Revelan por primera vez por qué con la edad somos menos resistentes a las infecciones

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A partir de cierta edad, el proceso de envejecimiento se dispara, y esto hace que enfermemos más a menudo, volviéndonos más propensas a sufrir infecciones, anemia y aumentando el riesgo de cáncer. La clave estaría en un cambio
A partir de cierta edad, el proceso de envejecimiento se dispara, y esto hace que enfermemos más a menudo, volviéndonos más propensas a sufrir infecciones, anemia y aumentando el riesgo de cáncer. La clave estaría en un cambio "catastrófico" en la composición de la sangre en la vejez, según un estudio reciente. (Foto: Getty)

El envejecimiento es un proceso complejo, los científicos llevan décadas sospechado que mientras con la edad se produce una acumulación gradual de mutaciones en las células degrada progresivamente la capacidad del cuerpo para funcionar correctamente.

Sin embargo, la investigación más reciente sugiere que este pensamiento es incorrecto, o en el mejor de los casos incompleto, y culpa a las células "egoístas" que crecen de forma explosiva al deterioro en la vejez.

Una teoría que acaba de ser refrendada por un grupo de investigadores de Cambridge que han descubierto un proceso que provoca un cambio "catastrófico" en la composición de la sangre en la vejez, lo que aumenta el riesgo de padecer cáncer de sangre y anemia, y reduce la eficacia de los glóbulos blancos para combatir infecciones.

Los científicos creen que se producen cambios similares en los órganos de todo el cuerpo, desde la piel hasta el cerebro, lo que podría explicar por qué las personas suelen envejecer de forma saludable durante décadas antes de experimentar un declive más rápido entre los 70 y los 80 años.

"Lo emocionante de este trabajo es que puede haber un conjunto común de procesos en funcionamiento", cuenta el Dr. Peter Campbell, autor principal del estudio y director del programa de Cáncer, Envejecimiento y Mutación Somática en el Instituto Sanger en Cambridge. "En última instancia, el objetivo sería ralentizar o intervenir en el proceso de envejecimiento, pero al menos vemos una opción para usar esto para medir la edad biológica".

La importancia de este hallazgo, publicado en la revistaa Nature, reside precisamente en esto, en la posibilidad de intervenir para modificar ese cambio 'catastrófico' en la composición de las células sanguíneas, lo que aumentaría la posibilidad de nuevas terapias para retrasar el proceso de envejecimiento.

Campbell y sus colegas estudiaron las células sanguíneas en todo el rango de edad, desde recién nacidos hasta personas de 70 y 80 años. Descubrieron que los adultos menores de 65 años tenían una amplia gama de glóbulos rojos y blancos producidos por una población diversa de 20.000 a 200.000 tipos diferentes de células madre en la médula ósea.

Sin embargo, en los mayores de 65 años, el panorama era radicalmente diferente. Casi la mitad de sus células sanguíneas procedían de unas míseras 10 o 20 células madre distintas, lo que reduce drásticamente la diversidad de las células sanguíneas de la persona, con consecuencias para su salud.

“El crecimiento exponencial explica por qué hay un cambio tan repentino en la fragilidad después de los 70 años, por qué el envejecimiento golpea a esa edad”, explica Campbell. Las células madre sanguíneas de crecimiento más rápido están relacionadas con el cáncer de sangre y la anemia, pero también hacen que las personas sean menos resistentes a las infecciones y los tratamientos médicos como la quimioterapia.

Según los investigadores, si bien las células madre involucradas en la producción de sangre acumulan mutaciones con el tiempo, la mayoría de estos cambios son inofensivos. Pero surgen problemas cuando las mutaciones raras hacen que las células madre crezcan más rápido, a menudo produciendo células sanguíneas de menor calidad como compensación. Cuando una persona tiene entre 30 y 40 años, la ventaja de crecimiento de las células madre aberrantes hace poca diferencia, pero a partir de los 70 años, estas células de rápido crecimiento llegan a dominar la producción de células sanguíneas.

“Lo que sabemos sobre otros sistemas de órganos es que se aplican muchas de las mismas observaciones”, añadió Campbell. Los investigadores ahora tienen la intención de buscar el mismo proceso en la piel para comprender por qué el envejecimiento provoca arrugas y una cicatrización más lenta de las heridas.

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