Más que un estímulo, el plan de Infraestructura de Biden es el regreso triunfal del juego político del poder en Washington

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Aunque el paquete incluye puentes, autopistas y obras; prevención al cambio climático; creación masiva de empleos y estímulos para competir con la economía china, la ley de infraestructura que está por ser aprobada en el Congreso tiene una connotación mayor y más relevante: el regreso triunfal de la política como actividad que rige el poder en Washington

WASHINGTON, DC  June 24, 2021:

US President Joe Biden and United States Senators following a meeting regarding infrastructure negations at the White House on June 24, 2021. Biden invited Republican and Democratic senators to discuss the infrastructure plan. The meeting included: Senator Bill Cassidy (R-LA), Senator Susan Collins (R-ME), Senator Joe Manchin (D-WV), Senator Lisa Murkowski (R-AK), Senator Rob Portman (R-OH), Senator Mitt Romney (R-UT), Senator Jeanne Shaheen (D-NH), Senator Kyrsten Sinema (D-AZ), Senator Jon Tester (D-MT), and Senator Mark Warner (D-VA).

(Photo by Demetrius Freeman/The Washington Post via Getty Images)
En junio pasado el presidente Biden se reunió con varios senadores para conversar sobre el plan de Infraestructura del Senado de EEUU. En la imagen: Senador Bill Cassidy (R-LA), Senador Susan Collins (R-ME), Senador Joe Manchin (D-WV), Senadora Lisa Murkowski (R-AK), Senador Rob Portman (R-OH), Senador Mitt Romney (R-UT), Senadora Jeanne Shaheen (D-NH), Senadora Kyrsten Sinema (D-AZ), Senador Jon Tester (D-MT), and Senador Mark Warner (D-VA). (Photo by Demetrius Freeman/The Washington Post via Getty Images)

Más allá del dinero que saldrá a la calle, el nuevo plan de infraestructura a punto de ser aprobado en la cámara del Senado por ambos partidos, representa no un triunfo de los demócratas o del gobierno de Biden, sino un regreso a la política tradicional estadounidense, que había estado en hiato por mucho tiempo.

Han sido muchos meses los que han pasado antes que una ley de esta envergadura no era elaborada por ambas bancadas. Es un proyecto de 2700 páginas, largamente negociado, que pondrá una enorme lista de invesrsiones en las entrañas del aparato productivo, pero que representa, además de un oxígeno económico muy necesario para los tiempos que vienen (que la economía rebote desde sus bases, y no solo en numerología macrofinanciera), el regreso de los partidos a la discusión de los asuntos nacionales, conservando sus puntos de vista pero priorizando los intereses del país, concediendo y pidiendo puntos de negociación con su adversario, sin la pretensión de aniquilarlo ni de negar un acuerdo con el basto propósito de polarizar.

El paquete utilizará un total de un trillón de dólares y generará 2 millones de empleos por año en la próxima década.

La infraestructura estadounidense, que fue uno de los más sonados temas de campaña de Donald Trump en 2016, es uno de los sectores con menos inversión desde hace años. El plan supone la contemplación de necesidades respecto al cambio climático y una jugada estratégica para responder a las iniciativas competitivas chinas. Pero, sobre todo, significa el reinicio del juego político, en el que ambos partidos se sienten necesarios y coresponables de la conducción de país, se adeversan sin necesidad de exterminarse, y se chequean y contrachequean mutuamente, así como con el resto de los poderes, en una eterna negociación que beneficia a las instituciones.

WASHINGTON, DC - JULY 22: U.S. President Joe Biden meets with advisors, union and business leaders about infrastructure in the Roosevelt Room of the White House on July 22, 2021 in Washington, DC. The $1.2 trillion bipartisan infrastructure plan could get another chance to move forward in the Senate on Monday. (Photo by Drew Angerer/Getty Images)
Una imagen del presidente de EEUU, Joe Biden. (Photo by Drew Angerer/Getty Images)

Paciencia y resultados

A pesar de haber tenido votos suficientes para aprobar la propuesta original, tanto Biden como la bancada demócrata, con el señuelo republicano, prefirieron sentarse a negociar para obtener una ley conjunta, elaborada por la vía bitartidista.

