Infinita variedad: el porno que te encuentras en los centros de donación de esperma

Los centros de donación de esperma son lugares que a los que les rodea un halo de humor. En series y películas suelen acoger situaciones cómicas de mayor o menor grosor, como aquel mítica escena de ‘Agárralo como puedas”. Pero también ejercen un extraño poder de fascinación para los hombres jóvenes, que ven en ellas una posibilidad de ganar dinero fácil por hacer algo rutinario y placentero.

A pesar de que son muchos los que terminan acudiendo y donando, existen pocos testimonios sobre lo que hay dentro de ellas. ¿Son seguras? ¿Son higiénicas? ¿De verdad se guarda la confidencialidad en ellas? ¿Qué tipo de estímulos hay para facilitar la donación?  

Zach Schwartz, periodista de la revista Vice, ha escrito un extenso reportaje sobre su experiencia en una clínica de donación de esperma. Haciendo honor al espíritu gamberro de la publicación, el artículo se vertebra en torno a la abundante pornografía disponible en el centro.

Schwartz comienza confirmando los clichés de la gran pantalla: la clínica a la que acude es un poco sórdida, está llena de flores de plástico y el personal le trata como si fuera un ciudadano que haya acudido a cerrar un aburrido trámite burocrático, y no ha ‘regalar’ su simiente.

Por si alguien tenía dudas, en las clínicas de este tipo hay mucha pornografía. Muchísima. Viejos números de la revista Playboy, Pentouse o Hustler. Películas en DVD en las que abunda el sexo anal. Otras que recopilan escenas de prácticas como la eyaculación facial. Todas protagonizadas por una gran variedad de actrices, de toda raza y condición. Las hay de negras, blancas, asiáticas, jóvenes, maduritas… y sorpresa, también hay porno gay. “Cada vez hay más clientes que las piden”, explica el dueño de uno de los centros. Todo para facilitar la donación.



Por cierto, los propietarios jamás dejan en manos de sus trabajadores la adquisición del material pornográfico. “Que yo les diera esa orden podría ser considerado acoso sexual, así que somos mi marido y yo los que vamos a un sex shop en busca de películas”, confiesa Teresa Randolph, la presidenta y fundadora de la clínica de New York Fertility Services de Manhattan (Estados Unidos).

Los hombres heterosexuales no son los únicos que acuden a donar. También las parejas de gays que quieren tener hijos llaman a la puerta de estas instituciones. Sobre todo los extranjeros en cuyos países de origen está prohibido que las parejas de hombres o mujeres de un mismo sexo puedan adoptar.

Otra de las realidades chocantes que muestra el artículo de Vice es la de los adolescentes que acuden a donar esperma porque se van a someter a un tratamiento médico que les puede dejar estériles. “Vienen niños de 11, 13 o 14 años y les tienes que preguntar a los padres si quieren que sus hijos vean pornografía. Muchos me piden que no haya nada de contenido X en la habitación”, explica Albert Anouna, dueño de la clínica SEBNY en Nueva York.



Albert también compra el material que luego es usado por los donantes. Él no se fija en lo que adquiere, solo busca que haya una gran diversidad para satisfacer los deseos de cualquier hombre que entre por la puerta. Según confiesa, solo ha devuelto una película: una en la que se practicaba el bestialismo.

Siguiendo con los extremos, otra propietaria de un centro revela que lo más desagradable que ha visto en su vida fue un vídeo de hentai, la pornografía japonesa realizada con dibujos animados y en las que abundan las escenas de sexo entre seres monstruosos y mujeres. A pesar de lo extraño de su contenido, decidió no devolver la película y ésta forma parte de la colección del centro.

Por último, todos los directores de las clínicas señalan que el principal revés que sufren son los robos de material pornográfico: los donantes quedan tan satisechos con lo que han visto que deciden llevárselo a casa. ¿Es un problema? “Para mí es casi un piropo: con el robo me están diciendo que he acertado”, razona Teresa.