Contra la psicología positiva y la felicidad tóxica

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Contra la felicidad tóxicaMatthew Sperzel

Son muchos psicólogos los que alertan de los peligros del pensamiento positivo, ese que nos hemos habituado a saborear al dar un sorbo de café en una taza que te asegura que hoy va a ser un gran día o al abrir un cuaderno que te dice que tú puedes con todo pese a que estés anotando en él un dato poco agradable. ¿Y si la industria de la felicidad, que se lucra haciéndonos creer que podemos enfrentarnos a los sentimientos negativos y ofrecer nuestra mejor cara al dominar los pensamientos negativos, no tuviera nada de inocente? ¿Y si en realidad abrazar nuestro lado menos 'smiley' fuera la receta para la (casi) felicidad?

“Muchos han afirmado que bajo su apariencia científica se esconde una psicología popular pensada por y para el mercado. Pero es ahí, precisamente, donde reside su espectacular éxito. La psicología positiva captura de forma inteligente y hábil ideas populares enraizadas en nuestra cultura sobre la psique, el bienestar y la salud humanas para devolverlas al imaginario colectivo presentadas en forma de gráficos, tablas, ecuaciones y hechos empíricos y objetivos. Esta estrategia ha permitido a la psicología positiva florecer de forma paralela al crecimiento de una enorme industria de la felicidad, a la creciente institucionalización de la felicidad en las esferas pública y privada, y a la introducción de los expertos del bienestar en los ámbitos de la política, de la educación, del trabajo, de la economía y, por descontado, de la psicoterapia en todas sus formas”, escriben la socióloga Eva Illouz y el psicólogo Edgar Cabanas a la hora de hablar de la economía de la felicidad en ‘Happycracia’.

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Michael Ochs Archives

En ‘Sonríe o muere’, Barbara Ehrenreich habla del daño que los mensajes “sentimentaloides” que le intentaban hacer creer que el cáncer de mama que le había sido diagnosticado era, en realidad, un regalo. Al estudiar esos supuestos estudios que aseguraban que los pensamientos positivos le ayudarían a sobrevivir, se topó con el hecho de que no solo eran dudosamente científicos, sino que no eran admitidos de forma universal por médicos, psiquiatras ni psicólogos.

Por ende, la positividad tóxica cree que una mentalidad positiva es mejor y que al margen de lo que ocurra, siempre hay que mostrar una actitud alegre. ¿El problema? Este comportamiento sugiere que las emociones negativas o dolorosas son malas, por lo que hemos de evitarlas, y es por eso por lo que terminamos por invalidar lo que sentimos. Por ese motivo, cuando nos asalta una emoción negativa, podemos sentirnos angustiados, enfadados, confundidos o culpables, llegando incluso a ocultar lo que estamos sintiendo para evitar que esa persona de sonrisa perenne nos juzgue. La obsesión por negar los momentos difíciles nos ha empujado a no permitirnos estar mal ni quejarnos. Seguro que alguno de tus familiares, amigos y/o compañeros de trabajo se caracterizan por invitarte siempre a “tirar pa’lante”, a ver el lado bueno de las cosas o incluso a pensar que “todo ocurre por algo” cuando simplemente quieres poder quejarte o no fingir felicidad supremo cuando el concierto de tu grupo preferido ha sido cancelado.

Precisamente ahora Kieran Setiya lanza una guía filosófica para afrontar las inevitables dificultades de la vida llamada, y lo sentimos por los amantes de la psicología positiva, ‘La vida es dura’. En filósofo cree que gran parte de la filosofía pasa por alto las formas en que la vida es inherentemente difícil y argumenta que solo al prestar atención a la adversidad podemos comenzar a explorar cómo vivir. En el libro no solo señala que la filosofía puede ayudarnos a dar sentido a estas experiencias, sino que se niega a invisibilizar la soledad, el duelo o el dolor. "¿Qué podemos decir ante la complejidad del duelo y su resistencia a la narración? De acuerdo con una larga tradición en la filosofía occidental, la respuesta es que el duelo es una patología, un problema por resolver. Pero el duelo no es un error y la filosofía no debería renegar de él", escribe el autor.

El psicólogo Victor Amat publica ‘Psicología punk’, un manual que echa por tierra el mito de la autoayuda y el pensamiento naíf y positivo. Es más: no verlo todo de color de rosa, ¿nos hace pesimistas o realistas? “No verlo todo de color de rosa es lo saludable. La vida, no es rosa, al contrario, la vida es un rosario lleno de espinas que nos hace apreciar la fragancia de la rosa. El valor y la belleza de esa rosa está detrás del hecho de que puede dañarte. Ser realista puede llevarte a ser pesimista u optimista, da igual, lo realmente importante, en mi opinión es que cada uno de nosotros lo verá a su manera, y todas pueden ser razonables”, asegura Amat.

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John Kobal Foundation

“No creo que se trate de ser negativos, se trata, más bien, de no ser naíf. Este concepto es importante, la felicidad no es un destino perpetuo a ser alcanzado. La clave, a mi modo de ver, es la de llevar una vida digna, de la que puedas estar razonablemente orgullosa y desde ahí, ser capaz de disfrutar de la fugacidad de la felicidad. ¡Cuánto sufrimiento hay detrás de la idea de que como no puedo mantenerme feliz, es porque debo ser idiota!”, señala el psicólogo.

Ambos coinciden en que la felicidad tóxica es peligrosa, e incluso Kieran arremete contra la esperanza, que asegura que por sí sola, "no hace absolutamente nada”. “Lo terrible es que alguien te haga pensar que puedes vivir sin miedo, sin sinsabores. Pretender una felicidad perpetua acabaría con la humanidad. Nadie, en su sano juicio, está feliz todo el rato, y si alguien pretende hacerte creer que eso es posible, te hallas frente a dos posibilidades: o es un psicópata al que nada le importan los demás o es un ingenuo que cree, de manera naíf, que si se repite un mantra suficientes veces, la magia ocurrirá. Lo dramático del asunto es que no sé determinar cuál de los dos es peor", explica Victor Amat.

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En contra de la industria de la felicidadHBO Max

La promesa de la felicidad y del buenrollismo… ¿Acaso no nos condena a la decepción y a la frustración? “La decepción está oculta detrás de la altura de las expectativas. Cuanto más alta es la expectativa, más grande puede ser la decepción. Sin embargo, la tristeza y la rabia que se hallan tras ella, no son malas, nos estimulan a tener en cuenta que no está mal moderar los propios anhelos para no darnos muy fuerte al caer”, señala.

La próxima vez que tu prima Encarna te diga que la felicidad depende de ti, te invitamos a que le acerques una tacita (de Mr Wonderful, claro) llena de tila y abandones la conversación permitiéndote decir en alto algo: que no es tu día, que estás harta o sencillamente, que disfrute de sus sonrisas inalterables mientras te vas a echar pestes con la tranquilidad de saber que la felicidad no es un estadio inalterable, que no eres culpable de cada tropiezo y que no pasa nada por no repetir las frases positivas que viste en Pinterest cada vez que algo no sale como esperas. Eso sí que es liberador, y no fingir una sonrisa cada vez que pierdes el autobús.