Escándalo en Italia por las aglomeraciones en los Museos Vaticanos

M. J. Arias
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Las imágenes de fiestas o espacios públicos donde no se cumple con las medidas impuestas para reducir los contagios por coronavirus no son exclusivas de España. También se dan en el resto del mundo y desde el pasado fin de semana en Italia están inmersos en una polémica por el escándalo que ha supuesto la publicación de unas fotos en las que se aprecian aglomeraciones en los Museos Vaticanos.

La denuncia ha partido, como recogen desde La Repubblica y otros medios italianos, tanto de guías turísticos como de visitantes que sufrieron lo que han llegado a calificar de ‘infernal’. Según el testimonio de Vicenzo Spina recogido por el citado diario y que ha escrito una carta a la gerencia del museo para exponerle sus quejas, “no hubo distanciamiento, no hubo organización, fue pura locura”.

Lo momentos más complicados, han contado quienes lo vivieron, se dieron en las salas de Raphael, donde llegó un punto en el que no se podía “ni avanzar ni retroceder”. Spina ha contado también que él, como guía, acudió el sábado a los Museos Vaticanos con un reducido grupo de visitantes y que lo que vio dentro le hizo “sentir profundamente avergonzado”.

Según sus palabras, lo vivido allí fue como estar en “una plataforma de metro en hora punta, con familias tratando de hacer retroceder y visitantes gritando 'nos secuestraron’”.

Las quejas han llegado hasta la dirección de los Museos Vaticanos y su directora, Barbara Jatta, en declaraciones a la agencia ANSA, ha intentado quitar hierro al asunto dando a entender que se ha exagerado la polémica.

“El sábado pasado también estuve en los Museos Vaticanos guiando a algunos visitantes y la situación no fue en absoluto tan dramática. Honestamente, las controversias planteadas por algunos guías me parecen un poco tontas”, ha dicho.

Además, ha criticado que durante meses se hayan estado quejando del cierre de las salas y que ahora lo hagan con la reapertura, que se produjo el pasado 1 de febrero tras 88 días de cierre. También ha comentado que quizá el problema no estuvo en la cantidad de gente y sí en que algunos guías pasaron demasiado tiempo en una de las salas principales provocando una suerte de cuello de botella. 

“Lo siento, porque el problema no estaba ahí. Yo misma dirigí dos grupos entreteniéndonos en los pasillos el tiempo adecuado”, ha sentenciado. 

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