Qué fue de Linda Fiorentino, la promesa de los 90 que desapareció de la faz de la Tierra

Pedro J. García
·15 min de lectura

Son muchos los intérpretes de los 90 que apuntaron hacia las estrellas, pero se quedaron a medio camino. Rostros que aparecieron en muchas películas durante esta década y posteriormente salieron del radar, a pesar de que parecían destinados a comerse el mundo. Hay muchos, pero un caso que llama especialmente la atención es el de la actriz de Men in Black y Dogma Linda Fiorentino, que de promesa del cine pasó a desvanecerse por completo de la industria en 2009.

Y la suya es una historia especial porque alrededor de ella hay muchas incógnitas y teorías, incluidas numerosas enemistades con compañeros de trabajo, reputación como actriz difícil y hasta un asunto escamoso con el FBI. Pero claro, sabiendo lo que sabemos ahora tras el caso de Harvey Weinstein y tantos otros, cabe pensar si fue quizá una de las víctimas del Hollywood machista o hay una conspiración mayor detrás de su retirada del ojo público. Veamos qué fue de Linda Fiorentino, una actriz con una gran carrera por delante que prefirió esconderse de Hollywood y del mundo.

Linda Fiorentino (RadialRP; Gtres)
Linda Fiorentino (RadialRP; Gtres)

En una época del cine en la que triunfaban protagonistas amables de comedia romántica como Julia Roberts o Meg Ryan, Linda Fiorentino consiguió despuntar como una de las grandes femme fatales de la década. Su atractivo magnético y voz penetrante la ayudaron a labrarse la reputación de seductora misteriosa y le abrieron las puertas de un Hollywood que necesitaba un reverso oscuro, pero igualmente sexy, de la sonrisa de Julia Roberts.

Originaria de Filadelfia, Linda (de nombre real Clorinda) estudió Ciencias Políticas y se preparaba para ser abogada cuando decidió cambiar de planes y perseguir una carrera como actriz a mediados de los 80. Su primer papel fue en la romántica Loco por ti, donde compartía cartel con Matthew Modine. Poco después trabajó a las órdenes de Martin Scorsese con un pequeño papel en Jo, qué noche, colocando así unos cimientos sólidos para una carrera que no tardaría en despegar, pero que pronto también le pondría sus primeros obstáculos.

A lo largo de los 90, Fiorentino participó en varias producciones desechables, pero fue una película en concreto la que la colocó en el mapa, atrayendo la atención de todo el mundo y proporcionándole la etiqueta de femme fatale heredera de Lauren Bacall o Barbara Stanwyck. Estoy hablando por supuesto de La última seducción, mítico film de 1994 que la lanzó al estrellato y que pasó a la historia como uno de los grandes guilty pleasures de los 90. Tras el éxito de Instinto básico en 1992 (película para la que, por cierto, también hizo el casting), el thriller erótico se puso de moda y La última seducción se sumó a esta tendencia causando bastante revuelo en Estados Unidos.

Debido al desinterés de las distribuidoras, la película no se estrenó originalmente en salas de cine, sino que fue a parar a televisión, concretamente a HBO, cuando todavía era un canal conocido sobre todo por su programación de alto voltaje sexual, y no por las ficciones de prestigio que produciría más tarde. Por aquel entonces, estrenar una película directamente en televisión era sinónimo de mala calidad, pero el hecho de que fuera rechazada para estrenarse en cines no hizo sino aumentar la curiosidad por ella. La última seducción sorprendió a muchos por su inteligente humor negro, sus diálogos afilados y, sobre todo, por la interpretación de Fiorentino como Bridget Gregory, una suerte de dominatrix irresistible, inteligente y manipuladora que aportaba una nota diferente de poder a la figura de la mujer fatal. Su trabajo le valió el Independent Spirit a mejor actriz y el premio de la crítica de Nueva York, llegando incluso a sonar como posible candidata al Oscar (aunque no llegó a ser nominada).

