Por qué una vacuna para el coronavirus chino no es posible a corto plazo

Por qué una vacuna para el coronavirus chino no es posible a corto plazo

La última alerta médica global llega desde China. Le han puesto el nombre de pneumonía de Wuhan, y desde que se detectasen los primeros casos el pasado 31 de diciembre, la enfermedad ya ha saltado más allá de las fronteras de China.

Al principio parecía un problema serio, pero contenido. El causante de la enfermedad, un virus de la familia Coronaviridae, pasaba de animales a humanos, pero no se contagiaba entre personas. Además, estaba muy localizado en una región concreta. Todos ellos factores que, en principio, reducían el peligro.

Sin embargo, los investigadores decidieron tomar todas las precauciones posibles. Y además de buscar la manera de tratar la enfermedad, se pusieron manos a la obra para dar con un método que impidiese que la enfermedad se expandiese: buscar una vacuna.

De hecho hay un equipo internacional trabajando ya en ello. Con sedes en China, pero también en Estados Unidos – país que cuenta con instalaciones y expertos muy reputados – que han dado prioridad a este enfoque. Algo que han podido hacer gracias a que las autoridades sanitarias en China fueron previsoras y secuenciaron el genoma del virus desde el inicio.

El problema es que aún estamos lejos de tener una vacuna funcional. Podría parecer lo contrario después de leer lo anterior, pero aunque se hayan puesto en marcha muy pronto las cosas son mucho más complicadas de lo que parece.

Y una de las razones principales es el tipo de virus al que se enfrentan los expertos. Los coronavirus son patógenos con un genoma formado por ARN – en lugar de ADN, como tenemos desde las bacterias hasta nosotros, pasando por protozoos, plantas, hongos…

¿Eso cambia mucho las cosas? Las complica por una razón muy clara: el ARN, por sus características, tiene una tasa de mutación muy superior a la del ADN. Dicho de manera sencilla: cuando un virus tiene un genoma de ARN resulta mucho más difícil poner a punto una vacuna, porque cuando se tiene una posible el virus ya ha cambiado.

El caso de la pneumonía de Wuhan no es tan extremo como el de otros famosos virus ARN, como son los de la gripe o el SIDA. Pero aún así, aún estamos lejos de conseguir una vacuna funcional.

Para terminar, hay un detalle en el que merece la pena detenerse. Si consultamos información sobre la pneumonía de Wuhan y la posible vacuna, encontramos tanto que se trata de algo muy difícil y lejano en el tiempo, como algo sencillo y casi hecho. Y ninguna de las dos cosas son ciertas, y ambas lo son. Aún falta bastante para tener una vacuna funcional, pero no tanto como para pensar que nos vamos a encontrar con una pandemia que esquilme la población humana. Tardará en llegar más de lo que nos gustaría, y los científicos se encontrarán con serios problemas, pero se han puesto en marcha muy pronto y con una buena base. Confiemos en su trabajo.

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