o enfermedades.

Pero claro, a las puertas del verano y del destape, son muchas las dietas que aparecen con la promesa de hacernos bajar los kilos que nos sobran y estilizar nuestra figura.

Entre ellas, hace tiempo que destaca la llamada ‘Dieta limpia’ (Clean diet, en inglés) que promueve el consumo de alimentos y productos libres de grasas trans, azúcares e incluso lactosa y gluten.

Muchas personas han decidido por voluntad propia eliminar el gluten de su dieta. Lo hacen con la convicción que esta proteína es nociva para la salud. (Foto: Flickr/Wolf G)

Por ello, tal y como publica The Sun, la Sociedad Nacional de Osteoporosis de Reino Unido advirtió de que los jóvenes que siguen este tipo de dietas están privándose de muchos micronutrientes esenciales para su salud, especialmente para la ósea.

En esta dieta se eliminan grasas malas y se opta por verduras, proteína limpia e hidratos integrales y de bajo índice glucémico. Así se come “limpio” sin grasas ni azucares nocivos. Sin embargo, si se lleva al extremo resulta muy restrictiva ya que se eliminan muchos alimentos que supuestamente contienen elementos nocivos (gluten, lactosa, grasas, etc), lo cual resulta muy peligroso.

Por ejemplo, este tipo de alimentación podría multiplicar los casos de osteoporosis y fracturas de huesos que pueden surgir por ‘cortar’ con los lácteos debido a la falsa creencia de que la lactosa es mala, dejando así de ingerir unas de las fuentes de alimentos principales de calcio.

Como nos explica explica David Sanchís, dietista-nutricionista de la Clínica Densicorp y experto de Doctoralia, “en mujeres menores de 25 años ya se están observando niveles muy bajos de calcio, con el perjuicio que supone no proporcionar al cuerpo lactosa ni vitamina D”.

También los productos sin gluten se han consolidado como una categoría diferenciada en los puntos de venta de alimentos. La oferta de productos sin gluten creció un 136% entre 2013 y 2015. Si bien esto facilita la vida a las personas celíacas, este tipo de alimentación es cada vez más popular entre personas a quiénes no se ha diagnosticado el trastorno, con los problemas para la salud que esto puede conllevar.

“Quitar un alimento a largo plazo sin ninguna necesidad acarrea anemias de hierro y/o calcio, y favorece la aparición de patologíascomo la osteoporosis”, añade Sanchís.

Los alimentos libres de gluten carecen de nutrientes valiosos como vitaminas y minerales y son bajos en fibras. Foto: Flickr / Joel Gillman

De hecho, la tendencia a eliminar el gluten de la dieta simplemente porque piensas que te ha sentado mal algo que hemos comido, podría aumentar el riesgo de desarrollo de diabetes tipo 2 y otras enfermedades crónicas.

Y es que el gluten es la proteína fundamental de los cereales más comunes: trigo, avena, centeno y cebada. Eliminar estos granos de la dieta sin un diagnóstico médico (por una cuestión de moda) tiene importantes efectos secundarios.

 

¿Sabes la diferencia entre intolerancia o sensibilidad?

La intolerancia al gluten se produce en personas predispuestas genéticamente que en algún momento de su vida y por algún mecanismo aún desconocido, cuando ingieren gluten, desarrollan la enfermedad.

Existe otra patología denominada sensibilidad al gluten no celíaca, aún poco estudiada. Estos pacientes no toleran el gluten pero pueden ser diagnosticados de celiaquía según las definiciones actuales. Ambos grupos tienen síntomas similares. Los síntomas digestivos de la enfermedad celíaca son: diarrea, dolor abdominal, hinchazón después de comer, náuseas y vómitos, astenia, anorexia o pérdida de peso.

“Hay una tendencia a eliminar el gluten de la dieta sin un diagnóstico que corrobore esta certeza, simplemente porque quizás ha sentado mal algo que hemos comido”.

Entre los síntomas no digestivos están la anemia ferropénica crónica, las alteraciones menstruales, los abortos de repetición, los trastornos de la coagulación, e incluso los trastornos psiquiátricos.

“Si una persona detecta estos síntomas debe acudir a un médico especialista para que realice un diagnóstico sobre la existencia o no de celiaquía”, aconseja el Dr. Federico Argüelles Arias, experto de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y especialista de Aparato Digestivo de la Unidad de Aparato Digestivo Intercentros de los Hospitales Virgen de la Macarena y Virgen del Rocío de Sevilla.

Hay una tendencia a eliminar el gluten de la dieta porque creemos que algo nos ha sentado mal sin un diagnóstico que corrobore esta certeza. ¡Consúltalo primero con el especialista! (Foto: Getty)

Sin embargo, advierte el experto, “no se puede retirar el gluten sin el diagnóstico de un especialista”. La no ingestión de gluten en personas sanas puede tener efectos secundarios.

Según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard en Boston (EE.UU.), las dietas sin gluten no solo no son beneficiosas para la población sin enfermedad celíaca, sino que pueden aumentar el riesgo de desarrollar diabetes del tipo 2. Y esto es debido a que los alimentos libres de gluten contienen, por lo general, menos cantidad de fibra dietética y de otros micronutrientes, por lo que son menos nutritivos.

Existen dos principales grupos de riesgo donde identificar la celiaquía: los familiares de enfermos celíacos y los pacientes con enfermedades asociadas a enfermedad celíaca. Los familiares de primer grado constituyen un grupo de riesgo elevado en el que la prevalencia de enfermedad celíaca oscila entre el 5 al 15%.

Las enfermedades asociadas (dermatitis herpetiforme, hipo e hiper tiroidismo, enfermedades hepáticas, diabetes, osteoporosis, lupus y vitíligo, entre otras) suelen preceder a la enfermedad celíaca, aunque también pueden manifestarse simultáneamente e incluso después del diagnóstico.

Entonces, ¿cuál sería la dieta ideal, la más sana?

Para comer bien, según Sanchís, basta con seguir los dictados de la dieta mediterránea pero “preservando los alimentos de origen vegetal, sobre todo las legumbres, las carnes magras (de 2 a 3 raciones a la semana) y el pescado (3 raciones de blanco y 2 de azul)”. En cuanto a las frutas “no conviene abusar, con 2 o 3 piezas al día bastaría”.

Con respecto a las verduras, conviene que sepas que “es importante tomar un plato generoso al día (unos 150 gr), crudo y en ensaladas, pero legumbres como las habas, los frijoles o los guisantes te aportarán muchos nutrientes. Y si no puedes prepararlo en el momento, tira de congelados, envasados o platos preparados, ¡no todos son malos! La clave está en saber elegir”.

Tampoco deben faltar la pasta y el arroz; “lo de no tomar hidratos es otro error grave, apunta el dietista, hay que tomarlos a diario. Incluso el pan es importante (una ración moderada)”. 

Estas recomendaciones generales junto con una vida activa sería, según el experto de Doctoralia, la mejor manera de cuidarse. “Es importante realizar algún tipo de ejercicio cardiovascular, además de caminar o nadar. Lo suyo es dedicar 2 o 3 días a la semana a una actividad aeróbica y al menos un día de tonificación, estimiramiento o resistencia”.

También te puede interesar:

Enfermarás si te empeñas en dejar de comer (aun siendo celíaco) estos alimentos

El mes de nacimiento predice tu tolerancia a los alimentos