El poder de quejarse... Aunque no seas una Kardashian

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Photo credit: kokouu - Getty Images
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Inmersos en una cultura (cada vez más en desuso, por cierto) que premia la amabilidad y la positividad por encima de todas las cosas, empleamos la positividad tóxica para reprimir las emociones dolorosas. ¿El resultado? Huimos sistemáticamente de las quejas pese a que como demuestran diversas investigaciones científicas, nuestro cerebro tiende hacia la negatividad y funciona como un velcro para las experiencias negativas, pues no está programado para el bienestar, sino para la supervivencia. Es decir: esta lucha por esconder lo que no nos convence va en contra de nuestra naturaleza.

En 'La sociedad paliativa' (Herder), Byung-Chul Han señala cómo la positividad de la felicidad desbanca a la negatividad del dolor para extenderse al ámbito social. Cuando los conflictos y las controversias son expulsados de la vida pública, el autor nos advierte que se instaura una posdemocracia que en el fondo, no es otra cosa que una democracia paliativa. No cabe duda de que quejarnos constantemente puede frustrar a quienes nos rodean e incluso podría conducirnos a la depresión, pero muchos estudios señalan que las quejas pueden también ser una herramienta positiva para relacionarnos y para sobrellevar situaciones de estrés y de frustración. Incluso como muchas personas tienen dificultades a la hora de expresar sus emociones, no es extraño que recurran a las quejas para expresarlas.

La fuerza de alzar la voz

Pero por más que tantos se empeñen en castigar a quienes se quejan, forzándolos de esta forma a tener que conformarse de algún modo con lo que les ocurre, prueba de que alzar la voz tiene sus ventajas es que los usuarios de Instagram llevaban tiempo quejándose acerca del nuevo devenir de la red social, que parece empeñada en funcionar como TikTok al fomentar Instagran reels, pero no ha sido hasta que Kylie Jenner y Kim Kardashian se han sumado a esta queja global que su CEO, Adam Mosseri, ha hecho un comunicado en el que reconoce que los cambios todavía no están llevándose a cabo de forma correcta y ha echado el freno en sus modificaciones. “Teniendo en cuenta nuestros descubrimientos y el feedback de nuestra comunidad, vamos a parar lo que estábamos haciendo para explorar otras opciones. Vamos a rebajar el número de recomendaciones que damos a los usuarios en su feed para que podamos mejorar la calidad de su experiencia”, ha asegurado, dejando claro que cuando habla del “feedback de la comunidad”, sin duda este se tiene más en cuenta cuando tras las quejas se encuentran mujeres a las que siguen millones y millones de personas...

Photo credit: Peter Dazeley - Getty Images
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Lo cierto es que al parecer, para que las altas esferas escuchen el desencanto del mundo han de ser los poderosos los que manifiesten su descontento, pero al menos es una prueba de que cuando no estamos de acuerdo con las cosas, hemos de verbalizarlo. Al fin y al cabo, Kim se encuentra inmersa en una andadura con la que cambiar el sistema legal americano, que no considera justo, y jamás duda en transmitir su opinión y sus desacuerdos desde sus redes, consciente de que su voz y sus perfiles son una plataforma capaz de cambiar las cosas. Aunque por supuesto la inmensa mayoría carecemos de sus privilegios y de su influencia, de sus acciones hemos de extraer la enseñanza de que la queja no siempre es mala, sino que puede ser transformadora. Eso sí: la clave para que las quejas no se conviertan en una trampa de negatividad radica en tener siempre en mente el objetivo de la queja para evitar entrar en una suerte de modo avión.

“La queja se ha convertido en el recurso privilegiado a la hora de comunicarnos en nuestro tiempo. Pero no basta afrontar los problemas lamentándonos. A menudo el que se queja contribuye activamente a alimentar el clima de negatividad que impregna nuestra sociedad. También las familias y el ambiente laboral sufren esta lacra. Pongamos de nuevo la confianza, la responsabilidad y la competencia en el centro de nuestras vidas", advierte por su parte el psicólogo, terapeuta y mediador familiar Salvo Noè, autor de ‘Prohibido quejarse’, un libro con el que quiere que sus lectores refuercen su autoestima y motivación para no caer en la trampa del victimismo.

“Reclamar puede ser largo, pero vale la pena. Quien decide acudir a los tribunales para defender sus derechos, suele afrontar un proceso largo y complejo, que aún se alarga más si se recurren la sentencia. Sin embargo, muchos de los problemas de consumo podrían resolverse fuera de los tribunales”, aseguran desde La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), por lo que queda claro que las quejas no solo exigen que perdamos el miedo a los cambios, sino también que tengamos paciencia.

Photo credit: Tate Museum
Photo credit: Tate Museum

Las populares y controvertidas Guerrilla Girls nos han empujado a reflexionar acerca del arte de la queja, que puede devenir en cambios reales con los que transformar el mundo y pensar de forma crítica acerca de la sociedad y lo que nos rodea. Ellas defienden que está bien sentirse descontento con lo que acontece, pues en cuanto admitimos no estar felices con algo, podemos cambiar las cosas. Por ello dieron forma a en 2016 a un departamento de quejas en el londinense museo Tate Modern, en el que se invitaba a los asistentes a quejarse sobre el arte, la cultura, la política, el medioambiente o cualquier cosa que les preocupara.

Lo que diferenciaba a esta experiencia artística de las quejas al uso es que las artistas no solo querían que las quejas ayudaran a los asistentes a despojarse de lo que les preocupaba, sino que hicieran quejas complejas que al ser expuestas, les incitaran a resolver lo que no les gusta para cambiar el mundo. “No se trata solo de señalar algo y decir que está mal, sino que hemos de dar con la forma de cambiar la forma en la que pensamos sobre las cosas. A veces estar enfadado y quejarse es un buen lugar para comenzar los cambios, pero no es un buen lugar para terminar”, aseguran.

Para que las cosas cambien, en resumidas cuentas, hemos de plantarnos ante lo que no nos gusta, pero por supuesto, las quejas han de ir acompañadas siempre de acciones. Al final, las muestras de descontento conllevan una reflexión previa y pueden ser el preludio de la acción, y teniendo en cuenta que en ocasiones vivimos sumidos en una sociedad dormida, nada como alzar la voz puede funcionar como el despertador necesario para cambiar lo que nos incomoda. El mundo no quiere que te quejes porque espera que asumas todo lo que ocurre y te adaptes sin rechistar, pero por más que tus reclamaciones no sean escuchadas con la vehemencia con la que son tenidas en cuenta las de las Kardashian, no está de más verbalizar lo que te incomoda para desfogarse y sobre todo, para avanzar.

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