¡Que no! El 'barrunto atmosférico' no existe (y al revés tampoco), no te duelen los huesos por el mal tiempo

Desmontan la teoría de que la lluvia y el frío empeoran los dolores articulares

 No es (del todo) cierto que los cambios bruscos de temperatura, humedad y presión atmosférica afecten a la salud. (Foto: Getty)
No es (del todo) cierto que los cambios bruscos de temperatura, humedad y presión atmosférica afecten a la salud. (Foto: Getty)

Cuántas veces habremos oído eso de que va a cambiar el tiempo porque a la abuela o la vecina le duele la rodilla, el pié o el codo. Este tipo de pronósticos son muy habituales en las personas que padecen migrañas, tienen cicatrices o que se han fracturado un hueso en algún momento de su vida. También en aquellas que sufren problemas vasculares, reuma o insomnio.

Y es que cada vez que cambia el tiempo de golpe parecen que nos salen todos los achaques, desde cefaleas hasta depresiones, pasando por el asma, el acné, la ansiedad o la fatiga.

Desde siempre hemos asociado el dolor muscular y de huesos a los cambios bruscos de temperatura, y en concreto, a la humedad, pero resulta que las condiciones meteorológicas adversas no influyen en los dolores de espalda o la artrosis. Y tampoco sería cierto eso de que el “dolor de huesos” es un indicador de que va a hacer mal tiempo.

Así lo confirma un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores del Instituto George de Salud Global en Sídney (Australia), cuya conclusión principal es clara: el mal tiempo no incrementa el dolor muscular y óseo.

Como explica Chris Maher, director de esta investigación publicada en la revista Pain Medicine, “la creencia de la existencia de una asociación entre el dolor y las inclemencias del tiempo se remonta a los tiempos del Imperio Romano. Sin embargo, nuestro trabajo sugiere que esta creencia podría basarse en el hecho de que la gente recuerda episodios que confirman sus puntos de vista preexistentes”.

Cuando hace malo estamos más sensibles y por eso tenemos la sensación de que nos duele más. (Foto: Getty Images)
Cuando hace malo estamos más sensibles y por eso tenemos la sensación de que nos duele más. (Foto: Getty Images)

Esta teoría se basa en la existencia de una relación entre los cambios en el clima (variaciones en la temperatura ambiental, la humedad, la presión atmosférica, el viento o las precipitaciones) y la aparición o la agudización de los síntomas del dolor de espalda o la artrosis.

Para demostrar que no existe tal relación causal, los investigadores analizaron los historiales médicos de casi 1.000 adultos australianos con dolor lumbar, y 350 con osteoartritis de rodilla.

Además, tuvieron en cuenta los datos de la Oficina Australiana de Meteorología durante el periodo de estudio, cuando se registraron temperaturas de entre 5,4 y 32,8 grados. Partiendo del clima en el momento en que los pacientes comenzaron a manifestar los síntomas, se remontaron, después, a las condiciones meteorológicas registradas una semana y un mes antes para observar una posible relación.

Los resultados mostraron la ausencia de una relación entre el dolor de espalda y la temperatura, la humedad, la presión atmosférica, la presencia de viento o las precipitaciones.

De hecho, y contraviniendo la creencia tradicional, el incremento de las temperaturas se asoció con un aumento, si bien mínimo y no estadísticamente significativo, de la probabilidad de sufrir un episodio de dolor lumbar.

“Los seres humanos somos muy susceptibles, por lo que es sencillo acordarnos más del dolor en los días fríos y lluviosos y olvidar aquéllos en los que tenemos los mismos síntomas pero el tiempo es benevolente y soleado”, señala el director del estudio.

Otra explicación científica es que simplemente las personas son más susceptibles a permanecer sentadas y sin movimiento durante días fríos, lo que trae su atención a cualquier problema de salud.

No existe justificación científica para asociar el mal tiempo al dolor lumbar. (Foto: Getty Images)
No existe justificación científica para asociar el mal tiempo al dolor lumbar. (Foto: Getty Images)

Por tanto, el clima no se considera un desencadenante de estas patologías sino que los síntomas dolorosos aparecen en personas con enfermedades preexistentes como la artritis reumatoidea o la artrosis. Una dolencia que puede aparecer en cualquier momento de la vida, aunque es más frecuente en las personas mayores.

En definitiva, deja de culpar al tiempo de la aparición de esos episodios de dolor y concéntrate en aquellos aspectos que puedes controlar para prevenir y manejar mejor los síntomas de la enfermedad como no realizar actividad física intensa o acudir al médico cuando los síntomas se prolonguen, en caso de que haya hinchazón o enrojecimiento de las articulaciones o si al dolor se asocian síntomas como fiebre o pérdida de peso.

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