'Jojo Rabbit', la sátira sobre Adolf Hitler que da la sorpresa en los Óscar

Puntuación crítica de ‘Jojo Rabbit’: 78/100

Una sátira sobre los nazis que toca de refilón los horrores del Holocausto está nominada a 6 premios Óscar, incluyendo mejor película. Algo que no pasaba desde que Charles Chaplin sumara 5 candidaturas por El gran dictador en 1941. Todo un logro bien merecido. Jojo Rabbit se ha colado por sorpresa entre las candidatas de este año rodeándose de dramas de peso como 1917, Historia de un matrimonio o El irlandés, y apuestas que han provocado más de una conversación como Joker o Érase una vez en… Hollywood. Pero esa sorpresa se debe a que el público todavía no pudo ser testigo de esta propuesta que aporta originalidad y frescura a los premios de este año, ya que Jojo Rabbit llega a los cines el 17 de enero.

De izquierda a derecha: Thomasin McKenzie, Roman Griffin Davis y Taika Waititi (Kimberley French; © 2019 Twentieth Century Fox Film Corporation All Rights Reserved)

La verdad es que descrito de esta manera podría parecer que Jojo Rabbit es la propuesta coja de los premios de la Academia, pero nada más lejos de la realidad. Esta parodia dio la sorpresa en las nominaciones anunciadas el pasado lunes, pero bien merecido tiene su lugar. Dirigida por Taika Waititi tras ganarse un hueco en Hollywood al renovar la figura del Dios del Trueno de Marvel con la magnífica Thor: Ragnarok, su nueva película es una parodia que humaniza la imagen de los niños crecidos en el régimen nazi de la Segunda Guerra Mundial, utilizando a un pequeño protagonista que convierte a Adolf Hitler en su amigo invisible para representar los horrores de la manipulación de regímenes dictatoriales. Todo con un solo motivo: recordarnos la absurdidad que rodea el odio y la guerra desde la perspectiva de la inocencia.

Si La vida es bella (Roberto Benigni, 1997) lo hacía llegándonos al corazón con la inocencia del pequeño Giosué y la valentía de su padre por convertir la experiencia en un juego menos traumático, Jojo Rabbit lo hace provocándonos la risa boba que parte de señalar lo más absurdo de nuestra historia desde el ojo pacifista. Waititi dirige y adapta el guion de esta película a partir de la novela de Christine Leunen, El cielo enjaulado (2004) que relata la historia del pequeño Jojo Betzler y su entusiasmo inicial cuando se une a Las Juventudes Hitlerianas, la organización militar nazi para jóvenes que estuvo activa en Alemania entre 1933 y 1945. Con 10 años no es más que un niño crédulo e ingenuo, susceptible a la manipulación provocada por la propaganda del régimen, creyendo que su nuevo papel como nazi ayudará a proteger a su madre soltera (Scarlett Johansson) del peligro. Ante el temor del nuevo desafío y la falta de estímulos paternos convierte a Adolf Hitler en su propio amigo invisible, siendo testigos de un dictador a través de los ojos de un niño, que actúa y se comporta como tal. Taika Waititi es el encargado de meterse en la piel de esta versión infantil del líder nazi, aportando su talento a las secuencias sin restar nunca al mensaje de la historia. Sin embargo, las creencias impuestas en Jojo entran en entredicho cuando descubre que su madre refugia a una joven judía en el desván de su casa; desafiando las nociones inculcadas por la propaganda y despertando la conciencia en él por primera vez.

De esta manera, Taika Waititi se refugia en su saber hacer cómico dejándose influenciar por diferentes referentes de la comedia británica como los Monty Python y series como Fawlty Towers, a Mel Brooks y Charlie Chaplin, para crear una propuesta que afronta su mensaje disfrazada de parodia. Y digo disfrazada porque en el fondo es un drama de concientización del pasado, pero también de nuestro presente que busca en el absurdo la identificación de rincones reales. A pesar de que hubo reacciones iniciales contrarias a la película, criticando el uso de la comedia para hablar de un tema tan delicado como el Holocausto o incluso por creer erróneamente que la cinta humanizaba la imagen nazi, la verdad es que el director se inspira en su propia ascendencia judía y en los prejuicios que rodearon sus años de formación al ser hijo de madre judía y padre maorí. De lo que somos testigos es de una comedia negra, que transforma a Adolf Hitler en un niño caprichoso y señala las ideas tóxicas del odio al prójimo. Pero solo al principio.

De izquierda a derecha: Sam Rockwell, Scarlett Johansson y Roman Griffin Davis (Larry Horricks; © 2019 Twentieth Century Fox Film Corporation All Rights Reserved)

Y es que Jojo Rabbit da la sorpresa al avanzar en sus arcos dramáticos para, de repente, clavarnos una daga en el corazón cuando inteligentemente nos recuerda, a nosotros y a su protagonista, que es hora de ver la realidad tal y como es. Jojo Rabbit puede engañarnos con su imagen wesandersiniana de personajes infantiles, campamentos y adultos inmaduros en ciudades europeas de rincones pintorescos, pero en el tercer acto su protagonista madura a la fuerza, madurando también la trama, el mensaje y su impacto en la audiencia.

Cabe destacar que Jojo Rabbit es una de las películas nominadas al Oscar con la recepción más dividida entre la crítica. Que su aprobación del 80% en RottenTomatoes no te engañe. Si bien ganó el premio del público en el Festival de Toronto en septiembre, hubo críticos que la destrozaron, como fue el caso de The Guardian, llamándola “una película terrible” y “sin sentido”, mientras Variety la críticó por su “falta de coraje”, o Slant Magazine por “su falta de realidad histórica y realismo y por el uso de estereotipos” mientras otros la definieron de “brillante” (USA Today) y “con corazón” (TheWrap).

Sin embargo, en medios dedicados a la comunidad judía encontramos una recepción positiva, como es el caso de Haaretz, en donde la describen como “una buena película con un mensaje de relevancia […] que no pretende ser la típica película del Holocausto. Sino que se trata de la comprensión de lo que lleva a la gente al odio, como se les enseñan temprano a odiar, y realmente reírnos de ellos”. Mientras Forward (que se define como el sitio de conocimiento para la cultura judía) anima a sus lectores a verla asegurando que “necesitaban esta película”, y The JC la define como “inteligente y devastadora”.

A mi parecer, Jojo Rabbit recurre a influencias evidentes que le restan a la hora de plasmar la originalidad de la novela, sin embargo su propósito no es coronarse como un drama sobre el Holocausto contando una historia real, sino una parodia que se burla del antisemitismo y la manipulación engendrada por doctrinas enfundadas en el odio y el miedo. Es una alegoria cómica sobre la intolerancia, un llamamiento de conciencias a través de la sátira, y es en esta función que Jojo Rabbit merece el reconocimiento. Aquellos que busquen un mensaje de realismo dramático solo por el delicado tema que trata no van a encontrarlo en esta película.

Más historias que te pueden interesar: