La comida de Navidad de la CEOE a sus trabajadores con decenas de asistentes en plena segunda ola

M. J. Arias
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La polémica suscitada hace escasos dos meses por la entrega de premios organizada por el periódico El Español a la que acudieron cerca de un centenar de personas no caló demasiado hondo en algunos sectores a tenor de las informaciones publicadas por La Razón. Según el citado diario, el pasado viernes la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) organizó una comida navideña de empresa con 60 comensales en plena segunda ola de contagios por coronavirus y con la tercera en boca ya de los expertos.

Además del hecho de la comida en sí, la polémica también se centra en la elección del sitio, un lugar propiedad de la esposa del presidente de la CEOE, Antonio Garamendi.(Foto: Europa Press News/Europa Press via Getty Images)
Además del hecho de la comida en sí, la polémica también se centra en la elección del sitio, un lugar propiedad de la esposa del presidente de la CEOE, Antonio Garamendi.(Foto: Europa Press News/Europa Press via Getty Images)

Mientras las restricciones aumentan, los aforos se reducen y a las comidas y cenas navideñas familiares solo pueden asistir entre 6 y 10 invitados, el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, reunió a 60 invitados en el Palacio del Negralejo, en Rivas Vaciamadrid. Publica La Razón que en origen los invitados fueron 110, la plantilla completa de la patronal, pero que alrededor del 40% de ellos declinaron ir alegando “razones personales”.

Estas razones, señalan en dicho medio y citando fuentes consultadas, se debían a la consideración de que “en un momento en el que se han suspendido todas las comidas navideñas en las empresas españolas, no tiene mucho sentido que la institución que los representa organice una para celebrar la Navidad”.

Desde la CEOE se han defendido asegurando que el motivo de seguir adelante con esta reunión navideña (a la que acudieron algunos miembros de su directiva) no fue otro que reconocer a sus trabajadores el esfuerzo extra realizado en un año “muy duro y cargado de trabajo” y han insistido en que se cumplieron en todo momento las medidas sanitarias impuestas por la pandemia.

Han detallado fuentes de la patronal que los asistentes se realizaron una prueba 24 horas antes siendo el resultado negativo en todos los asistentes, que se guardaron las distancia de seguridad, se usaron geles hidroalcohólicos y mascarillas y que en las mesas se mantuvieron las burbujas sentando juntas en grupos de seis solo a personas que trabajaban en el mismo departamento.

Además, insistieron en que el lugar de celebración elegido –que ha avivado aún más la polémica por ser propiedad de una sociedad familiar de María Acha Satrústegui, esposa de Garamendi– cuenta con un aforo de 600 personas y solo fueron 60 comensales.

Pero, como ocurrió este fin de semana con los dos conciertos de Raphael en Madrid ante miles de personas, más allá de que se cumpliesen con todas las normas de seguridad COVID, el debate y la polémica surge en torno a si resultan prudentes y apropiadas estas celebraciones ante el repunte de nuevos contagios.

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