Pol Monen, en cuerpo y alma

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Photo credit: JUANJO MARBAI
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Pol Monen parece vivir atravesado por la espiritualidad. Sus maneras de hombre reflexivo, sagaz y, a la vez, curioso le delatan. Pone alma en lo que dice, porque todo lo expresa desde la honestidad y la humildad. Y no, no es postureo. Podría haberse dejado obnubilar por el relumbrón de esa fama exponencial que experimentan algunos de sus colegas de profesión. Pero él, el penúltimo enfant terrible del panorama actoral patrio, parece estar hecho de otra pasta. A sus 27 años, ya sabe lo que es ser chico Almodóvar –interpretó a uno de los alumnos del internado infantil de La mala educación–, estar nominado al Goya a mejor actor revelación por Amar (2017) y aprender a sobrellevar el éxito que supone aparecer en ¿A quién te llevarías a una isla desierta? (2019), la película que lo convirtió en un icono juvenil fuera de nuestras fronteras. Aun así, este catalán de mirada risueña y espíritu inquieto parece no dejarse llevar por los cantos de sirena que puede acarrear el éxito repentino. “Con el tiempo he aprendido a gestionar mis emociones, a poner límites para evitar pasarme por encima. Siento mucho las cosas y no me cuesta expresar mis sentimientos. Solo así se puede navegar en la vida yen esta profesión”, asegura.

Como en el poema Ítaca de Constantino Cavafis, Monen busca que su camino profesional sea largo. Aventuras no le faltan. En el horizonte planean dos estrenos: La novia deAmérica, una producción hispano-mexicana de Alfonso Albacete en la que el actor tiene un papel protagonista, y Alma (Netflix), un thriller de Sergio G. Sánchez en que el actor interpreta a Bruno: “Un personaje bastante alejado de mí por lo huraño, pero con el que he conectado por algo que, creo, tenemos en común: la nobleza”, apunta. Razón no le falta. Porque, en las distancias cortas, resulta bastante reseñable este rasgo de su personalidad. Aún le quedan poco más de dos años para alcanzar la treintena y el poso que deja con cada afirmación lo sitúa como un joven adelantado a su tiempo.

Photo credit: JUANJO MARBAI - Esquire
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Tal vez la rotundidad de sus reflexiones tenga que ver con algunas de sus pasiones. Cuenta que practica deporte entre tres y cuatro veces por semana:“Me hace sentir bien física y mentalmente. Gracias a él puedo gestionar situaciones de estrés; me ayuda a estar psicológicamente más centrado”. También le sirven la lectura (ahora alterna Un adúltero americano, la biografía sobre John Fitzgerald Kennedy de Jed Mercurio, y The world, un tratado sobre relaciones internacionales de Richard Haass), su doble ración de cine semanal y, por supuesto, la meditación; otra de sus pasiones: “Forma parte de mi día a día. Suelo meditar por la mañana y, en ocasiones, busco otros momentos del día para hacerlo. Lo tengo integrado en mi rutina porque es algo muy sencillo. En silencio, pienso en todo aquello que se me viene a la mente, procuro no juzgarlo para, después, relajarme y mirar un poco más adentro”.

–¿Es esta tu forma de trabajar la parte psicológica?

–Sí, y aunque en este momento no estoy yendo al psicólogo, no descarto hacerlo en un futuro. Creo que no es necesario estar viviendo una mala situación personal para ir a terapia. Deberíamos saber que la psicología nos ayuda a cuidar de nosotros mismos, a conocernos mejor para relacionarnos con el resto de personas. Entre mis amigos actores es algo muy común: muchos van al psicólogo y lo comparten con total naturalidad.

Photo credit: JUANJO MARBAI - Esquire
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–¿Por qué este cambio de paradigma sobre la salud mental?

–La cultura del trabajo de los últimos años ha favorecido que no prestáramos atención a todo aquello que nos preocupa. Una de las pocas cosas positivas del confinamiento es que mucha gente ha podido replantearse sus prioridades.

–¿Te consideras un hombre con las emociones a flor de piel?

–Por supuesto. Me considero una persona bastante sensible. Nos han vendido una única idea de masculinidad, la de ese hombre fuerte que no puede mostrarse vulnerable... Yo me gano la vida mostrándome así y es algo maravilloso. He visto muy pocas veces llorar a mi padre y presiento que conmigo ha llegado la liberación en la familia. Deberíamos ser capaces de transitar más emociones.

–¿Cuándo lloraste por última vez?

–Hace unos días me encontré con un amigo y le pregunté por su padre. Me dijo que había muerto hacía un par de meses. Y me puse a llorar.

Photo credit: JUANJO MARBAI - Esquire
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Pol Monen recuerda este encuentro entre lágrimas porque sabe lo importante que es cuidarse por dentro y por fuera. “Sé que todo aquello que pueda hacer por mi bienestar me repercutirá para bien en el futuro. A pesar de que siempre he sido un poco descuidado, desde hace algunos años procuro mantener una doble rutina de aseo personal dos veces al día. Es muy sencillo: me lavo la cara y después suelo aplicar una hidratante. El día que me acuerdo [ríe] me aplico alguna crema para el contorno de los ojos”.

Todo parece medido en la vida de un actor que casi resulta una rara avis en este universo actual de sobre exposición y likes. Pol Monen ha encontrado la receta de su éxito personal y profesional: “Procuro escucharme para entender lo que necesito”, dice. Sin duda, pocas cosas hay como prestar atención a uno mismo. Ya lo decían los latinos: “Mens sana in corpore sano”.

Photo credit: JUANJO MARBAI - Esquire
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Estilismo: Jesús Cicero • Fotos: Juanjo Marbai • Vídeo: Daniel Valdemoro • Peluquería y maquillaje: Sofía Rubinstein (The Artist Talents Keka) • Asistente de estilismo: Belén Rastrollo • Asistente de fotografía: Teresa Gutiérrez • Asistente de iluminación: Óscar H. Espinosa • Producción: Chus Casarrubios • Edición de vídeo: Álvaro Verdú • Dirección, edición y texto: Juanjo Madrigal

* Este artículo aparece publicado en el número de junio de 2022 de la revista Esquire, a la venta desde el 23 de mayo.

Photo credit: Charlie Gray
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