Lo que debes hacer para evitar que te salgan venas rojas en la piel

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La cuperosis, que es una forma de rosácea, es con frecuencia la responsable de la aparición de rojeces y vasos sanguíneos visibles en la cara. Debido a la gran fragilidad e irritabilidad de la piel reactiva, que presenta una barrera superficial particularmente delicada y vulnerable a la radiación UV, los irritantes y los factores ambientales, este problema cutáneo no puede dejarse sin tratar. (Foto: Getty)
La cuperosis, que es una forma de rosácea, es con frecuencia la responsable de la aparición de rojeces y vasos sanguíneos visibles en la cara. Debido a la gran fragilidad e irritabilidad de la piel reactiva, que presenta una barrera superficial particularmente delicada y vulnerable a la radiación UV, los irritantes y los factores ambientales, este problema cutáneo no puede dejarse sin tratar. (Foto: Getty)

Hay personas con pieles sensibles y reactivas que tienen pequeños vasos sanguíneos visibles en el rostro, a menudo temporales. A simple vista se observan unos "finos filamentos arborizados, de color rojizo o purpúreo", que se distribuyen en las mejillas y en las aletas de la nariz. 

Cuando el rubor o enrojecimiento pasa de ser algo anecdótico y no tiene nada que ver con la vergüenza o el nerviosismo que sienten las personas tímidas ante determinadas situaciones, conviene obtener un diagnóstico más preciso acudiendo al dermatólogo. 

Sobre todo si aparecen señales como inflamación, líneas rojizas o eritema, ya que esto podría ser un indicio de cuperosis, una enfermedad de la piel que se confunde con la rosácea ya que comparten algunos síntomas y manifestaciones. 

Existen distintos grados e intensidades. Puede provocar brotes congestivos y un estado eritematoso que deja marcas visibles en forma de dilataciones vasculares o telangiectasias que van del rojo vivo al violeta azulado. Estas pequeñas venas rojas ramificadas en forma de tela de araña, visibles a través de la piel, se localizan principalmente en mejillas y nariz. En este caso, ya podemos hablar de rosácea con cuperosis.

El enrojecimiento de la piel causado por la dilatación de los vasos sanguíneos, puede ser cada vez más perceptible y extenderse con el tiempo, lo cual provoca malestar y angustia en quienes lo padecen. Prueba de ellos son las frases que suelen pronunciar los afectados por estas alteraciones: 

- “Cualquier cosa me pone la piel roja”. 

- “Tengo sofocos que me hacen enrojecer”. 

- “Las mejillas me arden”. 

- “Se me pone la nariz roja y parece que me pase el día bebiendo”. 

- “Siempre me dicen que tengo buena cara, pero siento que me lo dicen de forma peyorativa”.

A veces alcanzan también el mentón o barbilla e incluso pueden afectar a la frente, entrecejo y otras zonas como el cuello y el escote. Cuando estas dilataciones son alargadas (de 0.1 a un 1 mm de diámetro) se les denominan telangiectasias, su origen puede ser capilar, venoso o arteriolar. Sin embargo, este fenómeno puede empeorar con el tiempo y las manifestaciones cutáneas pueden volverse permanentes.

No solo el tono de la piel es menos uniforme, sino que la textura de la piel se vuelve más áspera. El enrojecimiento cutáneo se asocia a menudo con la picazón, el ardor y la sensación de escozor.

Aunque es un trastorno de origen genético y hereditario, hay determinados factores que favorecen la vasodilatación de los vasos de la cara. Conocer estos desencadenantes puede ayudar a controlar los síntomas y frenar su evolución. Se sabe, por ejemplo, que los trastornos digestivos, la hipertensión, la diabetes y ciertos problemas hepáticos, así como cambios hormonales, favorecen la dilatación superficial de los vasos sanguíneos de la dermis. Informar de ello a tu dermatólogo ayudará a optimizar el tratamiento aconsejado por los especialistas.

También es indispensable respetar algunas reglas prácticas para evitar que sus manifestaciones cutáneas se agraven y se vuelvan permanentes:

  • Evitar temperaturas extremas. Los cambios repentinos de temperatura o humedad (duchas con agua muy caliente en días fríos o inmersiones en una piscina fría tras un baño de vapor). Dúchate o báñate con agua tibia.

  • Utilizar protector solar a diario, todo el año. Los daños solares provocados durante años pueden hacer que la piel se vuelva cada vez más delicada, fina y sensible, y que aparezca enrojecimiento permanente y vasos sanguíneos perceptibles, especialmente en las aletas de la nariz.

  • Evitar las comidas picantes y los estimulantes como el café. 

  • Reducir la ingesta de alcohol.

  • No fumar.

  • Evitar el estrés y trata de controlar las emociones fuertes que a menudo se manifiestan en forma de sofocos. Las personas estresadas, nerviosas y emotivas son las que con más frecuencia presentan placas rojas en el rostro.

  • Protégete de la contaminación

  • Simplificar la rutina de cuidado para evitar la acumulación de múltiples productos. Tu dermatólogo se recomendará un producto adecuado o una crema hidratante anti-enrojecimiento.

  • No se recomiendan los cosméticos exfoliantes de tipo mecánico ni los peelings químicos, que resultan demasiado agresivos para una piel tan delicada como la tuya.

  • Un agua micelar o una leche desmaquillante sin aclarado, serían opciones adecuadas.

  • Adoptar una alimentación saludable basada en frutas y verduras rica en antioxidantes y vitaminas, principalmente C y del grupo B, que ayudan a fortalecer la piel y la pared de los pequeños capilares.

Cuando la piel sensible identifica estos factores lo interpreta como un ataque, entonces se liberan señales de alerta en forma de mediadores inflamatorios como las citoquinas y la histamina. Esto da lugar a una reacción en cadena que genera la vasodilatación, es decir, la hinchazón de la red de vasos sanguíneos de la piel. A su vez, esto puede causar sofocos, enrojecimiento de la piel y picazón.

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