Phoebe Cates, la promesa de los 80 que dejó el cine para dedicarse a su familia

Pedro J. García
·7 min de lectura

Los 80 fue una década fértil para la creación de iconos de la cultura popular. El cine, la televisión y la música generaron estrellas resplandecientes que o bien lograron sobrevivir al duro paso del tiempo en la industria o (la mayoría) se apagaron y se quedaron como un recuerdo nostálgico de aquella época.

Jamie Lee Curtis, Sigourney Weaver, Bruce Willis, Jennifer Connelly o Tom Cruise son algunos de los actores que, tras triunfar en los 80, han conseguido seguir muy presentes en la pantalla. Pero en la otra cara de la moneda nos encontramos a muchas estrellas olvidadas, intérpretes que prometían mucho pero desaparecieron de la faz de la Tierra. Una de ellas es Phoebe Cates, actriz que alcanzó la fama con Aquel excitante curso y Gremlins, pero abandonó por completo el cine a mediados de los 90 para dedicarse a su familia.

Phoebe Cates (AP Photo, Chris Pizzello, Gtres), Gremlins 2 (Warner Bros.)
Phoebe Cates (AP Photo, Chris Pizzello, Gtres), Gremlins 2 (Warner Bros.)

Detrás de la historia de una promesa y sex symbol de los 80 que se desvaneció por completo nos encontramos la de uno de los matrimonios más estables y longevos de Hollywood, el suyo con el actor Kevin Kline, con quien sigue más de 30 años después.

Phoebe Belle Cates nació en Nueva York el 16 de julio de 1963. El espectáculo corría por sus venas ya que pertenece a una familia con estrechos lazos a la industria. Su padre, Joseph Cates, fue un importante productor de Hollywood y un exitoso creador de televisión. Su tío, Gilbert Cates, era director y productor de la gala de los Oscar. Es decir, gracias a ellos partía con ventaja y los contactos adecuados para dedicarse al cine.

Con solo diez años, Cates empezó a trabajar como modelo infantil. Apareció en numerosas revistas, pero la moda no era su sueño, sino un trabajo repetitivo que hacía solo por dinero. Poco después estudió para convertirse en bailarina, pero también abandonó ese camino tras una lesión a los 15 años para dar el salto a la interpretación, a pesar de que a su padre, que conocía bien Hollywood, no le hacía mucha gracia que su joven hija se metiera en ese mundo.

Cates consiguió su primer papel en la película de 1982 Paradise, romance de época dirigido por Stuart Gillard que tuvo muy malas críticas. Con un argumento que recordaba sospechosamente al fenómeno de 1980 El lago azul, Cates se estrenaba en el cine haciendo escenas de desnudo frontal cuando todavía era menor de edad (tenía 17 años cuando se rodó la película). Unos años después, la actriz se arrepintió de haber hecho la película y se desentendió completamente de ella.

El mal trago de Paradise le duró poco, porque el mismo año aparecía en una de las películas más míticas de principios de los 80, Aquel excitante curso, donde alcanzaría el estatus de icono y objeto de deseo para millones de adolescentes. El film, protagonizado por Sean Penn, narraba las aventuras y desventuras de un grupo de jóvenes en su último año de instituto y es uno de los títulos más influyentes en el género adolescente, que viviría un enorme auge en aquella década gracias al cine de John Hughes.

El reparto incluía un buen número de intérpretes que pasarían a tener carreras de éxito, como Penn, Nicolas Cage, Forest Whitaker, Jennifer Jason Leigh, Eric Stoltz o Anthony Edwards. Cates, por su parte, no tendría un futuro muy longevo en la industria, pero entraría en la historia del cine con esta película, gracias precisamente a un desnudo que marcó a una generación, en la que su personaje emerge de la piscina y se desabrocha su memorable bikini rojo mostrando los pechos. En este caso, Cates no renegó de la película, que a día de hoy es considerada como una de las más importantes del género coming-of-age y la comedia sexual.

Aquel excitante curso la lanzó a la fama y en aquellos años apareció en la portada de míticas revistas para adolescentes americanas como Seventeen o Teen Beat, sellando así su condición de nueva superestrella juvenil. En La hermana menor y Escuela privada... para chicas (ambas de 1983) siguió explorando su faceta como pin-up en comedias de alto contenido sexual, tras lo cual decidió embarcarse en proyectos de naturaleza más recatada y familiar. Llegaría entonces Gremlins, el gran éxito de 1984 donde interpretó a Kate Beringer, la novia del protagonista. Si Aquel excitante curso la convirtió en mito erótico, Gremlins la hizo más ampliamente conocida “para todos los públicos”.

