¿Por qué China tolera mercados de animales donde surgen virus mortíferos?

Parece una obviedad: hay que prohibir los mercados de animales vivos donde se propagan patógenos como el coronavirus, que ha matado más de 218, 000 personas y ha sacudido la economía global.

Pero, a pesar de la indignación global, es probable que los mercados de China sigan vendiendo murciélagos, pangolines, civetas, serpientes, halcones, tortugas y otros cientos de especies, de forma legal o ilegal. Aunque esto pueda causarle repulsión a muchas personas occidentales, las especies salvajes son un elemento básico tanto de la dieta como de la medicina china, algunas de cuyas tradiciones se remontan a muchos siglos de antigüedad. Los intentos de prohibir el comercio de especies salvajes en China solo conseguirían desviar su circulación a los mercados grises o negros, lo cual dejaría intacta la amenaza vírica.

“Llama la atención que un país que se maneja tan bien con todo lo que tiene que ver con el control no haya podido hacerlo mejor con esto”, le explica a Yahoo Finance Orville Schell, miembro de Asia Society. “Con el estricto control que hay en China, existen partes de su estructura social muy descentralizadas. Es muy difícil controlar lo que pasa en los mercados”.

Los investigadores piensan que el coronavirus y la enfermedad que causa, la COVID-19, se originaron en un gran mercado de Wuhan, China, donde los comerciantes venden animales salvajes vivos y sacrificados junto a carne procesada, mariscos, productos agrícolas y otros tipos de alimentos. Este virus altamente contagioso, que probablemente se transmitió de murciélagos a humanos a finales del año pasado en Wuhan, ha sido detectado en 3 millones de personas de decenas de países y seguramente haya millones de casos adicionales sin detectar. También es probable que el virus relacionado con el brote de SARS en 2003 proviniera de un mercado de animales en China. Es posible que el VIH, el ébola y otros virus también tuvieran su origen en mercados de animales de otras partes del mundo.

Clientes con mascarillas protectoras mientras una de ellas hace una llamada sentada en una silla de un IKEA en Wuhan, China, el 25 de abril de 2020. La sucursal de IKEA en Wuhan reanudó su actividad el 21 de abril. El gobierno comenzó a levantar las restricciones de viajes al extranjero el miércoles, 8 de abril, tras casi 11 semanas de bloqueo para frenar la propagación de la covid-19 (Foto de Getty Images).

Las autoridades estadounidenses y europeas han presionado a China para que cierre los mercados. “Me deja atónito el hecho de que tengamos tantas enfermedades que provienen de esa inusual interacción humano-animal y que no los cerremos”, dijo el doctor Anthony Fauci, principal experto en enfermedades infecciosas del gobierno de Estados Unidos, en una entrevista el 3 de abril. “No sé qué más tiene que pasar para que lo entendamos”.

El gobierno central de China prohibió el comercio de algunos animales salvajes a principios de este año. Algunas provincias con poderosos gobiernos regionales han aprobado leyes de prohibición más estrictas. Sin embargo, es probable que el comercio con animales salvajes continúe en China de una forma u otra, debido a la fuerte demanda de estos productos, al igual que la demanda de heroína u opiáceos genera un sólido negocio aquí en Estados Unidos, aunque sea ilegal.

“Para que la pandemia de COVID haga disminuir de forma considerable el tráfico de animales salvajes, debería reducirse la demanda de productos derivados de esos animales”, dice Vanda Felbab-Brown de la Brookings Institution, autora del libro The Extinction Market (2017) sobre la caza furtiva. “La presión internacional puede jugar un papel importante, pero el otro elemento necesario es lograr que 2 000 millones de personas dejen de consumir productos derivados de animales salvajes. Prohibirlo será insuficiente a menos que se organice una campaña para reducir la demanda”.

El consumo de animales salvajes en China

El consumo de animales salvajes en China fue una necesidad después de que el Partido Comunista tomara el poder en 1949 y la hambruna se convirtiera en rutina. Se llevaron a cabo reformas que animaban a los campesinos de zonas rurales a criar especies salvajes como ratas, murciélagos y gatos para ampliar el suministro de alimentos. Actualmente, los mercados de animales vivos conforman un importante sector económico con mucho dinero en juego junto a políticos que protegen esos intereses, a veces legalmente y otras veces a cambio de mordidas. Fuera de grandes ciudades como Pekín, Shanghái y Cantón, las autoridades regionales que velan por los intereses locales a menudo tienen más poder que las del gobierno central.

La medicina tradicional china es otro factor importantísimo, dado que se basa en cientos de ingredientes procedentes de animales salvajes, como pueden ser las escamas de pangolín, la bilis de oso, las heces de murciélago y los cuernos de rinoceronte. Aunque no necesariamente son efectivos, los remedios de la medicina tradicional china son populares y la industria que hay detrás, valorada en 73,000 millones de dólares, tiene mucho poder político. “La industria farmacéutica china es una gran fuente de creación de empleo y de generación de ingresos”, dice Felbab-Brown. “El gobierno está poco dispuesto a tocarlo”. China incluso llegó a persuadir a la Organización Mundial de la Salud para que incluyera la medicina tradicional china en su guía mundial de enfermedades y tratamientos, legitimando así las prácticas que durante cientos o miles de años han dependido del sacrificio de animales salvajes. Y los nuevos límites que China impuso a principio de este año al comercio de animales salvajes no se aplican a la medicina tradicional china.

Estados Unidos tiene la cifra más alta de casos de coronavirus (Gráfico: David Foster / Yahoo Finance).

Aparte de China, son muchos los países que permiten o toleran el tráfico de animales salvajes: Vietnam, Indonesia, Tailandia, Filipinas y algunos países de África y América Latina, por poner un ejemplo. Entonces, aunque China se las arregle para frenar el comercio de animales salvajes, este prosperaría en otros lugares e incluso crecería a medida que la demanda china se orientara hacia el extranjero.

Tras el brote de SARS en 2003, China tomó medidas drásticas contra los sectores del comercio de animales que probablemente fueron responsables de la enfermedad, pero la mano dura no permaneció mucho tiempo y la mayor parte del comercio de animales volvió a la normalidad en menos de un año. El coronavirus es mucho más grave, con una pérdida de vidas que, hasta ahora, es 260 veces peor. La economía China ha sufrido tanto como cualquier otra, lo que significa que a China le interesa evitar otro brote vírico.

“Esto es un gran llamado de atención”, dice Schell de Asia Society. “Estoy seguro de que esta vez se dan por avisados. El partido puede hacer prácticamente lo que quiera, si lo quiere hacer”. Este sería un buen momento para que el Partido Comunista lo solucione.

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Rick Newman