La última seducción se ganó pronto el favor del público y su éxito en televisión la llevó a ser estrenada en cines, -donde sobresalió en una cartelera predominantemente familiar-, y posteriormente en formatos de vídeo doméstico. Aunque parecía abocada al olvido, la audiencia supo reconocer en ella un thriller estimulante y hoy en día es celebrada por un sector de los cinéfilos como uno de los mejores noirs de los 90. La película ha sido analizada en ensayos y libros, cuenta con un excelente 94% de críticas positivas en Rotten Tomatoes (BBC), y a pesar de no ser uno de los títulos más famosos de su época, se ha ganado cierto estatus de culto.

Y gran parte de la responsabilidad recae en Fiorentino. La actriz luchó por conseguir el papel, mientras grandes estrellas del momento lo rechazaban por ser demasiado antipático o desagradable. El estudio quería un nombre famoso, pero ninguna actriz se quería acercar a Bridget por miedo a que truncase sus carreras. Una de las productoras del film, Stacy Kramer (via BBC), recuerda aquello como un síntoma del machismo imperante en Hollywood. En los 90, los actores podían interpretar personajes malvados y oscuros sin que esto afectara en lo más mínimo a sus carreras, pero las actrices se arriesgaban a manchar su reputación si interpretaban ese tipo de papeles. Fiorentino, en cambio, no tenía miedo.

En una reveladora entrevista con el mítico crítico de cine Roger Ebert en 1995, contó que nunca había leído un personaje femenino tan especial: “Es muy raro ver a un personaje tan poderoso y carismático. No hay muchos personajes femeninos así. Es tan compleja, malvada y matizada en muchos sentidos. No se nos permite tener antagonistas femeninas, suelen ser castigadas. Pero a ella se le permitió ser fuerte”. El papel le atrajo tanto que, nada más terminar el guion, condujo seis horas para reunirse con el director, John Dahl, a quien le dijo no le permitía contratar a otra persona para el papel. La actriz decidió ignorar los consejos de una industria machista que quería que sus estrellas femeninas fueran princesas complacientes y no antiheroínas poco convencionales, lo que la convertía, vista ahora, en una adelantada a su tiempo.

Al principio la jugada le salió bien, porque su presencia en La última seducción atrajo la mirada de otros estudios que vieron en ella una estrella diferente en ciernes y empezaron a requerirla para interpretar a mujeres atractivas, dominantes y sofisticadas. Ella no dudó en cultivar esa imagen en pantalla aceptando ese tipo de papeles, aunque esto afectase a su vida privada: “Desde que salió La última seducción, he tenido unas cuantas citas y se puede ver la decepción en la mirada de los hombres que pensaban que iba a ser una acompañante caliente y enseñarles cosas raras, y descubren que soy una persona normal y no tengo tendencias al comportamiento sexual extraño” (RogerEbert.com).

Después de protagonizar varios thrillers, Fiorentino recayó en un producto diametralmente opuesto, la aventura familiar de ciencia ficción Men in Black (1997). La actriz necesitaba un nuevo éxito para mantenerse en el candelero tras La última seducción y la leyenda dice que consiguió el papel en una timba de póker con el director, Barry Sonnenfeld (ICON El País). A continuación encarnó a una doctora de una clínica abortista que resultaba ser la única descendiente de Jesucristo en Dogma (1999), de Kevin Smith. También compartió cartel con Kevin Spacey y Colin Farrell en Criminal y decente (2000) y secundó a Paul Newman en uno de sus últimos papeles en el cine, Donde esté el dinero (2000).

Pero entonces algo ocurrió. En ocho años, Fiorentino protagonizó solo dos películas más, En el punto de mira (2002) y Once More With Feeling (2009). Y después de esto, desapareció del cine sin dejar rastro. ¿Qué pasó?

Como ya he dicho, Fiorentino tenía fama de ser una compañera de reparto problemática. Las malas lenguas decían que era muy difícil trabajar con ella y, según cuentan, Tommy Lee Jones estipuló expresamente que solo volvería para la secuela de Men in Black con la condición de que ella no fuera invitada a participar en ella. Jones nunca dio explicaciones al respecto, pero los tabloides aseguraron que la razón era que había chocado con ella por la “naturaleza tempestuosa” de la actriz durante el rodaje de la primera entrega (RoberEbert.com), aunque también corrió el rumor de que había pedido demasiado dinero para hacer la secuela. En cualquier caso, su personaje fue eliminado y sustituido por Lara Flynn Boyle, otra actriz que también desapareció.

