¿Por qué es tan difícil perdonarse a uno mismo?

Jennifer Delgado
Sufrir por culpas propias es la peor pesadilla de la vida, dijo Oscar Wilde. [Foto: Getty]
Sufrir por culpas propias es la peor pesadilla de la vida, dijo Oscar Wilde. [Foto: Getty]

¿Te sientes culpable por algo que hiciste en el pasado? ¿Por una decisión que tomaste – o que no tuviste el coraje de tomar? ¿Por las palabras dichas – o por aquellas calladas? La oportunidad que perdiste. El tren que dejaste escapar. El error con repercusiones inesperadas. La maldita ignorancia. Las señales que te negaste a ver – o aquellas que viste, pero a las que no diste importancia…

Existen mil y un motivos para sentirnos culpables y no perdonarnos. Ya lo había dicho Oscar Wilde: “el hombre puede soportar las desgracias accidentales que llegan de fuera. Pero sufrir por propias culpas, esa es la pesadilla de la vida”.

La culpa es uno de los sentimientos más paralizantes que existe, nos impide seguir adelante con nuestra vida atándonos a un pasado que se convierte en un pesado lastre. Bloquea nuestro “yo” manteniéndonos anclados a una versión culpable, lo cual nos sume en un círculo vicioso en el que la culpa genera cada vez más malestar y cualquier intento por perdonarnos encalla antes de soltar amarras.

La culpa no nos ayuda a cambiar, sino que nos empuja a cometer los mismos errores

La culpa nos atrapa en un círculo vicioso. [Foto: Getty]
La culpa nos atrapa en un círculo vicioso. [Foto: Getty]

Muchas personas creen que la culpa tiene un efecto positivo ya que nos permite recapacitar y cambiar. Sin embargo, psicólogos de la Universidad de Massachusetts no están de acuerdo. En sus experimentos pidieron a un grupo de personas que recordaran momentos en los que se habían sentido culpables o que les habían generado vergüenza.

Tras esa mirada al pasado, debían completar un cuestionario en el que se evaluaba su propensión al cambio personal a largo plazo. Los investigadores descubrieron que la vergüenza era una motivación mucho más fuerte para cambiar que la culpa.

Otro estudio realizado en la Universidad de Carleton reveló que aprender a perdonarnos no es un acto meramente simbólico, sino que tiene profundas implicaciones prácticas para nuestra vida. Estos psicólogos dieron seguimiento a 119 estudiantes universitarios a lo largo del primer año de su carrera. Todos tenían algo en común: no estudiaron lo suficiente durante el primer semestre y obtuvieron pésimas calificaciones.

Perdonarse fue clave para cambiar su actitud durante el segundo semestre. Los estudiantes que seguían atrapados en la culpa, obtuvieron peores calificaciones. Sin embargo, aquellos que se perdonaron asumieron una actitud más proactiva, procrastinaron menos, estudiaron más y mejoraron sus notas en los exámenes.

Esto significa que la culpa, por sí misma, no nos motiva a cambiar. Si no realizamos un profundo trabajo interior que nos permita perdonarnos – de verdad – podríamos caer en un círculo vicioso de auto conmiseración en el que solo alimentamos el resentimiento hacia nosotros mismos.

Cuando internalizamos la culpa y nos castigamos por un error del pasado, es más probable que desarrollemos comportamientos depresivos y pensamientos negativos que no conducen, necesariamente, a poner en marcha los esfuerzos necesarios para cambiar.

Al contrario, perdonarnos nos permite movernos más allá del error y centrarnos en el futuro, de manera que la carga del pasado deje de obstaculizar el presente. No es casual que la disposición a perdonarnos se haya relacionado con una alta autoestima, una mayor satisfacción con la vida y un mayor bienestar psicológico mientras que mantenernos atrapados en la culpa se ha vinculado con niveles más elevados de neuroticismo, depresión y ansiedad.

Entonces, si la culpa es tan dañina, ¿por qué nos resulta tan difícil perdonarnos?

El problema no es el error, sino lo que ese error dice sobre nosotros

¿Nos culpamos por el error o por lo que ese error revela de nosotros? [Foto: Getty]
¿Nos culpamos por el error o por lo que ese error revela de nosotros? [Foto: Getty]

La culpa, que para los antiguos griegos solo implicaba obrar mal violando alguna ley moral o causando un daño, ha ido cambiando su significado a lo largo de los siglos, como demuestra un análisis etimológico realizado en la Universidad Católica del Norte de Antofagasta, el cual puede explicarnos por qué nos resulta tan difícil perdonarnos.

En cierto punto de la historia, la culpa dejó de ser el resultado de la acción de la persona para ser asumida como un castigo de los dioses, de manera que pasó a impregnar el espíritu. O sea, la culpa ya no era la consecuencia de obrar mal, sino que se había transformado en una etiqueta moral porque se suponía que había algo de malo o pecaminoso en la persona.

A partir de ese momento, como dijera el filósofo Paul Ricoeur, la culpa se transformó en un castigo anticipado e interiorizado que pesaba sobre la conciencia, pues ya no importaba la violación de la prohibición, ni la venganza que dicha violación desencadenara, sino el mal uso que habíamos hecho de la libertad.

La culpa, libre de las ataduras del mal comportamiento, se fue a posar sobre la persona. Así dejamos de ser una persona que cometió un error para convertirnos en una persona “mala” - a secas y sin términos medios. Es precisamente por eso que nos resulta tan difícil perdonarnos. Sentirnos culpables implica sentirnos inadecuados, creer que algo en nosotros no funciona bien.

La culpa atraviesa el comportamiento para convertirse en una etiqueta que asumimos como propia, comenzamos a sentir que somos intrínsecamente malos o indignos. En ese caso, es difícil perdonarnos porque no se trata simplemente de reparar nuestro error, sino de intentar encajar en nuestra identidad una etiqueta que rechazamos rotundamente.

Cómo perdonarse y, de paso, inmunizarse contra la culpa

Una identidad madura es aquella que ha aceptado sus sombras. [Foto: Getty]
Una identidad madura es aquella que ha aceptado sus sombras. [Foto: Getty]

Cuando nos hundimos en el sentimiento de culpa es porque hemos elegido – de manera más o menos consciente - centrarnos solo en los hechos que confirman esa imagen de nosotros. Hemos notado, considerado y recordado solo los hechos que ese sentimiento de culpa quería que notásemos, considerásemos y recordásemos.

Si a raíz de un error comenzamos a creer que somos malas personas, desarrollaremos una visión de túnel que solo nos permite ver las señales que confirman nuestra creencia cayendo en una especie de autosabotaje. Para ampliar nuestra perspectiva y vernos de manera más objetiva necesitamos comprender que un error no nos define como personas. El pasado debe convertirse en una fuente de experiencia y sabiduría, no en una excusa para mantenernos atados a un “yo” anclado a la culpa.

Por otra parte, para “inmunizarnos” contra la culpa necesitamos aceptar nuestras sombras. Carl Gustav Jung nos alertaba de que “cada uno de nosotros proyecta una sombra tanto más oscura y compacta cuando menos encarnada se halle en nuestra vida consciente. Esta sombra constituye, a todos los efectos, un impedimento inconsciente que malogra nuestras mejores intenciones”.

Si la culpa nos pone frente a un “yo” no deseado, eso implica que debemos reconstruir la relación con nosotros mismos y que necesitamos integrar esas partes en nuestra identidad. La autoaceptación es clave si queremos perdonarnos y seguir adelante. Al fin y al cabo, “uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”, como dijera Jung.

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