¿Por qué cada vez hay más niños con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad?

Mónica De Haro

Los expertos animan a jugar y experimentar más en las aulas para acabar con el fracaso escolar

El juego se propugna como un nuevo y eficaz método de aprendizaje en la educación. (Foto: Getty Images)
El juego se propugna como un nuevo y eficaz método de aprendizaje en la educación. (Foto: Getty Images)

Vivimos en una época confusa y cambiante en todos los campos, y eso se traslada incluso a la educación. De hecho, en las guarderías y los colegios se están viviendo situaciones delicadas propiciadas por una especie de cruzada obsesiva contra la imperfección.

Los padres quieren hijos perfectos, que aprendan sin dificultades y se comporten de manera ‘ejemplar’. Están tan pendientes de ellos que se les analiza al dedillo y se les exige (y estimula) en exceso. Por eso ante la mínima señal los llevan a los especialistas temerosos de que tengan un ‘retraso’ o sean hiperactivos.

De hecho, hoy en día el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es un diagnóstico tan prevalente en las escuelas que, según los expertos en neuropsicología, puede estar sobre diagnosticado porque las causas que subyacen a un problema de atención, en gran parte de los casos, tienen un origen emocional, sensorial o motor.

Los niños que no gestionan bien sus emociones o con una emocionalidad negativa, que muestran dificultades de control motor, propiocepción, equilibrio o con una deficitaria calidad auditiva sin padecer un déficit auditivo, con una alta probabilidad, manifestarán dificultades para mantener la atención y, probablemente, tengan buena parte de los síntomas diagnósticos del trastorno.

Los expertos aconsejan romper con el protocolo y las normas y abrir el abanico de opciones. (Foto: Getty Images)
Los expertos aconsejan romper con el protocolo y las normas y abrir el abanico de opciones. (Foto: Getty Images)

Estos niños no llegan a los estándares de aprendizaje exigibles para alcanzar los objetivos curriculares y para llegar a ser autónomos y felices en su vida diaria. Sin embargo, los expertos aseguran que el problema podría no ser tal si se potenciara y se permitiera que los alumnos expresen sus emociones, ya que esto repercute en su desarrollo y aprendizaje.

Muchas teorías neurocientíficas aseguran que de esta manera se les facilita la labor de identificación y gestión emocional para la autorregulación y autocontrol de la conducta.

El cuerpo no solo es el escenario en el que bailan las emociones, sino el vehículo prioritario y privilegiado para llegar al aprendizaje, lo que justifica la necesidad del juego y la experimentación en las aulas.

Hay que perder el miedo a la tecnología y aprovechar la capacidad innata de los más pequeños. (Foto: iStock)
Hay que perder el miedo a la tecnología y aprovechar la capacidad innata de los más pequeños. (Foto: iStock)

Por eso hay que diferenciar entre aprendizaje significativo y propositivo, porque solo la motivación interna, conecta con la emoción y abre verdaderamente los sistemas de aprendizaje para que éste sea duradero en el tiempo y, además, transferible a otros contextos.

Los educadores deben acompañar a los alumnos en ese proceso. Por ello es tan importante recurrir a profesionales especialistas en dichas áreas que descarten alteraciones emocionales, motrices o sensoriales que puedan confundir el diagnóstico.

Otra forma de aprender y de educar es posible, la revolución en las aulas ya ha empezado y son muchos los colegios que están instaurando nuevas metodologías que permitan a los niños aprender jugando y experimentando.

También te puede interesar:

¿Qué enfermedad puede afectar tanto a un bebé de seis meses como a un anciano?

¿Cómo puedo saber si mi hijo tiene dislexia?