Pixar y su equilibro entre originalidad y secuelas

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Photo credit: Pixar
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Lejos ha quedado el tiempo en el que Pixar consideraba las secuelas “una bancarrota creativa”. Esas palabras son de Ed Catmull, cofundador de la compañía, y se pueden leer en su libro ‘Creatividad, S.A.’ publicado en 2014. Menos de 10 años después, el estudio de animación ha estrenado ya nueve secuelas, precuelas o spin-offs, incluyendo ‘Lightyear’, en la que descubrimos los orígenes de Buzz, el Guardián Espacial del que Andy adquiría una figura en ‘Toy Story’.

Nueve películas no originales de un total de 26 equivalen a casi un tercio de su producción de largometrajes. A algunos les parece suficiente para echar las manos al cielo y llorar por la pérdida de la originalidad en Pixar, la productora de animación más venerada y respetada de las últimas décadas (con permiso de Ghibli Studio). Tampoco ayuda que desde 2015 lo que parecía un recorrido infalible e intachable haya empezado a tener algunas manchas como ‘Cars 2’ y ‘Cars 3’ o ‘El viaje de Arlo’, uno de los mayores fracasos tanto creativos como comerciales de su historia, ni que Disney haya decidido tratar todas sus películas durante la pandemia como un producto “menor” que no merecía pasar por las salas.

Pixar vuelve a los cines

Photo credit: Pixar
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‘Lightyear’ es la primera película de Pixar que el estudio del ratón estrena en cines desde ‘Onward’, una película que no encantó precisamente a la crítica. Curiosamente también es la primera producción relacionada con una película anterior desde ‘Toy Story 4’. No puede ser casualidad que Disney prefiriera no arriesgar en la taquilla pandémica con ‘Soul’, ‘Luca’ y ‘Red’, tres propuestas completamente originales que podrían no haber atraído al suficiente público en unos cines aún demasiado vacíos.

La distancia que separa a ‘Lightyear’ de esas tres películas, historias originales sin relación con ninguna propiedad intelectual, es una muestra del equilibrio que Pixar ha tenido que encontrar a lo largo de los últimos casi 30 años. La fricción entre el espíritu arriesgado y renovador de la compañía que le llevó a contar historias como ‘Monstruos S.A.’ o ‘Buscando a Nemo’, siempre haciendo avanzar uno o dos pasos la tecnología digital con cada nueva película, y la necesidad de ser un estudio de Hollywood rentable que explota sus creaciones para generar riqueza.

De odiar las secuelas a tener que hacer secuelas

En 1995, poco después del estreno del primer largometraje de la compañía, ‘Toy Story’, John Lasseter y Steve Jobs tuvieron una reunión que marcaría el futuro de Pixar. El informático, dueño del estudio tras haberlo comprado, pretendía tener algo de control sobre las producciones; Lasseter exigía control total de los cineastas sobre las películas. “No queremos hacer películas prudentes. Queremos seguir traspasando barreras en narrativa y animación”, dijo Lasseter, según cuentan las memorias del exjefe financiero Lawrence Levy. “Tenemos ideas para historias increíbles y originales. Hacer cosas originales es algo muy poco común. Eso es lo que podemos hacer. Y es lo que tenemos que hacer”.

Photo credit: Pixar - Disney
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Nueve años después y con seis películas estrenadas, Pixar fue adquirida por Disney por unos 7.400 millones de dólares. Muchos temieron que la productora perdería libertad creativa y por tanto ese espíritu disruptivo bajo el mandato del estudio del ratón. El estreno de ‘Cars’ unos meses después, una película recibida con peores críticas que por otra parte generó 8.000 millones de dólares en ventas de merchandising, parecía confirmar los peores presagios: Pixar se había convertido en una factoría más de Hollywood, sin alma ni creatividad.

Entre los estrenos de 'Buscando a Nemo' y su secuela 'Buscando a Dory' pasaron 13 años. Según contó el director de ambas Andrew Stanton, en Disney les "animaron" con bastante vehemencia a hacer esa continuación. "Sí hubo una petición educada en Disney", le dijo a Los Angeles Times. "Yo siempre fui en plan: 'No a las secuelas, no a las secuelas'. Pero como vicepresidente tuve que acceder. Las secuelas son parte de lo que necesitamos para seguir a flote".

