La primera mujer en cruzar nadando el Canal de la Mancha y lo hizo en menos tiempo que los hombres

Los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del XX fueron determinantes para que numerosas mujeres destacasen en diferentes áreas (profesionales, sociales, políticas, deportivas…), creándose infinidad de grupos feministas y pro-sufragistas con el fin de acabar con la distinción de géneros.

Gertrude Ederle fue la primera mujer en cruzar nadando el Canal de la Mancha, en 1926, y lo hizo en menos tiempo que los hombres (imagen vía Wikimedia commons)

Ello llevó a que muchos fuesen los nombres de mujeres que destacaron en aquella época, realizando cosas que, hasta entonces, no se les había permitido hacer. Desafortunadamente, con el paso del tiempo muchas de ellas han quedado en el olvido y no aparecen en la mayoría de libros de Historia.

Gertrude Ederle fue una de ellas. Se convirtió en inmensamente popular durante las décadas de 1920 y 1930, pero en la siguiente quedó en el olvido y apenas se ha publicado sobre sus gestas (que son numerosas y extraordinarias), siendo prácticamente una desconocida en la actualidad.

Nació en Nueva York en 1906 y pertenecía a una familia de clase trabajadora (eran seis hermanos). Sus progenitores eran inmigrantes alemanes y con el tiempo el padre consiguió abrir una carnicería en Manhattan, con la que sacó a su numerosa familia, prosperando con los años.

Según relatan algunos cronistas, de pequeña Gertrude cayó en un lago, durante un viaje familiar. No sabía nadar y tuvo que ser rescatada. Al contrario de otros niños y niñas que pasan por lo mismo, decidió no cogerle miedo al agua y pidió a sus padres que la enseñaran a nadar, demostrando tener muy buenas habilidades y con los años acabó siendo admitida en la ‘Women's Swimming Association’ (club en el que entrenaban los nadadores profesionales).

Durante su adolescencia ganó numerosas competiciones, tanto locales como nacionales, siendo seleccionada, a los 18 años de edad, para participar en los Juegos Olímpicos de 1924 que se celebraron en París donde ganó una medalla de oro, dos de bronce y, además, batió un récord. Como dato curioso, en esos mimos JJOO otro de los participantes del equipo estadounidense de natación (en modalidad masculina) fue Johnny Weissmüller, quien ganaría también varias medallas y se haría inmensamente famoso poco después como actor, al protagonizar la saga de películas de ‘Tarzán’.

Pero Gertrude Ederle tenía una muy personal y particular forma de entrenar para ser la mejor, algo que le costó alguna que otra disputa con sus entrenadores. Entre otras cosas, se dio cuenta que nadaba mejor y mucho más rápida con un traje de baño que no le cubriese desde el cuello hasta los tobillos, por lo que lo puso en conocimiento de sus superiores en el club de natación, con el fin de que le permitieran llevar en traje de baño más corto. Esto provocó varios quebraderos de cabeza y discusiones, ya que no estaba permitido, pero finalmente se salió con la suya al demostrar que era mucho más rápida con menos tela. Se le permitió (a regañadientes) pero con la condición de que debía llevar un albornoz antes de cada competición, tan solo se lo podía quitar en el momento de ir a lanzarse a la piscina y volvérselo a poner rápidamente nada más salir del agua.

Dos años después de los JJOO de París, llegó el momento cumbre en la carrera de Gertrude, protagonizando una hazaña que la llevaría a ser inmensamente famosa y por la que sería conocida como la ‘Reina de las olas’ (Queen of the waves).

El verano de 1926, Trudy (como familiarmente era conocida) realizó una gesta que tan solo cinco hombres habían conseguido hasta aquel momento y, además, lo hizo batiendo un doble récord: ser la primera mujer en realizarlo y en un menor tiempo que sus predecesores. Tal hazaña fue cruzar nadando el Canal de la Mancha.

Se entrenó a fondo y concienzudamente, poniendo en práctica las más avanzadas técnicas.

Por ejemplo, no usó unas gafas de natación convencionales (de las que solo cubren el hueco ocular) sino que llevó puestas unas de motoristas, que le daban una mayor amplitud de visión. Estas iban ajustadas al máximo y, además, con un pegamento especial, que las adhería totalmente al rostro, haciendo que no le entrase ni una gota de agua de mar en los ojos.

Para conseguir la gesta de cruzar nadando el Canal de la Mancha, el entrenador de Gertrude Ederle la embadurnó todo el cuerpo de grasa (imagen vía wikimedia commons)

También usó grasa para embadurnar y untar todo su cuerpo. Gracias a ello podría mantener su temperatura corporal y no acabar cogiendo una hipotermia.

Aquella era la segunda ocasión en el que lo intentaba. Un año antes (el 18 de agosto de 1925), a mitad del recorrido, su entrenador (que la iba siguiendo desde un bote) creyó que a Trudy le estaban fallando las fuerzas y decidió sacarla precipitadamente del agua; algo que provocó una fuerte discusión entre ambos, debido a que ella estaba en plena forma y convencida de que poder lograrlo.

Cruzó el Canal de la Mancha, el 6 de agosto de 1926, bajo la preparación de un nuevo entrenador (Bill Burgess, quien ya había realizado tal gesta quince años antes) partiendo del cabo Gris Nez, en la costa francesa, rumbo a Kingsdown (Inglaterra). Eran 34 kilómetros que debía realizar en menos de 16 horas y 33 minutos, tiempo que había tardado el nadador argentino Enrique Tiraboschi en completar el recorrido tres años antes (el 13 de agosto de 1923).

Gertrude Ederle no solo consiguió la hazaña, sino que batió el récord de su antecesor, bajando el tiempo de recorrido dos horas (tardó 14 horas y 34 minutos). La marca de Trudy no volvería a ser superada hasta dos décadas después.

A su regreso a los Estados Unidos, Gertrude fue recibida como una auténtica heroína, realizándose un multitudinario desfile por las calles de Nueva York, convirtiéndose en una de las celebridades de la época y siendo invitada a todo tipo de eventos, espectáculos y programas radiofónicos, siendo la protagonista absoluta.

Desfile por las calles de Nueva York para recibir a Gertrude Ederle (imagen vía Wikimedia commons)

Durante los siguientes años siguió compitiendo (aunque dedicó más tiempo a la vida social que a la deportiva), hasta que en 1933 sufrió una caída por unas escaleras que dañó su espalda y que la mantuvo mucho tiempo alejada del agua. Pero sería en la década de 1940 cuando realmente abandonaría definitivamente la natación, tras padecer graves problemas auditivos (parece ser que por un sarampión que sufrió siendo niña) y que el agua de todos aquellos años habían agravado.

Gertrude falleció en 2003 a los 97 años de edad y aunque se mantuvo alejada del foco mediático durante más de medio siglo, siguió acudiendo ocasionalmente a algunos eventos deportivos que se realizaban en su honor.

A pesar de todo ello, su nombre sigue siendo desconocido para una inmensa mayoría de personas.

Fuentes de las imágenes: Wikimedia commons

 

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