No obstante, después de Gremlins no volvió a recaer en un proyecto tan grande, salvo su demencial secuela, Gremlins 2: La nueva generación, en la que volvía como Kate. Con películas olvidadas como Cita con un ángel muy especial, Noches de neón, Shag, ritmo en los talones, El color del odio o Fred, la estrella de Cates se fue apagando.

En 1994 protagonizó su última cinta, La princesa Caraboo, donde compartió cartel con su marido, Kevin Kline. Fue entonces cuando tomó la decisión de dejar el cine para cuidar a sus hijos, Owen y Greta (nacidos en 1991 y 1994 respectivamente), mientras su marido continuaba con su carrera en Hollywood.

Phoebe y Kevin se conocieron en 1983 durante un casting para la película Reencuentro. Él consiguió el papel, pero ella no. Los dos tenían pareja, pero congeniaron instantáneamente y dos años después empezarían una relación romántica. Con una diferencia de edad de 16 años, la pareja se casó en 1989 -el mismo año que Kline ganó el Oscar por Un pez llamado Wanda. Ella tenía 25 y él 41. Después de La princesa Caraboo, la pareja se mudó al exclusivo Upper East Side de Manhattan, donde Cates decidió tomarse un descanso de la interpretación que acabaría siendo permanente.

Según los rumores, el matrimonio había hecho un pacto por el cual alternarían sus proyectos en el cine para que uno de ellos estuviera siempre presente en el crecimiento de sus hijos. Sin embargo, cuando le tocó a Cates separarse de su familia, ella decidió rechazar los papeles que le ofrecían, prefiriendo quedarse en casa con sus dos niños. Y así, la actriz (o mejor dicho, exactriz) eligió su familia por encima de la fama.

Solo dos proyectos le hicieron dejar temporalmente su retiro de la interpretación, The Anniversary Party en 2001, película indie para la que volvió como favor a la codirectora, su amiga desde Aquel excitante curso, Jennifer Jason Leigh; y el videojuego LEGO Dimensions en 2015, para el que prestó su voz retomando a su personaje de la saga Gremlins, Kate Beringer. Al margen de estas dos excepciones, Cates ha permanecido alejada de los focos, salvo por los eventos públicos y ceremonias de premios a las que ha acompañado a su marido, y que nos han permitido volver a verla a pesar de que no la tengamos en nuestras pantallas desde hace tiempo. Eso sí de vez en cuando los neoyorkinos pueden verla en su tienda. La exactriz abrió una boutique en Nueva York en 2005 y aunque actualmente está cerrada debido a la pandemia, la familia al completo aparece a menudo en el Instagram oficial posando las prendas.

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Este año, Cates y Kline han celebrado su 31º aniversario como matrimonio. La pareja sigue felizmente casada, desafiando así los estereotipos de Hollywood con una relación estable y duradera. No sabemos cómo habría sido la carrera y la vida de Cates si no hubiera dejado de actuar, pero al menos parece que en lo personal le va bien, y en lo profesional puede presumir de una carrera que, aunque breve, dejó huella en el cine gracias sobre todo a su papel en Aquel excitante curso.

Como prueba de ello, recordemos que Cates es mencionada varias veces en el fenómeno nostálgico de Netflix Stranger Things como la mujer de los sueños de Dustin y de toda una generación. Y no solo eso, sino que llega a aparecer en forma de recorte de cartón de su mítica escena de la piscina. Desde luego, aquel bikini rojo se quedó grabado para siempre en la memoria de muchas personas durante los 80.

Con sus hijos ya mayores y una tercera película de Gremlins gestándose desde hace tiempo, no os engañaría si os dijera que me encantaría que volviera, aunque fuera solo por un momento, para interpretar de nuevo a Kate. Y ya por pedir, un cameo (esta vez de carne y hueso) en Stranger Things también sería genial. Ella no parece muy interesada, pero por soñar que no quede.

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Fuentes: Looper, Eighties Kids, SimpleMost