Con Pixar nunca ha habido una lectura fácil, y no parece que Disney haya hundido su creatividad (como tampoco lo han hecho con Marvel). Después de ‘Cars’ vinieron ‘Ratatouille’, ‘WALL·E’ y ‘Up’, tres de las películas más aplaudidas de la historia del estudio. Historias originales que aunaban calidad con éxito comercial. La siguiente fue uno de los mayores éxitos de Pixar, ‘Toy Story 3’, una secuela que cerraba a la perfección un ciclo narrativo y elevaba los hallazgos de sus dos anteriores entregas a otro nivel.

Originalidad y secuelas, ¿están reñidas?

Photo credit: Pixar
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En realidad, una secuela, precuela o spin-off no son necesariamente películas peores o menos inventivas. Lo demuestran las dos continuaciones de ‘Toy Story’ o ‘Buscando a Dory’, sin duda mejores películas que las originales ‘Onward’ y ‘El viaje de Arlo’. Y el debate sobre la originalidad en las películas de Pixar se extiende también a las propuestas que plantean nuevos universos y personajes: ‘Inside Out (Del revés)’ y ‘Soul’ son películas que aparentan ser novedosas y únicas pero siguen al pie de la letra el esqueleto de otras películas anteriores del estudio.

Internet está lleno de artículos que diseccionan la “fórmula Pixar”, un conjunto de herramientas y esquemas que dan forma a todas las películas del estudio. En realidad no son cosas que no se enseñen en cualquier curso de guion: el protagonista debe tener un objetivo, tiene que haber un obstáculo o antagonista que se lo quiera impedir, ha de emprender un viaje (a menudo, de ida y vuelta) que le enseñe varias lecciones, debilidades que dificulten el camino, el primer acto es crucial para enganchar al público, hay que reescribir y reescribir hasta la extenuación…

Incluso puede haber algo de placentero en ir a ver una película de Pixar y saber que aparecerán varios ingredientes reconocibles. Por una parte, en eso consiste la relación que hemos entablado con el estudio a lo largo de casi 30 años. Es como ir a ver una película de Marvel o una de Blumhouse, marcas que se han establecido también con una mezcla de tradición y transgresión: parece que queremos sorprendernos y a la vez reconocer el terreno que pisamos al ver una nueva película.

La importancia de que 'Lightyear' sea un éxito en taquilla

Photo credit: Pixar
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‘Lightyear’, aunque no está entre las mejores películas de Pixar, representa a la perfección esa mezcla de originalidad y rentabilidad. Sí, es un spin-off, pero el concepto (es la película que vio Andy en 1995, la que le llevó a comprar el muñeco de Buzz) invita a esperar algo muy distinto a ‘Toy Story’. Es una pena que sea una aventura espacial tan canónica y llena de clichés.

Es importante que esta sea un éxito comercial para que Pixar continúe creando obras originales y sorprendentes en el futuro. ’Lightyear’ llega en un momento en el que la pandemia ya no parece afectar a la taquilla de algunas de las superproducciones más comerciales, por lo que debería poder acercarse a las cifras de algunas de las películas más taquilleras de Pixar. Está protagonizada por un personaje que el público conoce y quiere, y se estrena al comienzo del verano, así que tiene casi todo a su favor.

Casi. Lo que no tiene a su favor es la crítica. En este momento cuenta con un 79 % de críticas positivas en Rotten Tomatoes (una cifra demasiado baja para el estándar de Pixar) y una media de 61 sobre 100 en Metacritic (empatada con ‘Onward’, tienen la peor puntuación de la historia del estudio sin contar con las dos secuelas de ‘Cars’). “‘Lightyear’ pretende gustar por lo fácil y ser entretenimiento lo suficientemente bueno. Como tal, lo consigue acercándose más a las películas segundonas de animación de Disney que a la primera línea de Pixar”, dice en su análisis en The New York Times A.O. Scott.

El caso es que una “película menor” de Pixar sigue siendo un placer cinematográfico. Y eso se aplica a este 26º largometraje del estudio. No, no es especialmente original. Esperemos que ‘Elemental’, la próxima película que han anunciado oficialmente, sí lo sea. Y si no, al menos acabamos de ver ‘Red’ (tristemente, solo en Disney+), una de las películas más únicas y originales del Pixar reciente. Algunos estamos dispuestos muy fácilmente a llorar la muerte del Pixar de la Edad de Oro, pero no es tan fácil tachar el trabajo que siguen haciendo. A lo mejor, simplemente nos tienen demasiado consentidos.

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