La Ley de Inversión en Infraestructura y Empleos (que es su nombre formal), negociada en el Senado y en la Casa Blanca, estipula nuevas inversiones de gran envergadura,entre las que se encuentran $110,000 millones para carreteras y puentes, $39,000 millones para el transporte público y $66,000 millones para trenes. También incluye $55,000 millones para infraestructura de agua y de aguas residuales, así como miles de millones de dólares para aeropuertos, puertos, internet de banda ancha y estaciones de carga de vehículos eléctricos

“No hemos realizado un gran proyecto bipartidista de esta naturaleza en largo tiempo”, dijo Chuck Schumer, líder de la mayoría demócrata en el Senado.

El proyecto de ley bipartidista significa uno de los gastos más sustanciales en caminos, puentes, plantas de tratamiento de agua, banda ancha y la red eléctrica en años.

Los senadores y el personal estuvieron trabajando tras bambalinas durante semanas para negociar, primero, y redactar, depués, el enorme proyecto de ley. Se suponía que estaría listo antes, pero para las negociaciones siempre suponen demoras.

Ya días atrás, la senadora demócrata Kyrsten Sinema, una de las impulsoras de la propuesta, había expresado lo que era la tónica del partido de gobierno: "todas las partes tienen que ceder en algo para lograr algo”.

Al menos por esta ocasión, el espíritu de la negociación política partidista ha regresado a Washington.

Para impulsar el trabajo, Schumer mantuvo a los senadores en sesión el fin de semana, alentándolos a que terminaran.

(VIDEO) Biden defiende su plan de inversión en infraestructura para competir con China

Las amenazas de Trump vs el liderazgo de la minoría

Ante la eminente reactivación del bipartidismo, una tradición que hace lucir la antipolítica trumpista como una idea que naufraga en el pasado, el ex mandatario urgió y amenazó a los republicanos con declaraciones que parecían un llamado de emergencia: "Republicanos, no lo hagan! No apoyen esa ley de infraestructura! Los patriotas nunca lo olvidarán! Si esto pasa, en muchas primarias sus resultados serán adeversos!".

La intromisión (los ex presidentes suelen no participar pública y activamente en los quehaceres de los partidos) busca hacer sentir el poder que Trump tiene aún en las filas republicanas, a pesar de haber perdido, debido al sinnúmero de personas que creen en la falacia de que su derrota fue un fraude electoral.

Pero además de ejercer su influencia, el ex mandatario amenaza con hacer perder primarias a quien no haga caso de su voluntad. Es una práctica que viene haciendo desde hace años (incluso desde que estaba en el poder), la de condicionar su apoyo, pero, sobre todo, hacer campaña en contra, si otros republicanos no siguen su linea.

No obstante, por el contrario, la coyuntura ha servido para que un grupo numeroso de republicanos marquen con su acción (sin declaraciones estrafalarias) un rumbo que se desmarca del trumpismo y omite con renovada independencia de los chantajes del ex mandatario.

Mitch McConell, líder de la bancada minoritaria republicana, no sólo dio el visto bueno para trabajar en la ley, sino que será uno de sus firmantes. Y, la verdad sea dicha, es mucho lo que han participado: el proyecto original ha sido sustancialmente modificado con la participación republicana.

Por otra parte, el plan de infraestructura es políticamente seguro. Es decir, no se trata de un proyectpo polémico que podría traer escándalos impopulares. Como dice Sahil Kapur, analista político de NBC, "nadie va a hablar mal de esta ley, ni nada que se le parezca". Por lo cual, aún con mayor razó, el ensayo de montar tienda aparte luce todavía más oportuno.

Desde el punto de vista estratégico, McConell no quiere que el proyecto se apruebe sin participación republicana y se convierta en un éxito político exclusivo del gobierno y su bancada.

En cuestión de días podría llevarse a cabo una votación final, en la cual participarán al menos 17 republicanos y para la que hay votos de sobra.

No se trata apenas de una derrota significativa (una más) del trumpismo en el terreno de juego, sino de un hito aún más importante: el regreso de la negociación partidista a los predios de Washington. Una señal de que la antipolítica se inscribe más en las páginas del pasado que en las del presente.

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