Las historias sobre la supuesta falta de profesionalidad de Fiorentino continuaron en sus siguientes trabajos, hasta que dejó de trabajar en Hollywood prácticamente de la noche a la mañana. Desde entonces, las cosas han cambiado mucho. El escándalo de Harvey Weinstein en 2016 dio paso a la era del #MeToo y el #TimesUp, impulsando a muchas mujeres a alzar la voz para hablar del acoso sexual, la discriminación y los abusos en Hollywood y en todos los ámbitos. Esto ha hecho que miremos el caso de Linda Fiorentino con otros ojos y nos planteemos si había algo más detrás de su repentina retirada del cine.

Muy reveladora es una entrevista de 1994 con David Letterman a raíz del estreno de La última seducción, cuando empezaba su ascenso a la fama. En ella, Fiorentino se presenta a sí misma como una mujer muy directa y sin pelos en la lengua, algo fría pero profundamente carismática y naturalmente seductora. En un momento de la entrevista, cuenta que robaba dinero de los clientes en el bar donde trabajaba con Bruce Willis (con quien compartió piso en sus inicios), una anécdota difícil de identificar como broma o realidad teniendo en cuenta su provocador sentido del humor. Pero lo más llamativo es cuando el presentador le pregunta por qué después de hacer su primera película, Loco por ti, dejó la actuación por un tiempo. Ella no duda en desvelar que fue porque uno de los productores de Warner Bros. (llegó incluso a dar su nombre) la llamó para decirle que había visto sus tomas del día y le comentó que “tenía un culo magnífico, pero sus jeans deberían estar más ajustados”. Antes del #MeToo, casi ninguna actriz se atrevía a contar este tipo de situaciones que se producían a diario en la industria del cine (como en tantas otras), pero Fiorentino se adelantó a este movimiento social exponiéndolo en televisión. La reacción de Letterman fue, por supuesto, convertirlo en chiste.

En 2000, poco antes de retirarse del cine, dio otra entrevista con motivo del estreno de Donde esté el dinero en la que habló sobre su complicada relación con Hollywood: “No es una relación de amor/odio. El aspecto de negocio sí es puro odio. Me encanta lo que se me ha permitido en cuanto a experiencias, emoción y dinero, además de la gente que he conocido y con la que he trabajado. Pero encuentro crueles a muchas de las personas en este negocio, me parecen poco interesantes, superficiales; prefiero pensar en ello como mi trabajo, y no como mi vida” (The Guardian). Aunque no entra en detalle, es fácil relacionar estas declaraciones con la historia que contaba cinco años atrás sobre el ejecutivo de Warner Bros. Y aquella no era la primera vez que expresaba su desprecio hacia esa faceta de su trabajo y cuestionaba a los hombres en el poder.

Estaba claro que Fiorentino no iba a ser una actriz sumisa, lo que muchos especulan como uno de los motivos por los que ella se desencantó con la industria y prefirió alejarse del cine antes de ser engullida por ella. Aunque como decía, el auge del #MeToo también ha hecho que muchos se pregunten si en realidad ocurrió algo más.

Su trayectoria está llena de rumores y anécdotas que la pintan como actriz conflictiva (en el rodaje de La última seducción enfadó a un productor al sugerir que cubrieran sus pezones con unos tirantes en una escena de desnudo, resultando en la eliminación de dicha escena y su paga de ese día). Pero ahora no podemos evitar mirarlo de otra manera y pensar que quizá fue simplemente una mujer que no consintió que la industria hiciera con ella lo que quisiera y decidió plantarle cara. Además de la entrevista de Letterman, muy significativo en este sentido es el caso de Dogma y los problemas que hubo tras las cámaras y durante la promoción de la película.

