Los Óscar siguen ninguneando al cine de terror a pesar de estar en plena forma

Todos los años ocurre lo mismo. La Academia de Cine de Hollywood anuncia las nominaciones a los Óscar y tanto los medios como el público cinéfilo se dedican a celebrar las sorpresas y criticar los olvidos. Como nunca llueve a gusto de todos y solo hay cinco plazas por categoría, las ausencias sonadas son inevitables. Pero más allá de actores ninguneados, falta de directoras en la lista o películas que se llevan menos menciones de las esperadas, hay algo que casi todos los años echamos de menos en los Premios de la Academia: el cine de terror. ¿Había propuestas en esta ocasión que merecían el reconocimiento? ¡Sí! Tres joyitas para ser exactos: Nosotros, El faro y Midsommar.

Nosotros (Claudette Barius; © Universal Pictures), Midsommar (Gabor Kotschy), El faro (A24 Films)

Ante las críticas al conservadurismo de los académicos, la organización que entrega los premios más famosos del cine ha tratado en los últimos años de ampliar perspectivas y salirse de lo convencional, aunque no siempre lo ha conseguido, sobre todo en lo que se refiere al cine fantástico. Si bien es cierto que en la última década hemos visto mayor presencia de fantasía y ciencia ficción en las nominaciones, el cine “de género” sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes de una Academia demasiado estancada en el drama.

A los Óscar siempre les ha costado mucho nominar películas fantásticas fuera de las categorías técnicas, pero poco a poco van abriéndole los brazos al género. Star Wars y E.T. El extraterrestre sirvieron como precedente, pero no fue hasta 2004 cuando un film de fantasía, El señor de los anillos: El retorno del rey, ganaría el Oscar a mejor película, igualando además el récord de Ben-Hur y Titanic a mayor número de galardones con 11. Desde entonces, son varias las películas de fantasía y ciencia ficción las que han sido nominadas a mejor película: Avatar, Origen, Gravity, Mad Max: Furia en la carretera, Marte, La llegada, Black Panther…, con La forma del agua llevándose el mayor premio de la noche en 2017. No son muchas, pero menos es nada.

La cosa cambia cuando hablamos de terror. Si bien la ciencia ficción dramática ha tenido su hueco en los Óscar desde hace unos años, las películas de miedo siguen siendo ignoradas en su mayor parte. Echando la vista atrás, las cintas de terror nominadas a mejor película pueden contarse con los dedos de una mano: El exorcista, Tiburón, El sexto sentido y Déjame salir. Algunos incluyen también Cisne negro y El silencio de los corderos en esta lista a pesar de ser más bien thrillers psicológicos. De hecho, la segunda es la única que ha ganado el premio, pero no sería una película de terror en el sentido tradicional de la palabra. Es decir, sean cuatro o seis, sigue siendo un número ridículo para más de nueve décadas de historia.

Ni siquiera propuestas más intelectuales y “de autor” o películas ahora consideradas clásicos del género como Psicosis, El resplandor, La semilla del diablo, Carrie, Halloween, Alien o Repulsión pasaron el corte, aunque algunas de ellas sí recibieron menciones e incluso estatuillas en las categorías de dirección o interpretación. Es decir, la Academia siempre ha reconocido méritos puntuales dentro del género, pero en sus más de 90 años de historia ha considerado que solo un pequeño puñado de films eran dignos de competir en la categoría principal, lo que demuestra que nunca se ha tomado en serio el género.

REIVINDICANDO A LAS SCREAM QUEENS MODERNAS

Recientemente, más allá del enorme éxito comercial de sagas y películas de miedo como Insidious, Expediente Warren o It, el cine de terror ha continuado reinventándose y fusionándose con otros géneros gracias a nuevas voces como las de Jordan Peele, Ari Aster o Robert Eggers, talentos únicos que han proporcionado ideas frescas y originales con las que han conquistado a crítica y público y han copado las listas de lo mejor del año.

Títulos como Hereditary, La bruja, Babadook, Déjame salir, It Follows, Un lugar tranquilo o las recientes Nosotros, Midsommar y El faro han demostrado que el terror no solo está en buena forma, sino que además es uno de los géneros más fértiles, estimulantes y con más posibilidades de los últimos años. Filmes que además de asustar e inquietar, emocionan, hacen pensar, provocan, hipnotizan… Películas dramáticas, sociales, oníricas, psicodélicas, que reescriben las reglas o proponen las suyas propias, y que en su mayoría, sitúan a la mujer como protagonista y la convierten en algo más que una simple víctima de un asesino en serie. Pero ni siquiera así la Academia ha dado su brazo a torcer.

De vez en cuando reconoce la labor interpretativa dentro de una película de terror. En 1961, Janet Leigh recibió una nominación a mejor actriz secundaria por Psicosis. Ruth Gordon ganó ese mismo premio en 1969 por La semilla del diablo. Y Kathy Bates se llevó el de mejor actriz por Misery en 1991. Pero ya ni eso. Muy sonado fue el caso de Toni Collette, que fue ignorada en las nominaciones del año pasado a pesar de llevar a cabo uno de los trabajos actorales más desgarradores en Hereditary (2018), desatando la ira de mucho fans, que ni perdonan ni olvidan. Lo mismo ocurrió, aunque con menos indignación por parte de los cinéfilos, con Emily Blunt en Un lugar tranquilo (2018). La actriz británica nos dio una de sus mejores interpretaciones de la temporada, pero la Academia solo otorgó una nominación al aclamado film de John Krasinski: edición de sonido.

Justo en la edición anterior ocurrió algo curioso con Déjame salir. La cinta de Jordan Peele, todo un taquillazo y fenómeno cultural en Estados Unidos, obtuvo cuatro nominaciones, entre ellas la de mejor película, llevándose el premio a mejor guion original. Pero su caso, más que un cambio de dirección, fue una excepción. Cualquiera diría que la Academia había nominado la película, una sátira social sobre el racismo en Norteamérica, para lavar su imagen y compensar la criticada falta de diversidad de los nominados que dio lugar al movimiento #OscarSoWhite en 2016. 

(Gabor Kotschy / A24)

Esto nos lleva a las más recientes nominaciones. La edición de 2020 vuelve a destacar por su falta de riesgo y diversidad en las candidaturas. Déjame salir no parece haber sentado precedente y el terror se ha salido una vez más del radar de los académicos. Sin ir más lejos, el nuevo trabajo de Jordan Peele, Nosotros, otro éxito comercial y de crítica en su carrera, no ha logrado ninguna nominación este año. No sería grave de no ser porque contiene una de las interpretaciones más impactantes del año, la de Lupita Nyong’o. Desde el inicio de la temporada de premios, su nombre ha sonado como posible candidata a mejor actriz por su increíble papel doble en la película, pero finalmente no ha podido ser. Al igual que ocurrió con Toni Collette hace un par de años, la Academia menosprecia una interpretación portentosa que quizá de no formar parte de una película fantástica habría corrido otra suerte.

Y lo mismo exactamente ha pasado con otra nueva reina del grito, Florence Pugh. La joven actriz británica se ha convertido en una de las estrellas emergentes del momento y ha recibido su primera nominación al Óscar a los 24 años por Mujercitas. No obstante, son muchos los que piensan que también la merecía por Midsommar, perturbadora pesadilla a la luz del día en la que se deja la piel y el alma. Era de esperar que una película tan excéntrica y arriesgada como esta no fuera del gusto de los académicos, pero no cabe duda de que tanto Pugh como la preciosa fotografía de Pawel Pogorzelski merecían colarse entre los nominados.

Finalmente, El faro, segundo largometraje de Robert Eggers (La bruja), solo ha conseguido una nominación a mejor fotografía. Este retorcido cuento marítimo en blanco y negro adyacente al horror gótico es otra propuesta atípica y extravagante, pero también contiene dos de las interpretaciones más potentes de 2019: la de Willem Dafoe y el futuro Batman, Robert Pattinson, dos hombres que, al igual que el nominado Joaquin Phoenix en Joker, llevaron su actuación hasta el límite de sus capacidades físicas y psicológicas resultando en un duelo dramático para la posteridad que ha pasado desapercibido para la Academia a pesar de su fuerza.

El faro (Eric Chakeen)

Las películas de terror juegan en una liga distinta para los Óscar. Se les exige más y a la vez se las valora menos, no importa lo refinadas u originales que sean. Y mucho más difícil lo tienen si forman parte de lo que se conoce como “cine de palomitas”, como sería el caso de It: Capítulo 2, destacable en los departamentos de maquillaje, diseño de producción o efectos visuales. Sin embargo, tanto unas como otras deben conformarse con ser celebradas en festivales y premios al cine fantástico como los Saturn Awards.

Tras ganar el Óscar por Déjame salir, Jordan Peele reconoció que “hay muchos estigmas” que dificultaban la nominación, entre ellos el hecho de que fuera una película de terror. Tristemente, este año ha vuelto a quedar claro que ese prejuicio sigue existiendo con los casos de Nosotros, Midsommar y El faro. Claro que, como hemos comprobado en muchas ocasiones, el tiempo acaba poniendo las cosas en su sitio y como tantas otras interpretaciones y películas sin nominación, estas tres serán recordadas mientras más de una premiada caerá en el olvido en cuestión de pocos años. Esperamos que un día de estos la Academia abra los ojos.

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