Prepara la vuelta al trabajo: cambios de hábitos que pueden producir insomnio

Las vacaciones de verano son el momento deseado durante todo el año para disfrutar del tiempo a nuestra manera. Es cuando pretendemos sacarle partido a nuestra pasión por viajar o de calmar la necesidad de descanso. Se acrecienta el contacto familiar y se tiene la oportunidad de realizar pequeños proyectos personales que durante el año no tienen cabida, como una limpieza general o pintar la casa.

Sin embargo, durante las vacaciones podemos sufrir un choque entre nuestros horarios “de excepción” y nuestras costumbres de siempre. En definitiva, es probable que nuestros hábitos del año se hagan añicos durante las pocas semanas que duran las vacaciones y que luego retomar el ritmo habitual se haga cuesta arriba. Y que todo esto, en suma, pueda ser el causante de un insomnio profundo en los primeros días de vuelta al trabajo.

Biorritmos en conflicto

Una de las bombas que pueden hacer saltar por los aires todos nuestros hábitos horarios en verano son los hijos. Ellos no tienen colegio durante un total de tres meses (desde mediados de junio a mediados de septiembre) y aunque pudieran pasar el día ocupados en talleres o con familiares, eso no evita que sus horarios se trastoquen y que cada vez trasnochen hasta más tarde y que por la mañana pidan dormir más.

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Prepara la vuelta al trabajo: cambios de hábitos que pueden producir insomnio

Los ritmos de los niños acaban marcando los ritmos de toda la casa, porque hasta que ellos no descansan no se puede generar la calma suficiente para que la casa al completo descanse, y si durante tu periodo vacacional has roto estos ritmos, porque tu también puedes trasnochar, volver establecer un horario racional para ir a dormir y levantarte podrá ser una misión muy complicada.

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Es muy importante ser conscientes de cuáles son los ritmos susceptibles de cambiarse y no dejar a una excesiva improvisación la hora de que se vayan a dormir los niños. Si tus vacaciones son largas, esta puede ser una regla a tener en cuenta casi de forma religiosa.

Dieta en recesión

Vigila lo que comes y trata de que tu dieta no cambie de forma radical durante las vacaciones. Que comas mejor en vacaciones siempre es bueno y puede convertirse en una meta a extender a lo largo del año, pero un cambio importante en tu forma de comer puede generar una descompensación y un efecto rebote si no tienes en cuenta que tu aparato digestivo probablemente está acostumbrado a unos ritmos, y que mantenerlos siempre que sean saludables no está de más.

Hacer excesos, incluso alimenticios, viene incluído en las vacaciones. Pero si durante las vacaciones nos permitimos demasiados cambios podemos arrastrar un malestar general que nos produzca digestiones pesadas por consumir productos con más grasas y azúcares en horarios atípicos. Esto puede provocar que una vez que nos incorporemos a la dura realidad del trabajo y los horarios cerrados nos surja hambre cuando no solíamos tenerla o sentirnos infladas, menos saludables y, en suma, esto impacte en nuestro bienestar y nuestro sueño.

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Guarda la llave del trabajo a buen recaudo

Cuando cogemos las vacaciones experimentamos una excitación tan maravillosa que nos apetecería lanzar las llaves de nuestra rutina muy lejos, para no tener que volver a ella, pero la mala noticia es que siempre hay que volver.

Dejar las cosas muy bien cerradas antes de irnos de vacaciones nos ayuda a regresar con la sensación de que no se nos va a caer el mundo encima cuando tratemos de arrancar nuestra vida laboral donde la dejamos. Si sentimos que regresar al trabajo significa volver a un sinfín de cuestiones por solucionar, las noches antes de volver al trabajo pueden convertirse en una sesión contínua de pesadillas: ansiedad sobre problemas, recuerdos de cosas por hacer y estrés por no olvidar nada.

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