¿Por qué las uñas de los pies se vuelven más gruesas con la edad? Lo que dicen los expertos

Es natural que las uñas de los pies se vuelvan más gruesas con la edad, pero a veces pueden endurecerse en exceso y cambiar su aspecto debido a otros factores, como infecciones por hongos, enfermedades autoinmunes o tensiones mecánicas, como zapatos que aprietan demasiado.(Foto: Getty)
Es natural que las uñas de los pies se vuelvan más gruesas con la edad, pero a veces pueden endurecerse en exceso y cambiar su aspecto debido a otros factores, como infecciones por hongos, enfermedades autoinmunes o tensiones mecánicas, como zapatos que aprietan demasiado.(Foto: Getty)

La onicogrifosis (popularmente conocida como "uñas gruesas o engrosadas") es una alteración en la uña del pie que se define como un aumento exagerado del grosor de la lámina ungueal, dándole un aspecto de cuerno o garfio, que resulta desagradable e incómodo.

La onicogrifosis tiene mayor incidencia sobre el dedo gordo del pie, y es una patología común en las consultas de podología que suelen padecer las personas mayores debido a traumatismos vasculares periféricos o artrosis; aunque también puede presentarse en adultos y jóvenes, en estos casos puede estar asociadas a otras patologías o por causas congénitas. Por ejemplo es común en personas que practican deporte o bien afectadas de psoriasis o esclerodermia, una enfermedad reumática autoinmune que se caracteriza por el endurecimiento de la piel.

Este tipo de uñas presentan surcos o líneas transversales como consecuencia del crecimiento discontinuo de la uña, así como una textura muy dura, y puede ir unido a otro problema, que las uñas se tornen amarillas.

El engrosamiento debido a la onicogrifosis no ocurre de un día para otro, sino que a lo largo de la vida pueden darse muchas circunstancias que lo provoquen, como los traumatismos sobre la matriz ungueal. Por ejemplo: calzados inadecuados, pisotones, pérdidas de uñas, caídas de objetos pesados, así como insuficiencia del riego sanguíneo en la matriz, que pueden producir lesiones irreversibles. La alteración de la matriz ungueal genera un aumento de células ungueales que van saturando la lámina ungueal e impidiendo una correcta renovación ungueal.

Es importante ser consciente de esto, porque no es necesario un trauma fuerte para producir la onicogrifosis. Con ligeros traumatismos a repetición también puede producirse el daño a la matriz ungueal.

Y es más importante de lo que parece, ya que a pesar de que el crecimiento de la uñas gruesa o engrosada es lento y suele pasar desapercibido, a la larga puede complicar tareas tan sencillas como calzarse o caminar, e impedir que quien la sufre pueda cortarse las uñas por si mismo. Aunque parezca una tontería, "esto reduce la calidad de vida e influye en la autoestima de los pacientes llegando, incluso, a incapacitarles para el trabajo", explica el Dr. Vicente Delgado, dermatólogo y profesor titular de esta especialidad en la Universidad de Granada.

Y es que las enfermedades ungueales no sólo suponen un problema cosmético, puesto que las uñas tienen numerosas funciones que pueden alterarse o perderse cuando enferman. De hecho, además de ser útiles y atractivas, las uñas sirven para dar a los médicos pistas importantes de enfermedades.

Como indicábamos al principio, el mecanismo mediante el cual ocurre la onicogrifosis se debe siempre a disfunciones de la matriz ungueal, que hace que se produzcan células ungueales más rápido y en mayor cantidad de lo que habitualmente lo haría. Esto satura la lámina ungueal y la uña se engrosa, al ser incapaz de realizar un correcto recambio celular.

Este mecanismo fisiopatológico por el que se disminuye el aporte sanguíneo a la matriz ungueal es lo que produce una disfunción en dichas células, y lo que afectará a la producción de lámina ungueal nueva. Por eso, los ancianos y los diabéticos son quienes suelen tener onicogrifosis, ya que sufren mayor incidencia de patologías circulatorias que impiden la correcta irrigación de la matriz y, en consecuencia, su óptimo funcionamiento en la producción de lámina nueva.

Por otro lado, debido a que las uñas son estructuras netamente epidérmicas, algunas patologías dermatológicas pueden producir engrosamiento de las uñas, así como lo producen en la piel. La psoriasis es un ejemplo de estas patologías. Se trata de una enfermedad autoinmune que produce inflamación crónica de la piel con lesiones engrosadas, que inicialmente puede afectar únicamente a las uñas y luego extenderse al resto del cuerpo.

Por eso, es importante acudir al podólogo por lo menos una vez al año, para monitorear y prevenir cualquier daño en nuestros pies. Aunque no hay un tratamiento definitivo, el especialista es quien conoce los métodos adecuados para cortar y rebajar el grosor ungueal, sobre todo en personas diabéticas o con problemas circulatorios.

Con frecuencia, este tipo de uñas van asociadas a infecciones por hongos o bacterianas, por lo que no es extraño que requiera la realización de un cultivo ungueal. En los casos más complejos, incluso puede ser necesario recurrir a tratamientos quirúrgicos para legrar la matriz ungueal de forma definitiva.

Al margen de estas visitas regulares, el podólogo te dará una guía de pasos a seguir ya sea por la aparición de colores anómalos en la uña, hematomas subungueales o molestias para prevenir este problema. Entre esas medidas generales destacan:

  • Realizar una limpieza profunda y diaria de los pies.

  • Secarlos bien y no dejar zonas húmedas, cuidando especialmente el espacio entre los dedos.

  • Aplicar cremas hidratantes.

  • Usar un calzado que no presione los dedos, que sea flexible y que permita una ventilación adecuada de los pies.

  • No dejar crecer las uñas al libre albedrío.

  • Realizar el corte de uñas con herramientas debidamente esterilizadas.

Los especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria (SEMERGEN) recuerdan que el aspecto de las uñas es importante incluso en los ancianos. La uña crece una media de 3-4 mm/mes en las manos y la mitad en los pies, y en los ancianos este crecimiento se enlentece aproximadamente un 0,5 por ciento al año, es decir, 0,1 mm/ día. Por tanto, para renovar una uña de la mano se necesitan 6 meses, mientras que se tarda 1 año en reemplazar una uña del pie.

En definitiva, debemos estar atentos a las alteraciones ungueales, que son un problema frecuente sobre todo en los ancianos, y cuya prevención requiere cuidados adecuados como el corte periódico. Desafortunadamente, estos cuidados a veces son complicados para los ancianos por problemas visuales, dificultad para alcanzar el pie y pérdida de la motivación personal en el autocuidado.

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