Por qué 'Supernanny' debería regresar a la televisión

Paula Olvera
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Si ahora mismo me preguntaran qué me falta por ver en televisión este 2021, respondería Supernanny. Este programa de entretenimiento, que encumbró la popularidad de Rocío Ramos-Paúl, se mantuvo en Cuatro durante nueve temporadas y 65 episodios ayudando a padres y madres a corregir los problemas de conducta de sus hijos. 

El formato producido por Magnolia TV, una especie de Hermano mayor pero más light porque los protagonistas eran menores (entre 2 y 10 años de edad), perseguía un fin educativo así que me encantaría que regresara a la pequeña pantalla para seguir dando lecciones y consejos a los progenitores a la hora de educar a los pequeños. Esos niños que son el futuro de la humanidad.

Imagen promocional de Supernanny de Cuatro (© Roberto Garver, cortesía de Mediaset)
Imagen promocional de Supernanny de Cuatro (© Roberto Garver, cortesía de Mediaset)

En la actualidad la televisión en abierto cuenta con una programación repleta de talent shows y realities. Pero si hay un espacio de entretenimiento que yo particularmente echo en falta, ahora que la nostalgia también ha invadido la oferta televisiva, es la versión española de Supernanny. Un programa educativo que contaba con la narración de Luis Larrodera, una voz en off muy característica que nos suena cercana porque actualmente la escuchamos en El precio justo de Telecinco.

Este formato de origen belga se emitió por primera vez en nuestra parrilla el 24 de febrero de 2006, apenas unos meses después del nacimiento de Cuatro, dando un giro a los programas basados en la realidad. Y si bien la última entrega se lanzó el 12 de julio de 2014 considero que podría funcionar estupendamente en su regreso ya que, al fin y al cabo, abordar en la pequeña pantalla la educación de los hijos no ha pasado de moda. Aunque, eso sí, considero que para su resurgimiento debería darse una vuelta de tuerca al esquema inicial y dejar la parcialidad aparcada, ya que habitualmente se presentaba a los padres en apuros como víctimas y a los niños como sus verdugos.

Supernanny es un formato que se ha colado en la memoria colectiva de los espectadores, principalmente por la huella televisiva que ha dejado Rocío Ramos-Paúl. Desde su puesta en escena, no ejercía el rol de la típica institutriz de manual sino que empleaba la psicología para dar un giro de 180 grados a las conductas de los niños más incontrolables, ayudando a los propios progenitores a resolver incluso sus problemas de pareja.

Esta suerte de niñera, licenciada en Psicología por la Universidad Pontificia de Comillas, cumplía su cometido en apenas cuatro semanas (a veces menos) en las que trataba que la familia en cuestión interiorizara los nuevos modos de conducta para lograr así la total sintonía en el hogar. Obviamente la psicóloga, que tras este trabajo hemos visto en El programa de Ana Rosa y Viva la vida, y además la hemos escuchado en Atrévete (Cadena Dial) y Guía para padres (Cadena SER), ponía especial empeño en cambiar los hábitos de los menores -principalmente las conductas agresivas- en relación, por ejemplo, a la hora de las comidas ya que para muchos padres es uno de los peores momentos del día.

Con los tips de Rocío Ramos-Paúl (tales como no poner raciones excesivas, establecer un tiempo limitado de comida o dejar el postre en la cocina para que los niños se centraran en el primer plato) se apreciaba la transformación inmediata de los pequeños y se conseguía no solo que los críos comieran sin problemas delante de las cámaras sino que además adquirieran hábitos saludables a golpe de consejos prácticos y de sentido común.

El programa también jugaba su baza con los berrinches desmesurados de los más pequeños de la casa que, en la mayoría de los casos, habían tomado el poder y se notaba a la legua que sabían cómo manejar a sus progenitores para conseguir lo que ellos querían en cada instante. En este contexto también entraba en acción Rocío Ramos-Paúl quien, consciente de que las rabietas siempre han sido la mejor arma de los niños, ayudaba a los padres y madres a gestionar la situación para que no perdieran la paciencia a la primera de cambio.

Ahora bien, si hay una pauta que se me quedó grabada de Supernanny es la importancia de premiar el comportamiento adecuado de los pequeños, de insistir en que resulta capital decirle a un niño que ha hecho algo bien porque, de esta manera, se refuerza este comportamiento para que se repita en otras ocasiones. Me parece interesante el análisis de esta idea aunque también pienso que el programa debería haber profundizado más en las emociones que hay detrás de las conductas de los niños para que, tanto los padres como el propio equipo, verdaderamente se pusieran en el lugar de cada protagonista que daba sentido a este formato.

La propia Rocío Ramos-Paúl aseguraba en una entrevista a EBF que la clave del éxito radicaba en que es muy creíble, ya que las dificultades que se muestran en el programa son bastante cercanas a todo el mundo. Es frecuente tener un niño que se coge rabietas, con un problema de alimentación, que sufre pesadillas o que pega a otros”.

Asimismo en otra charla a Padres y colegios destacaba que lo que más ha aportado Supernanny a la conciencia colectiva es que “le descubrimos a la gente que había profesionales que podían trabajar con ellos las dificultades. Y sobre todo, muchos padres y madres se dieron cuenta de que no estaban solos.

Supernanny ha sido uno de los formatos estrella de Cuatro así que yo solo espero que tenga una segunda oportunidad televisiva que nos permita aprender más de la vida en familia. Un programa que, además, nos recordaba que los niños imitan aquello que ven, sirviendo de llamada de atención para muchos padres puesto que son los primeros que tienen que dar buen ejemplo con su comportamiento.

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