Así debes reaccionar ante una subida de tensión puntual

·6 min de lectura
La tensión o presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias cuando el corazón bombea sangre. Si esta presión aumenta y permanece alta en el tiempo, puede dañar el cuerpo de muchas maneras. (Foto: Getty)
La tensión o presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias cuando el corazón bombea sangre. Si esta presión aumenta y permanece alta en el tiempo, puede dañar el cuerpo de muchas maneras. (Foto: Getty)

Aunque los aumentos bruscos en la tensión son más comunes en hipertensos, estén diagnosticados o no; cualquier persona es susceptible de tener subidas de tensión arterial, por ejemplo, tras una discusión acalorada o un impacto emocional fuerte.

Cuando la subida de tensión arterial se da de forma repentina, puede ser una señal de que algo en el organismo no marcha como debería. Es más, puede llegar a provocar distintos accidentes a nivel vascular o incluso la muerte. 

Lo normal es que se regule por sí sola, pero si a los pocos minutos de la subida, la tensión no se normaliza, significa que hay indicios de otras anomalías; y si estos niveles se acompañan de fuertes dolores de cabeza, o de un dolor en el pecho, dificultad respiratoria u otras manifestaciones graves, se debe acudir al médico para que descarte patologías graves.

Se considera que una persona tiene hipertensión o presión arterial alta cuando muestra unos niveles de 140/90 milímetros de mercurio (mmHg), que hace referencia al valor de la tensión arterial sistólica o máxima (que es la presión que ejerce el corazón sobre las arterias cuando se contrae) sobre el de la tensión arterial diastólica o mínima (la presión con la que se quedan las arterias cuando el corazón está relajado).  

Así, un registro de tensión arterial, por ejemplo, sería TA 120/80 mm Hg, y se lee “ tensión arterial de ciento veinte, ochenta” o simplemente “doce, ocho”, eliminando el último cero. Aunque una subida de tensión puntual no supone padecer una enfermedad, cuando esta permanece en el tiempo de forma sostenida, puede suponer un peligro para la salud.

Si la presión arterial es muy alta es posible que tenga dolores de cabeza inusualmente fuertes, dolor en el pecho o incluso dificultad para respirar y poca tolerancia al ejercicio, especialmente cuando se ha desarrollado insuficiencia cardíaca. Si aparece alguno de estos síntomas, se debe buscar ayuda inmediatamente. (Foto: Getty)
Si la presión arterial es muy alta es posible que tenga dolores de cabeza inusualmente fuertes, dolor en el pecho o incluso dificultad para respirar y poca tolerancia al ejercicio, especialmente cuando se ha desarrollado insuficiencia cardíaca. Si aparece alguno de estos síntomas, se debe buscar ayuda inmediatamente. (Foto: Getty)

Incluso es posible que una persona con una tensión normal y bien controlada que pase por algún cambio importante en su vida, laboral o personal, sufra una metamorfosis en el organismo y esto haga que la tensión se 'descompense'.

Por eso si alguna vez has sufrido una subida de tensión puntual es recomendable analizar tu rutina diaria, el ambiente de trabajo y el entorno general, personal, social y familiar. Puede que haya algo que esté provocando esas reacciones. Cuando te alteras, tu cuerpo tiende a producir adrenalina, una hormona que acelera los latidos del corazón, aumenta la tensión muscular y contrae los vasos sanguíneos. 

La ansiedad y el estrés también liberan otras hormonas, como el cortisol, que hace que se constriñan los vasos sanguíneos y aumente el ritmo cardíaco. Si estas condiciones te desbordan, experimentarás una presión arterial alta. 

El problema de las crisis hipertensivas es que muchas veces no avisan. Por lo general esta patología, que se conoce como el "mal silencioso", no causa síntomas hasta que se produce un daño significativo en el corazón. Sin síntomas visibles, la mayoría de las personas no saben que tienen presión arterial alta.

