La protagonista de 'Dirty Dancing' arruinó su carrera por un consejo de su madre

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Patrick Swayze y Jennifer Grey en 'Dirty Dancing' credit:Bang Showbiz
Patrick Swayze y Jennifer Grey en 'Dirty Dancing' credit:Bang Showbiz

Tras el inesperado éxito de 'Dirty Dancing', una película de bajo presupuesto que nadie esperaba que se convirtiera en un clásico de culto, todo hacía presagiar a que su protagonista Jennifer Grey tenía por delante una carrera tan larga y fructífera como la que acabó construyendo su compañero de reparto Patrick Swayze. Sin embargo, ese no fue el caso. El motivo de su 'fracaso' fueron dos rinoplastias que cambiaron por completo su aspecto e hicieron que su amigo Michael Douglas no la reconociera cuando coincidieron en una alfombra roja.

"Gasté mucha energía tratando de averiguar qué había hecho mal, por qué fui desterrada del reino. En realidad eso es mentira. Me desterré a mí misma. De un día a otro, me volví invisible, y se convirtió en un problema. A ojos del mundo, yo ya no era yo", ha recordado en una entrevista a People.

Lo más irónico de toda la situación es que Jennifer se había resistido durante años a pasar por quirófano para operarse la nariz porque sentía "que era lo suficientemente guapa" y, cuando por fin lo hizo, tuvo claro que estaba cediendo a la presión "del enemigo".

Quien la hizo cambiar de opinión fue en gran parte su madre, que había trabajado como actriz antes de casarse con el padre de Jennifer, la estrella de 'Cabaret' Joel Grey, y que le había repetido desde niña que, con su nariz, no conseguiría triunfar.

"Ella me quiere, me quería, siempre lo ha hecho, y fue pragmática porque me decía: '¿Adivina qué? Es muy difícil que te den un papel. Pónselo un poco más fácil'", ha recordado.

En defensa de su madre, Jennifer reconoce que jamás le dijo que no fuera guapa, sino que le habló con una franqueza absoluta de los estándares de belleza imposibles que se esperaban entonces -y ahora- de las estrellas de cine.

"Me decía: '¿Adivina qué? Si no quieres ser actriz, me parece perfecto. Pero si quieres serlo...'. Pero cuando yo era pequeña, estaba completamente en contra de la rinoplastia. Quiero decir, era como mi religión. Me encantaba que mis padres lo hubieran hecho [someterse a rinoplastias]. Entiendo que eran los años 50 y estaban tratando de encajar. Sé que entonces tenías que hacer ciertas cosas, como cambiarte el nombre, y se consideraba algo normal".

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