Por fin 'Stranger Things' me engancha y no precisamente por la nostalgia ochentera

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No me da miedo reconocerlo ni que los fans acérrimos se me tiren encima: pero nunca me terminó de gustar Stranger Things. Cuando su primera temporada devolvía la nostalgia ochentera a las almas del mundo y revolucionaba el streaming homenajeando las aventuras clásicas e infantiles de los 80, yo veía una serie que copiaba demasiado e innovaba poco. JJ Abrams ya lo había hecho con Super 8 en 2011, no me parecía algo novedoso, y más allá de jugar a las adivinanzas descifrando las referencias que incluían sus creadores -los hermanos Duffer- en cada temporada, no le encontraba el punto de cocción ideal para comérmela con ganas. Lo intenté con cada tanda, pero no lograba conectar con la historia ni los personajes, sino que me resultaba una experiencia repetitiva con demasiados ‘déjà vu’ para mi gusto.

Hasta ahora. Porque he de reconocer que su cuarta temporada, a pesar de ser la más inconsistente de todas, es la que por fin ha logrado cautivarme. No precisamente por la magia ochentera que la caracteriza, sino por otro detalle que solo podían conseguir ahora y gracias al paso del tiempo.

Eduardo Franco como Argyle, Charlie Heaton como Jonathan, Millie Bobby Brown como Eleven, Noah Schnapp como Will Byers, y Finn Wolfhard como Mike Wheeler en 'Stranger Things'. Cr. Courtesy of Netflix © 2022
Eduardo Franco como Argyle, Charlie Heaton como Jonathan, Millie Bobby Brown como Eleven, Noah Schnapp como Will Byers, y Finn Wolfhard como Mike Wheeler en 'Stranger Things'. Cr. Courtesy of Netflix © 2022

Stranger Things vuelve a Netflix con la primera parte de la cuarta temporada (la segunda aterrizará el 1 de julio), retomando la historia tras la batalla de Starcourt, que no solo dio por muerto a Jim Hopper (David Harbour), sino que sembró el terror en Hawkins y obligó a la separación de la banda protagonista con Once y la familia Byers huyendo a California. Como ya nos hizo saber el tráiler de la nueva tanda, el padre adoptivo de Once está vivito y coleando en Rusia, prisionero y bajo torturas constantes mientras el pueblo protagonista recibe la visita de una nueva criatura monstruosa. Se llama Vecna y es el responsable de dar un giro radical a la serie. Y es que si los hermanos Duffer contagiaron la trama con el espíritu aventurero y ciencia ficción de la primera mitad de los 80s en las temporadas iniciales, ahora continúan con la transición natural dentro de la década dando la bienvenida al terror y el slasher. Por eso estamos ante la temporada más oscura de Stranger Things, la que tiene secuencias de terror que, por fin, están más dirigidas a ese público adulto que consume la serie por nostalgia ochentera y no tanto al niño que llevamos dentro.

Sin embargo, por más que personalmente aprecie con creces los homenajes al cine de terror de la década -desde Los viajeros de la noche a La puerta, El silencio de los corderos, Hellraiser y muchas más- lo que hizo que finalmente le cogiera el gustillo fue un detalle que iba a darse tarde o temprano: el crecimiento inevitable.

La tercera temporada abrió la puerta a las relaciones y el primer amor entre algunos protagonistas, jugando con las hormonas, el cambio corporal y emocional, dando lugar a un escenario diferente para la gran mayoría. No obstante, el aire infantil seguía impregnando a la serie. No terminaba de despegar del todo de sus raíces y si bien soy consciente que muchos fans lo agradecieron al estar enganchados precisamente a la dosis de aventura monstruosa de sus inicios, para mí era más de lo mismo.

Noah Schnapp como Will Byers, Charlie Heaton como Jonathan Byers y Finn Wolfhard como Mike Wheeler en 'Stranger Things'. Cr. Courtesy of Netflix © 2022
Noah Schnapp como Will Byers, Charlie Heaton como Jonathan Byers y Finn Wolfhard como Mike Wheeler en 'Stranger Things'. Cr. Courtesy of Netflix © 2022

Pero ahora las cosas han cambiado por algo tan inevitable como la edad de sus estrellas. Si hacemos cuentas, la tercera temporada se grabó en 2018 con sus protagonistas rondando los 15 y 16 años. Sin embargo, entre el vestuario, maquillaje y peluquería, todos parecían más infantiles que sus edades reales, dando razón de ser a la serie que los plasmaba en una etapa más temprana. Ahora, ya no pueden ocultar que han crecido por mucho maquillaje o ángulos de cámara.

Es cierto que aunque ya tengan entre 18 y 20, muchos no lo parecen. Sin embargo, entre el vestuario y el corte de pelo adecuado, así como andares encorvados y menos maquillaje en el rostro, nos dan la sensación de estar viendo a adolescentes en plena etapa de transición. Por eso, los hermanos Duffer no podían seguir navegando por un terreno de aventura infantil. No hubiera funcionado con el aspecto que tienen ahora sus protagonistas. De esta manera, la nueva temporada avanza en todos los sentidos. No solo con un monstruo que infunde de terror adulto las secuencias más oscuras, sino dotando tambien a los personajes de situaciones más creíbles, con la vulnerabilidad emocional en proceso de madurez.

Por ejemplo, como las dudas existenciales de Will después de acarrear (pobre) varios traumas por culpa de sus desapariciones en el Mundo del Revés. Así como Once y su crisis personal, sintiendo que no pertenece todavía al mudarse a un lugar donde el rechazo es constante. Se ponen sobre la mesa situaciones adolescentes como el existencialismo, el bullying, el cambio inevitable en las amistades, el tránsito inestable entre la madurez precoz de unos y la inmadurez de otros. Y, al estar más separados que nunca con un bando en Hawkins y otro en California, les permite explorarlos individualmente con más espacio.

De esta manera, la nueva temporada permite conectar con los personajes en un nivel más cercano y creíble, dotándolos de más naturalidad en el aspecto juvenil de cada uno pero tambien aportando dosis de dramatismo adulto. Curiosamente, me recordó a la magnífica estrategia que usaron series maravillosas como Jóvenes altezas y Heartstopper, también de Netflix, donde la faceta adolescente brilla a la máxima potencia. Porque vemos acné, cuerpos larguiruchos, narices en desarrollo… la naturalidad de la vida misma.

Ya no se trata de monstruos y aventuras imposibles a lo Goonies con villanos rusos de libro. Sino que hay un aporte nuevo que añade una dosis de frescura natural que no veía en las temporadas previas.

Imagen de Vecna en 'Stranger Things'. Cr. Courtesy of Netflix © 2022
Imagen de Vecna en 'Stranger Things'. Cr. Courtesy of Netflix © 2022

Es cierto que hay que prepararse. La primera mitad de la cuarta temporada cuenta con siete episodios que rondan entre los 63 y 98 minutos., mientras la segunda mitad constará de nueve, llegando a un final de dos horas y media. Es decir, una experiencia épica para dejar a los fans empachados de Stranger Things.

No lo voy a negar, por momentos la trama se siente sobrecargada y desigual, haciendo que llegar al clímax se haga demasiado eterno. Pero aun así, el realismo de ver a sus personajes más creíbles en la transición adolescente con sus propios dramas existenciales, me permitió acercarme a ellos y sus historias de forma más personal, sin tanta purpurina ochentera robándose el protagonismo.

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