La preocupante fragilidad de Victoria Abril en 'MasterChef'

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Uno de los fichajes bomba de MasterChef Celebrity se despedía anoche del concurso. Y es que la actriz Victoria Abril, que destacó en la primera prueba con una tarta de limón, no pasó el corte en la eliminación y se convirtió en la octava expulsada, la séptima si tenemos en cuenta que Miki Nadal ganó la repesca y ha vuelto a la competición.

En su adiós, Victoria demostró una gran vulnerabilidad, a la cual no nos tiene muy acostumbrados, pues relató que estaba pasando por un bache antes de la llamada del programa. “Yo salía de una depresión y de una crisis existencial grave con el coronavirus el año pasado, y estaba reponiéndome en mi casita, en Málaga, con mi cocina. Ahí llegasteis vosotros y me salvasteis”, le dijo a Pepe Rodríguez, el juez y presentador encargado de entrevistarla.

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De sus palabras podemos hacer muchas interpretaciones, sobre todo, recordando que ella se alzó como una negacionista del coronavirus, lo que le hizo ser cancelada por muchos. Cuando el pasado mes de febrero ofreció una rueda de prensa en los Premios Feroz habló de “coronacirco” y de que en esta pandemia somos “cobayas y nos ponen experimentos sin probar que nos meten rapidito, y que no están funcionando”.

Así, cabe preguntarse qué entiende Victoria Abril como una crisis existencial grave con el coronavirus. Su mundo, como el de todos, dejó de existir tal y como lo conocíamos en marzo del año pasado, y quizá ella no ha sabido encajar del todo en esta nueva realidad que nos ha tocado vivir. Sin rodajes, sin viajes, confinado en casa e inventando cualquier cosa posible para no caer locos.

Ella, que habitualmente ha sido quien lleva la sartén cuando había una cámara delante, ha aprendido a bajar la guardia, a no ser tan personaje y ser más humana. Victoria Abril ha experimentado una redención televisiva muy valiosa, en la que no había lugar para respuestas cortantes o desplantes a la cámara. Nos ha enseñado a esa Vicky que hay tras la Abril y a la que mentaban Bibiana Fernández y Anabel Alonso durante su visita al programa en la entrega de noche. ¿Acaso alguna vez alguien imaginó a esa fiera del séptimo arte mencionar una depresión o una crisis existencial?

Todo parece apuntar a que Victoria Abril no está en su mejor momento; aunque siempre proyectó ser una mujer de armas tomar en MasterChef Celebrity la hemos visto aturdida, rindiéndose en pleno cocinado. La semana pasada, en la prueba inicial, entregó la mitad de los platos que les pidieron simplemente porque decidía no cocinarlos, tirando la toalla. Se bloqueaba, sabía verse como una ganadora en ningún momento. Y ojo, que no tenía un papel de cumplir el expediente: simplemente parecía dar todo lo que podía, aunque no era demasiado.

Más allá del virus, la Abril ya nos dejó claro que tenía también preocupaciones familiares. En el programa emitido el 4 de este mes se vino abajo al hablar de su madre, a la que había visitado en una residencia un día antes. Su progenitora está débil de salud, hasta el punto de que se atraganta con platos sencillos como el arroz, por lo que tiene que tomar comidas líquidas. “Cuando fui a verla ayer, me pidió tres veces eutanasia por caridad”, relató mientras se ponía a llorar y sus compañeros se situaban a su alrededor para darle consuelo.

El programa de cocinas va a ser sin duda un punto de inflexión en la vida de la propia Victoria Abril y de la imagen que el público (y la prensa) se ha labrado de ella en las últimas décadas. Ha aprendido a derribar muros, ahora parece comprender que no pasa nada si los demás te ven vulnerable.

Ojo, que no quiero decir que haya utilizado el programa para lavar su imagen, esa no ha sido en ningún momento su estrategia. Firmar el contrato de MasterChef Celebrity ha sido el mejor regalo que se podía hacer a sí misma, para ubicarse en esta nueva realidad que a todos nos tiene como vaca sin cencerro.

Además, se ha demostrado a sí misma que todavía le quedan muchas cosas por hacer fuera de su zona de confort. En su larga trayectoria ha ganado el Oso de Plata de Berlín, la Concha de Plata de San Sebastián, el Goya o el Premio de la Unión de Actores. Ha hecho cine, variedades, televisión. Y ha tenido que toparse con Jordi Cruz, Pepe Rodríguez y Samantha Vallejo-Nágera para darse cuenta de que retos profesionales hay tantos como uno se quiera plantear. “Mira que yo tengo costumbre de trabajar desde los catorce años, y estos dos meses, siete semanas, me han agotado como los 50 últimos años de cine”, le reconocía a Pepe en su última charla, en lo que parece un compromiso para tomar impulso y resurgir de sus cenizas, cual ave fénix.

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