"Es verdad que hay personas que aseguran notar de todo cuando les sube la tensión –desde dolor en el pecho hasta palpitaciones, nerviosismo, molestias en la espalda, cefalea...–, pero también existen pacientes que se ponen a 220/140 mmHg y no notan absolutamente nada. Es más, suele ocurrir que personas que sufren un evento cardiovascular grave, cinco minutos antes de esa crisis se encontraban perfectamente", cuenta la doctora Nieves Martell, ex presidenta de la SEH-LELHA (Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial) y responsable de Medicina Interna del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

No obstante, hay algunas señales que pueden avisar de una subida de tensión arterial:

Frente a un subida de tensión puntual hay que actuar con rapidez; la persona debe ser atendida por un médico para que evalúe el cuadro que está sufriendo y determinar si se debe a una crisis de ansiedad o hipertensiva. 

En cualquier caso es de vital importancia bajarla rápidamente para evitar que se produzca cualquier complicación que ponga en peligro la vida. "La crisis hipertensiva puede tener consecuencias muy graves en los órganos diana más dañados por la hipertensión que son cerebro, corazón y riñón e incluso provocar la muerte", apunta la doctora Martell

La gravedad depende del estado general de quien la sufre, eso puede determinar si la persona será capaz o no de soportar una subida de tensión. "Si por ejemplo existe una insuficiencia cardíaca de base la crisis hipertensiva puede ser muy grave", aclara Martell.

De hecho, la hipertensión arterial puede contribuir al proceso de la aterosclerosis, que condiciona un estrechamiento de los vasos del cerebro con la consiguiente disminución del flujo sanguíneo (ictus). Pero también la hipertensión arterial puede conducir al debilitamiento de la pared del vaso sanguíneo, facilitando su dilatación y su rotura, con la consiguiente hemorragia cerebral.

Por tanto, mientras llega la ayuda médica hay que procurar que la persona no se ponga nerviosa. Es importante tranquilizar a la persona para que el nerviosismo no contribuya a elevar la tensión aún más. Para ello es conveniente colocar a la persona en una posición cómoda -evitando los movimientos bruscos- y comprobar su temperatura corporal. 

Si se esta en un lugar frío, se debe abrigar a la persona y si es posible, trasladarla a un lugar cálido. Esto se debe a que las bajas temperaturas aumentan la presión arterial. Si por el contrario hace mucho calor, se debe tratar de resguardarse en un lugar fresco. 

Es importante no olvidarse de medir los niveles para conocer el alcance del problema y poder decírselo al médico cuando llegue con el fin de tener un control. Y mientras dure la crisis hay que seguir haciendo todo lo posible para que la persona se serene y vaya recuperando su ritmo normal. Puedes aliviar esta tensión mediante la práctica de ejercicios para control de estrés: respiración, relajación muscular y paseos frecuentes. Si después de realizar estos pasos la tensión no ha bajado, habrá que acudir a urgencias de inmediato. Y si estos picos de tensión se producen de forma frecuente, el médico tendrá que derivar al paciente a una unidad específica de hipertensión para estudiar las causas secundarias asociadas a estos desequilibrios.

Por otro lado, aunque se haya superado la crisis, conviene poner en práctica otras medidas generales para que no se vuelva a producirse una subida de tensión puntual.

En este sentido es fundamental aprender a gestionar mejor el estrés y, en la medida de lo posible, evitarlo. Saber cómo calmar la mente en distintas situaciones y, en general, disminuir los niveles de tensión emocional, es la clave para regular esas subidas y bajadas tan peligrosas.

Dormir bien o darte un masaje también ayudan. Igual que el resto de medidas de prevención general como mantener un peso saludable o perder peso si tienes sobrepeso u obesidad, reducir el consumo de alimentos ricos en sal, evitar la ingesta de congelados y procesados, limitar la cantidad de alcohol que bebes o hacer actividad física con regularidad.

En cuando a la alimentación, hay más cosas que puedes hacer. Elige frutas, verduras, cereales integrales, aves, pescado y productos lácteos bajos en grasa. Procura obtener suficiente potasio de fuentes naturales, que pueden ayudar a reducir la presión arterial, y consume menos grasas saturadas y grasas trans. También ayuda reducir el consumo de postres y bebidas endulzadas, como refrescos y zumos.

Más historias que pueden interesarte:

El motivo por el que te mareas o desmayas al levantarte de golpe

7 formas naturales de bajar la presión arterial

El plan (de comidas) que puede ayudarte a prevenir un infarto

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente