¿Cómo decir "aquí mando yo" con tu lenguaje corporal?

Paola Lei | Woman.es


Nuestra manera de colocarnos, mover las manos, cruzar las piernas o ocupar más o menos espacio dice más de nuestro poderío que cualquier palabra, reloj caro o traje de Armani o Hugo Boss.

Los resultados de un estudio de la psicóloga social de la Universidad de Harvard, Amy Cuddy, demuestra que nuestras posturas y formas de mover el cuerpo hacen que cambie la percepción que los demás tienen de nosotros y, también, la que tenemos de nosotros mismos.

La seguridad y la autoestima se transmiten a través de gestos y del lenguaje corporal.

Las personas que tienen poca confianza en sí mismas tienden a adoptar posturas más cerradas y a ocupar menos espacio que el resto, andan cabizbajos y con los hombros encogidos.

Sin embargo, las personas seguras adoptan posturas más expansivas: los hombros abiertos, la espalda recta, el cuello estirado y la cabeza alta.

Más allá del lenguaje corporal, para ser percibido como poderoso hay que hacer otras cosas. Por ejemplo ser asertivo (no esperar a que alguien tome decisiones por ti), optimista y arriesgado.

Los niveles de testosterona que se relacionan con la capacidad de riesgo también se relacionan con el poderío.

Los investigadores del estudio citado comprobaron cómo las posturas y actitudes que denotaban poder y una alta autoestima coincidían con altos niveles de esa hormona que también se encontó en abundancia en una manada de primates examinada.

Según la investigación, tanto en los machos alfa como en las personas con alta autoestima, se pueden observar altos niveles de testosterona. Esta hormona, que normalmente relacionamos con la masculinidad -pero que las mujeres también la tienen-, se relaciona con la capacidad de dominar, ser líderes y enfrentar situaciones de tensión e incertidumbre.

Para creer que somos poderosos bastaría, según la investigación, con adoptar algunas posturas y actitudes. En el trabajo las personas que imitaron las posturas relacionadas con una alta autoestima experimentaron un aumento del 20% en sus niveles de testosterona. Mientras que aquellas que no lo hicieron redujeron esa hormona en un 10%.

Otro estudio, realizado de la Universidad de Wisconsin, asegura por su parte que las personas que se encuentran ante situaciones de poder en la vida y en el trabajo varían sus niveles de testosterona, al alza. En resumen, sit e lo crees segregarás las hormonas del poder y los que están a tu alrededor también se lo creerán.