¿Qué le doy de comer para que crezca sano?

Expertos en nutrición pediátrica resuelven tus dudas sobre alimentación infantil

Hay que darles a probar de todo, pero a su debido tiempo. (Fotos: Getty Images)

¿Cómo de estrictos hay que ser con la alimentación? No ya con la nuestra (que también) sino con la de nuestros hijos. Si los adultos no somos capaces de llevar una dieta equilibrada, ¿cómo vamos a transmitir hábitos saludables a los más pequeños? ¿Podemos relajarnos y dejarles que coman lo que quieren para que no nos monten un ‘pollo’ cada dos por tres?

Pongámonos en situación, a ver si te suenan estas frases: “¿No quieres pera ni manzana ni plátano? Bueno, no pasa nada, coge unas galletas o un bollo, pero come algo”, o “¿Cómo que no quieres más? Ni se te ocurra levantarte hasta que te acabes las lentejas, si no te las tomas no meriendas y además, te las pongo para cenar”. 

Son extremos opuestos, frases que oímos pronunciar o que decimos a menudo pero que podrían tener más repercusión de lo que a priori creemos; y es que estos comentarios podrían sentar un mal precedente y convertirse en una costumbre con graves consecuencias para la salud. 

“Los malos hábitos en la alimentación, los caprichos o que al niño no le guste algún alimento son factores de riesgo. Por ejemplo, la ingesta selectiva o elección excesivamente caprichosa de los alimentos que come, puede afectar al crecimiento, tanto por deficiencia como por exceso”, cuenta el Dr. José Maldonado Lozano, de la unidad de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica del Hospital Materno-Infantil Virgen de las Nieves Complejo Hospitalario Universitario de Granada.

Y es que lograr un adecuado aporte nutricional acorde con las necesidades específicas en la infancia es clave para garantizar el correcto crecimiento ya que las carencias de nutrientes críticos en esta etapa, como el hierro, la vitamina D o los ácidos grasos Omega-3, pueden afectar negativamente al correcto desarrollo del niño. 

La OMS recomienda la alimentación exclusiva con leche materna durante los seis primeros meses de vida y continuarla junto con alimentación complementaria hasta los dos años de edad.

“Este período es crucial para el crecimiento y el desarrollo del niño y repercute claramente en el estado de salud futuro del adulto”, apunta el Dr. Maldonado.

En este sentido, expertos en nutrición pediátrica, reunidos en en el III Curso de Avances en Nutrición Pediátrica de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT), subrayan que la dieta durante la infancia debe incluir el consumo habitual de pescado azul (después de los 3 años), especialmente los pescados de pequeño tamaño (2 raciones a la semana), pescado blanco, lácteos (2-3 raciones diarias) y carnes rojas (1-2 veces por semana en raciones pequeñas), principales fuentes de ácidos grasos, vitamina D y hierro, respectivamente.

Además, tal y como indicó el Dr. Jaime Dalmau, jefe de la Unidad de Nutrición y Metabolopatías del Hospital La Fe de Valencia, “algunos nutrientes tales como el hierro, vitamina D o los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3, juegan un papel especialmente relevante en la etapa infantil, al intervenir directamente en el desarrollo de las funciones de tipo motor y cognitivo, así como en la agudeza visual”. 

Por esta razón, tal y como indicó el experto, “en el caso de la vitamina D, es fundamental que las ingestas en los primeros años de vida sean las apropiadas, puesto que la carencia de este nutriente influye directamente en la salud futura del menor. Además, dado el rol fundamental del Omega-3 DHA en el desarrollo del cerebro y la retina, los más pequeños deben ingerir al menos 100 miligramos al día de este nutriente”.

Asimismo, hay  que tener en cuenta que el sobrepeso y la obesidad afectan a más del 30% de la población pediátrica, las incidencias de alergia a alimentos se estiman en un 7-8% y la intolerancia a la lactosa incide sobre un alto porcentaje de la población. Por otro lado, aunque es difícil conocer la prevalencia real de los casos de intolerancia, se estima que más del 30% de la población española padece intolerancia a la lactosa.

El Dr. Maldonado explica que “la intolerancia a la lactosa no se puede prevenir pero sí se pueden evitar los síntomas al no consumir los alimentos que la contienen”. 

No es conveniente prescindir de ningún alimento, ni siquiera de las grasas. (Foto: Getty Images)

En estos casos se debe ofrecer al niño otro tipo de lácteos como quesos, yogures y leches de crecimiento sin lactosa, en caso de que se identifique una intolerancia a este componente natural de la leche.

A corto plazo, la leche materna ofrece protección frente a infecciones y alergias. A largo plazo, sobre diferentes enfermedades como obesidad, diabetes, hipercolesterolemia e hipertensión, y parece ejercer un efecto positivo sobre el desarrollo cognitivo. 

“La leche humana es el alimento ideal para el lactante. No solo porque proporciona los nutrientes necesarios para el crecimiento, sino también un alto contenido en factores bioactivos y en bacterias probióticas”, señala el Dr. Maldonado.

Por último, en el caso de que se identifique una carencia nutricional en el niño, puede ser de interés recurrir a alimentos especialmente preparados para cubrir las necesidades infantiles en esta etapa, como las leches de crecimiento, especialmente aquellas enriquecidas en hierro, vitamina D y Omega-3.