El guion se filtró antes del estreno y la Iglesia puso el grito en el cielo por su contenido altamente blasfemo y escandaloso. A consecuencia, Disney, que llevaba la distribución, se desvinculó del proyecto, que recayó en Miramax. Recordemos que esta es la compañía del todopoderoso magnate de Hollywood condenado por violación y delitos sexuales Harvey Weinstein. Pues bien, el estreno siguió adelante, pero no exento de nuevas polémicas. En la edición en DVD del film, Kevin Smith expresó su arrepentimiento por no haber dado el papel de Fiorentino a Janeane Garofalo y describió a la actriz como “un dolor en el culo”. Según el director, Linda se quejaba de tener demasiadas escenas y de pasar demasiado tiempo aislada en Pittsburgh, donde tenía lugar el rodaje.

En ese mismo audiocomentario, Smith desveló el monumental enfado de Fiorentino al ver el cartel oficial de Dogma, en el que pusieron su cabeza en el cuerpo de otra mujer que lucía un gran escote. A causa de esto, la actriz decidió no hacer promoción de la película (ICON El País). Más adelante se supo que el papel de Florentino se había reducido en el montaje final en favor de los demás personajes. Por aquel entonces, todo esto pasó desapercibido, pero hoy en día, en la era de las redes sociales y ante el nuevo clima social en Hollywood y el resto del mundo, haría sin duda saltar las alarmas. ¿Fue Fiorentino tachada de histérica y castigada por quejarse de ser objetificada sexualmente sin su permiso? En 2014, poco antes del escándalo Weinstein, Smith habló con Fiorentino tras sufrir un ataque al corazón y se disculpó por sus palabras. Parece que la actriz tenía motivos para enfadarse y no fueron justos con ella.

Estas y otras historias que hace más de una década parecían caracterizar a una mujer difícil y hoy en día se verían quizá como resistencia a una industria machista, desembocan en su retirada definitiva de la interpretación en 2009, después de la cancelación de varios proyectos. Pero no podemos dejar de mencionar un detalle importante que añade un giro muy extraño a su historia. Ese mismo año, la actriz se vio involucrada en el caso de Mark T. Rossini, exagente del FBI que jugó un papel clave en la búsqueda de al-Qaeda antes de los ataques terroristas del 11 de septiembre.

Rossini se declaró culpable de acceder ilegalmente a los ordenadores del FBI durante el juicio a Anthony Pellicano, investigador privado y “fixer” acusado de múltiples delitos por su actividad criminal en Hollywood. Fiorentino había tenido una relación con Pellicano y en ese momento estaba saliendo con Rossini. Según la acusación, la actriz pidió a Rossini que le buscase unos documentos confidenciales del FBI sobre Pellicano, porque estaba investigando para un papel en una película sobre él, a lo que este accedió, costándole una sentencia y su carrera; un escándalo que cambió sus vidas, pero que no tuvo mucha repercusión mediática (Newsweek).

Este sorprendente detalle hace que la leyenda de Linda Fiorentino sea aun más misteriosa. Una buena actriz que parecía destinada a tener un futuro brillante y sin embargo se marchó de repente por la puerta de atrás. Si más allá de su fama de compañera de rodaje inaguantable, muchos piensan que su desaparición del cine tiene que ver más bien con su negativa a conformarse a la cultura tóxica y machista de Hollywood, los hay que creen que hay una conspiración mayor detrás, algo que probablemente nunca sepamos a ciencia cierta.

Fiorentino cumplió 60 años el pasado mes de marzo y no parece interesada en volver a la actuación. Actualmente, el mundo escucha a las víctimas de acoso y abuso sexual que han roto su silencio sobre las prácticas de los hombres más poderosos de Hollywood, aplaude a actrices como Cate Blanchett o Jessica Chastain -mujeres que utilizan su plataforma para promover el feminismo y denunciar el sexismo y la objetificación- y pide perdón a Megan Fox por el tratamiento que recibió por parte de la industria y el público. Puede que haya algo de cierto en los rumores sobre el carácter de Linda Fiorentino, pero también es muy posible que se desproporcionasen por el mero hecho de que se negó a callarse en un negocio dominado por los hombres. En los 90 la llamaban difícil, hoy la llamaríamos empoderada.

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